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Receta para la felicidad

Por Jorge Valle

Diez años después de debutar en la dirección con Love Actually, el británico Richard Curtis estrena otra película aparentemente enmarcada dentro del infravalorado y desgastado género de la comedia romántica. Pero lo que aleja a Una cuestión de tiempo de éstas, con frecuencia, intragables y pastelosas películas, que cada año llegan a nuestras carteleras con el objetivo de provocar lágrimas fáciles y sensibleras en las ñoñas parejas adolescentes, es que aquí la historia de amor no es el foco principal de la película, pues de hecho se resuelve en poco más de un cuarto de hora. Curtis, autor del guión de dos de las comedias británicas más aclamadas (Cuatro bodas y un funeral, Notting Hill), prefiere, afortunadamente, indagar por otros derroteros –las segundas oportunidades, la casi obligaba necesidad de aprovechar nuestro tiempo-, a pesar de seguir manteniendo esa apariencia sencilla y llena de encanto propia del género. Y eso la convierte en una película muy especial.

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La premisa de la que parte la cinta es original y muy atractiva: Tim (Domhnall Gleeson), es un joven que descubre el día de su 21 cumpleaños que puede viajar en el tiempo a momentos anteriores en su vida con tan sólo encerrarse en un cuarto oscuro y apretar con fuerza los puños. Una extraña y útil habilidad que ha heredado de su padre (Bill Nighy) y que comparte con todos los miembros varones de su familia. Ahora que conoce su nueva destreza, Tim tendrá que pensar para qué quiere utilizarla. Y descubre que lo único que le falta en su vida es un ingrediente que a menudo todos buscamos con exasperación, e incluso impaciencia, cuando en realidad es él el que tiene que encontrarnos: el amor. Ingrediente que en la película representa el personaje de Mary (Rachel McAdams), del que Tim se enamorará perdidamente.

Resuelto el enredo amoroso, Tim utilizará sus viajes en el tiempo para reparar errores propios y ajenos, haciendo mejor su vida y la de las personas que le rodean, y convirtiéndose así en una especie de guardián de la felicidad de sus amigos y familiares. Curtis extrae todo el encanto y dulzura de los personajes para reflexionar sobre el paso del tiempo y la caducidad de la vida, sin hacer pesado el discurso filosófico ni empalagosa y mediocre la historia. Su receta para la felicidad nos conmueve y nos hace partícipes de las emociones de Tim, y funciona hasta que el director, que parece poseer una extraña propensión por alargar todo innecesariamente, se empeña en enredarlo todo y hacer complejo lo sencillo. Y ahí es donde Una cuestión de tiempo pierde su magia, basada en la sencillez y la espontaneidad. El interés decae en una media hora que sobra totalmente y que empaña la factura de una cinta pensada para conmover y elevar el ánimo. Pero, con todas sus imperfecciones, esta película nos alegra y nos infunde unas ganas de vivir tremendas, de comernos el mundo y de no perder ni un solo minuto al lado de las personas que más amamos. Es precisamente el carácter finito de la vida lo que la hace tan especial, y entenderlo es imprescindible para alcanzar la felicidad, que no depende, como solemos pensar, de sueños inalcanzables y utopías irrealizables, sino de las cosas más sencillas de la vida y que a menudo más nos cuesta cuidar y preservar: el abrazo sincero de un buen amigo, el amor incondicional por una hermana, el inexplicable e irrompible vínculo entre un padre y un hijo, la fidelidad y mutua protección de los enamorados. Todo está subrayado por una fotografía exquisita y de colores vivos, que alcanza su mayor plenitud en esa bellísima y tremendamente conmovedora escena final en la que el hijo se despide del padre compartiendo uno de los mejores días de la vida de ambos, mientras corretean y juegan por la playa como si el tiempo se hubiese parado y no actuara ya sobre sus vidas. Han conseguido que su amor sea eterno.

Comentarios

  1. A mi me pareció sumamente anodina, no consigue hacer reír ni interesar, y cuando tiene la historia se acerca a territorios interesantes, nos damos una vuelta por el armario y a otra cosa mariposa.

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