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Ráfaga de críticas I

Por Íñigo Bolao Merlo

Este es el primer artículo de una serie que consta, como su propio título indica, no de una sola crítica de una película, sino de tres. En estos artículos titulados “Ráfagas de críticas” no se sigue ningún orden cronológico, ni temático, ni por nacionalidad. Simplemente, las críticas van surgiendo sobre la marcha, aunque se analiza y se critica cada película, independientemente del género, director o época en la que ha sido rodada. De modo que empezamos esta primera ráfaga con tres títulos muy dispares.

A UN SOLO TIRO (EL CAZADOR, Michael Cimino, Estados Unidos, 1978).

A un solo tiro. Todo se decide a un solo tiro en esta película: cada plano, cada secuencia, cada acto… y es un solo tiro cargado de simbolismo. Michael (Robert de Niro) se encuentra preso de los vietcong en un palafito lleno de humedad y con prisioneros de guerra ahogándose en el rio, teniendo enfrente a su amigo Nick (Christopher Walken). Ambos decidieron alistarse en el ejército estadounidense para luchar en la Guerra de Vietnam (1965-1973), dejando atrás su tranquila vida en una pequeña ciudad industrial de Estados Unidos y apartando su afición a la caza y a las juergas con sus ruidosos amigotes. Y aquella guerra marcó un antes y un después en sus vidas… al igual que al resto del país.

https://www.youtube.com/watch?v=DhSBqrEcsB4

Por las mismas fechas en las que Francis Ford Coppola (1939) estaba rodando y editando Apocalypse Now (1979) con muchísimas dificultades, Michael Cimino (1939) rodó la que es considerada como la cinta inauguradora del género de películas sobre la Guerra de Vietnam, El cazador (1978), una de las mejores –y más pesimistas- películas de la historia del cine estadounidense (¿qué no era pesimista en el cine de la década de 1970 después de Vietnam, el caso Watergate y el fin de las ilusiones de los hippies y de los estudiantes de extrema izquierda?).

Esta es la historia de Michael, Nick y Steven (John Savage), quienes deciden alistarse en el ejército para vivir la aventura de Vietnam después de que el último se haya casado. No obstante, y después de haber sobrevivido al cautiverio de los guerrilleros norvietnamitas, el destino de los tres personajes es diferente. Michael vuelve a Estados Unidos, teniendo una visión de su país y de la vida totalmente diferente a la que tenía antes de la guerra, traumatizado en silencio, aunque solo el amor de Linda (Meryl Streep en su primer papel), la prometida de Nick, le calma de la experiencia de Vietnam.

El destino de sus dos compañeros, sin embargo, es más dramático. Steve acaba ingresado en un hospital de veteranos, haciéndose difícil para él regresar a la vida civil y estando herido física y mentalmente. Mientras que Nick ha desaparecido en Vietnam, habiéndose convertido en un jugador de la ruleta rusa en los bajos fondos de Saigón, y habiendo perdido toda memoria de sí mismo, hasta que Michael decide volver allí para salvar su vida.

Estamos ante una película muy pionera, porque hasta El cazador ningún director había tratado el tema de las heridas que había causado la Guerra de Vietnam como había hecho Cimino, que ya había obtenido cierto éxito con la película Un botín de 500.000 dólares (1974). A diferencia de Apocalypse Now, que muestra el horror y la locura de la guerra hasta el corazón de las tinieblas de la misma, o de Platoon (Oliver Stone, 1986), que fue rodada con la intención de que el cineasta mostrase su experiencia en la guerra, El cazador gira en torno al sentimiento de trauma nacional que se creó con el retorno de los veteranos y el fin de ese otro sentimiento, el de orgullo del pueblo estadounidense, que existía desde que los americanos vencieron en la Segunda Guerra Mundial (1939-1945).

Pero aparte del componente sociológico, que esta brillantemente representado en sus arquetípicos protagonistas, la película trata sobre un tema tan antiguo como la Humanidad misma: el duelo entre la vida y la muerte, entre el dejar vivir y el matar, simbolizado en la figura de Michael como el cazador que cree tener el poder de decidir sobre la vida y la muerte de los seres que caza, hasta que la guerra le muestra lo contrario.

De ahí que no nos deje de surgir la misma pregunta: ¿es posible que ese problema desarrollado tras la guerra sea simbólico también de la sociedad norteamericana, que cree poder decidir cuando en realidad no puede? Posiblemente: películas como El cazador,  y otros grandes hitos del cine de los setenta, tienen más de un significado oculto que aparecen cuando se vuelven a ver.

