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Regreso al pasado

Por Enrique Fernández Lópiz

Recuerdo haber visto esta película, Las chicas de la Cruz Roja, por primera vez siendo muy pequeño y junto a mis hermanas mayores. Era verano y fuimos a uno de esos cines al aire libre propios de la época, pues probablemente mis hermanas querían ver a la Velasco y otras bonitas actrices que como ahora diré, interpretan los papeles principales en esta película. Recuerdo que no me pareció mal del todo, o sea, no tan insoportable para mi mente de niño como las películas horribles de Marisol. Luego nos volvimos caminando hasta una alejada casa de campo donde vivíamos, en una noche oscura. Esos y tal vez otros, son recuerdos que tengo de cuando vi esta película por vez primera en una ciudad del sur, la mía.

La historia se desarrolla en el Madrid de los cincuenta, el Día de la Cruz Roja. Paloma, Isabel, Marion y Julia, son cuatro bonitas muchachas de la capital que ataviadas con lindos vestidos piden, hucha en mano, alguna aportación para la insigne institución. Estas jóvenes, de distinta ascendencia social son alabadas por los maduros señores que echan billetes de los grandes en sus blancas alcancías. Además, las cuatro son pretendidas por diferentes jóvenes; ellas buscan el amor de sus vidas y, en definitiva, casarse, que era lo que se llevaba por aquellos entonces. Y sus novios, que no hay que olvidarlos.

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El director Rafael J. Salvia resuelve con solvencia esta película, rodada al estilo americano, con importantes medios técnicos y por supuesto económicos. El objetivo, seguramente dictado desde arriba, era promocionar a la Cruz Roja, que la gente se animara a aportar, y por sobre todo, hacer propaganda de un país al que se presenta generoso y que nada tiene que ver con la “leyenda” de nación pobre y pauperizada. O sea, la imagen de una España próspera, que ya había pasado lo peor de la posguerra, aunque aún vivía en “blanco y negro”; todo ello en un boyante régimen franquista que pretendía abrirse paso al resto del mundo y progresar de la forma que fuera, sobre todo con la ayuda de los norteamericanos, claro. El guión de Pedro Masó y del propio Salvia está bien escrito y trata un relato sencillo, sin mayores pretensiones y absolutamente predecible; una historia sin maldad, amable, sin estridencia, lo cual que en cierto modo se agradece en los tiempos que corren de tanta explosión y cacharrería en el cine. Lo importante es la liviandad de las guapas jóvenes intérpretes, el uso del tecnicolor y, pues, una bonita fotografía de Alejandro Ulloa; y por supuesto una música pegadiza e inocente de Augusto Algueró donde las chicas de la Cruz Roja son las protagonistas.

El reparto es muy llamativo y reluciente. Lo fue para la época y lo es hoy plan nostálgico para ver de muy jovencitos a actrices y actores como Concha Velasco, que entonces tenía 18 años; un Tony Leblanc pletórico con 36; Arturo Fernández elegante, buen mozo y con sus trazas de galán; Jesús Puente, Luis Sánchez Polack (el Tip de Tip y Coll) y más cómicos de la época, amén de algún deportista afamado como el conocido futbolista Ricardo Zamora (el famoso portero de fútbol), así como otros afamados cómicos de nuestro cine. Como chicas de la Cruz Roja: Luz Márquez, Katia Loritz, Manuel Arbó y la joven Conchita Velasco, claro; y acompañan Mabel Karr, Antonio Casal, Pedro Porcel, Adrián Ortega, Milo Quesada, Raúl Cancio, María Isabel Pallares, Ángel Ter, Manuel Gómez Bur, Mercedes Alonso y Jesús Puente. Todos ellos forman parte ya de nuestro imaginario cinematográfico personal y colectivo. Las interpretaciones son todas correctas y agradables. Y aunque destaquen escenas cómicas o graciosas, un humor blanco y sin maldad, para mí lo más importante cuando la he vuelto a ver hace poco, ha sido ese viaje emotivo y de remembranza a través del tiempo.

La película tiene una buena y cuidada puesta en escena con localizaciones “chic” en el hipódromo de la Zarzuela, de glamurosos bailes y orquestas. Además, ver la vestimenta bonita (a mí me gusta) de aquellas chicas de la época, los automóviles, las maneras de trato hacia las mujeres, y en fin, mil pequeños detalles de una cultura que se ha volatilizado ya, que resulta de gran interés social y cultural para entender mejor aquella época. Pero claro, el film presenta una sociedad que distaba mucho de la realidad de entonces.

Ahora, tras ver de nuevo esta película, imagino que en su momento esta cinta representó una especie de bocanada de aire fresquito, una ilusión para tantos españoles corrientes y molientes que empezaba a soñar con dejar atrás los años del hambre, del pan negro de centeno, que aspiraban en comprarse un Seat Seiscientos y vivir una vida más cómoda e incluso alegre. El propio tema central del film (Las chicas de la Cruz Roja, novias de la primavera, la, la…) fue un tema súper popular que sonaba a todas horas en aquel tiempo de radio, y la gente la cantaba como una especie de himno primaveral ante tanta densidad social y política. Aquí podemos ver primero al gran Tip y el resto, ese himno cantado por la Velasco y sus compañeras de Cruz Roja: https://www.youtube.com/watch?v=_212lmqES-Q.

Esta película fue todo un éxito popular y de taquilla, lo cual consiguió por el carácter coral del film y por la presencia de las cuatro guapas y modernas chicas ya mencionadas, y también por el colorido de la fotografía y algunas escenas que aunque cándidas, eran ya algo aperturistas para la época.

En lo que mí toca, la recomiendo, sí, aunque sea sencilla y sin alardes como obra cinematográfica. Pero yo la aconsejo como forma sana nostalgia.

Tráiler aquí: https://www.youtube.com/watch?v=rolwml4NiV8.

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