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En general, es una película muy bien rodada y cuidada, inolvidable y tan llena de humor y de tristeza que la hace muy humana y honesta. Aparte de Robert de Niro (1943), que ya empezaba a convertirse en una celebridad, la película supuso el descubrimiento de la ya mencionada Meryl Streep (1949) y de Christopher Walken (1943). Destaca el reparto de actores (entre ellos John Cazale, John Savage o Geroge Dzundza), la fotografía del maestro Vilmos Szigmond, un guión muy sólido y profundo y un buen montaje; por ello, obtuvo cinco premios Óscar: a la Mejor Película, al Mejor Director para Cimino –cuya carrera iría cuesta abajo tras el fiasco de La puerta del cielo (1980)-, Mejor Actor de Reparto para Walken, Mejor Sonido y Mejor Montaje.

Aunque es una lástima que el compositor Stanley Myers (1930-1993) no recibiese ningún premio por la banda sonora, destacando su célebre Cavatina, el tema central de la película, una composición que, por sí sola, es de los mejores regalos que el cine nos ha podido hacer y que expresa muy bien la mezcla entre nostalgia, dolor y alegría de una película, de una guerra y de una gran década en la historia del cine.

https://www.youtube.com/watch?v=sA_qnNrVelc

SURCOS EN EL ASFALTO (SURCOS, José Antonio Nieves Conde, España, 1951).

Vamos ahora a otro lugar muy alejado del Estados Unidos pesimista de los años setenta. Estamos en Madrid, a principios de los años cincuenta. La capital castiza –y España entera- comenzaban a recuperarse de la posguerra, pero aún había abusos, mendicidad y contrabando. El cine español del momento no había reflejado ese ambiente tan mísero; era muy escapista y prefería realizar adaptaciones literarias, españoladas o recreaciones históricas románticas.

Sin embargo, todo cambió en el año 1951. Por influencia del Neorrealismo italiano, aunque con un discurso modificado por el de los valores del régimen de Franco, un cineasta de ideología falangista, José Antonio Nieves Conde (1915-2006), realizó una de las películas más importantes de la historia del cine español. Se trata de Surcos, una película con un guión escrito por el novelista Gonzalo Torrente Ballester y basado en una idea original de Eugenio Montes (originalmente el guión se llamaba Surcos en el asfalto), nominada a la Palma de Oro en Cannes, y que no logró ese premio que tanto lo merecía, porque es un gran fresco de España en un momento importante de la historia contemporánea de nuestro país.

https://www.youtube.com/watch?v=xAYEwz4uFyA

La trama gira en torno a una familia de campesinos, los Pérez, que, huyendo del hambre, el trabajo duro en el campo y los jornales bajos, decide emigrar a Madrid para buscar fortuna y vivir mejor. Los sueños e ilusiones de esta familia eran los sueños de la España rural, cuyos habitantes comenzaron a emigrar a las ciudades españolas y a Europa para lograrlos; sueños e ilusiones que enseguida se truncan, ya que esta familia se encuentra ante un entorno mostrado por Nieves Conde como un lugar en el que abundan la pobreza, el individualismo y el deseo de dominación en un entorno tan asfixiante como el de las corralas o los barrios de chabolas de las afueras.

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A partir de la llegada de la familia a Madrid, surgen distintas tramas. Se encuentra en primer lugar la trama de Pepe, el hijo varón mayor, enamorado de una mujer (María Asquerino) que solo le interesa el dinero que éste le puede proporcionar para vivir como una reina. Para ello, se une a una banda de delincuentes que roban alimentos y productos al servicio del estraperlista del barrio, Don Roque “el “Chamberláin” (Félix Dafauce), aunque Pepe se gana la hostilidad del anterior novio de ésta, “El Mellao”, un hombre primario y violento al que no le gusta que le lleven la contraria.

Junto a ésta, se encuentra también la trama de la hija, Tonia (Marisa de Leza), que sirve como criada de Don Roque hasta que éste descubre que tiene una magnífica voz. Se convierte, gracias al estraperlista, en cantante de copla, pero solo porque “el “Chamberláin” quiere aprovecharse de ella para convertirla en un mero juguete bonito. Otra de las tramas es la del hijo menor, Manolo, que busca trabajo desesperadamente al igual que su padre, a quienes roban y no consiguen adaptarse al ritmo de la ciudad ante las burlas de sus vecinos y ante la vergüenza de la matriarca de la familia, Rosario, temerosa de que su familia no consiga trabajar para no morir de hambre.

https://www.youtube.com/watch?v=OYCLiZZ2oVI

https://www.youtube.com/watch?v=luuqdrcQEuQ

Surcos es una película que ha envejecido bien con el paso del tiempo, notable por su calidad técnica, neorrealista pero cuidada, y por su temática sociológica de la España de mediados de siglo. Uno de los temas en los que se estructura el film es el de los contrastes entre el mundo rural (que apenas aparece, pero que se nota en el modo de pensar de los personajes principales) y el mundo urbano. Tal vez por la mentalidad de Nieves Conde, y del discurso falangista, a los personajes rurales se los presenta como gente noble pero ingenua, que vive todavía según los principios morales del honor y de la honra heredados de sus antepasados.

¿Por qué este ennoblecimiento? Puede que se deba, no solo a la realidad de los emigrantes rurales, sino también debido a que una de las bases ideológicas del Falangismo, o Nacionalsindicalismo, era lo que se denominaba el “elogio de aldea”, es decir: que en España el mundo rural era el lugar en el que residía el espíritu del pueblo español, un espíritu noble que podía vencer al sentimiento de individualismo propio del sistema capitalista que existía en las ciudades, reflejado en los personajes urbanos.

Por ello, tal vez uno de los puntos débiles de Surcos sea el de que se recurre demasiado a la creación de estereotipos por cada personaje. Pero son unos estereotipos que reflejan muy bien la sociedad española del momento. También se aprecia una cierta moralina típica del cine español de la década de 1950. La familia Pérez quiere mejorar su nivel de vida, pero no puede porque la sociedad madrileña, tan individualista e interesada en el dinero, se lo impide de mil y una formas (burlas, robos, agotamiento físico, peleas, maniobras en las sombras perpetradas por Don Roque, que simboliza todo lo malo que había por entonces en España…), de modo que su verdadero sitio, desgraciadamente, es el campo, entre los surcos.

Surcos es, en fin, hija de su tiempo. Nieves Conde nunca renunció a sus ideas políticas, pero esas mismas ideas las utilizó para mostrar los problemas de España, que tanto se habían evitado por mostrar en la gran pantalla. La película sirvió de precedente para un nuevo tipo de cine más conectado con la realidad nacional, al que pronto acabarían participando Luís García Berlanga o Juan Antonio Bardem, uno desde la sátira, y otro desde la denuncia política más explícita por medio del drama urbano. Y lo curioso es que el director, que rodaría más adelante El inquilino (1958), nunca pretendió ir en contra de Franco a pesar de que mostró la realidad nacional con sus contradicciones.

Sin ser consciente, puede que por las circunstancias, Nieves Conde dio un impulso importante al cine español justo en una época en la que las cosas, al menos a nivel económico y social (1951 fue el año en el que comenzó la apertura económica de España y se abandonó el racionamiento), comenzaron a cambiar. Y todo se lo debemos a Surcos.

EL “BUENO” DE BEN (OCURRIÓ CERCA DE SU CASA, Benoit Poelvoorde, Rémy Belvaux y André Bonzel, Bélgica, 1992).

Ahora estamos en Bélgica, a principios de los noventa, en una ciudad que podría ser Lieja, o Charleroi, o Namur, en Valonia. Este país, más conocido por sus mil y una variedades de cerveza, sus gofres y por Las aventuras de Tintín, es también la cuna de varias películas europeas interesantes para los que les gusta cualquier tipo de cine (como los experimentos minimalistas de Chantal Akerman o los dramas sociales de los hermanos Dardenne). Entre ellas destaca un buen ejemplo de largometraje de ficción de humor negro rodado en tono de falso documental: Ocurrió cerca de su casa (1992).

https://www.youtube.com/watch?v=2cdRNql11pc

Rodada en un crudo blanco y negro, y ganadora de los premios a Mejor Película y Mejor Actor en el Festival de Sitges, el largometraje trata sobre Ben, interpretado por el actor y cómico belga Benoit Poelvoorde (1964), un asesino a sueldo que protagoniza un documental rodado por un equipo de televisión. Conocemos su trabajo y vemos que es todo un profesional, un asesino brutal, que no tiene remordimientos y que explica su oficio con toda naturalidad, como si de un panadero se tratase. Pero también descubrimos su vida familiar y social, siendo el “bueno” de Ben, a pesar del desconocimiento de los demás del oficio al que se dedica, un hombre muy querido y apreciado por los suyos.

Sin duda, el personaje protagonista representa la contradicción viviente de cualquier ser humano. Ben es tanto un hombre honesto, amable, cariñoso, con una gran afición al cine y experto en cualquier tema de conversación, mientras que también es completamente violento, obsesivo, racista e inhumano. Pero en la cinta se representan ambas caras de una manera cómica, a veces rozando el surrealismo, de modo que cuando le vemos perpetrar sus crímenes o le oímos hablar es inevitable que, o te caiga bien, o te caiga mal mientras ves la película. Y ahí es donde reside el atractivo de la cinta, porque nos obliga a posicionarnos, o en el lado del Ben malvado, o en el del Ben bondadoso, sin que seamos conscientes de ello.

https://www.youtube.com/watch?v=O0krLrtvrE0

El film, realizado por el propio Poelvoorde junto a dos de sus colaboradores más asiduos, Rémy Belvaux (1966-2006) y André Bonzel (1961), es una cinta que, como el propio Ben, puede gustar o no al espectador. Junto a Ben se encuentra también el equipo de rodaje del documental, cuyo director es Rémy Belvaux –un realizador ansioso por mostrar la verdadera realidad a través de la vida de un asesino, hasta que la realidad, absurda por sí sola, puede con él-, y que pasa también por situaciones tan extrañas como hilarantes: las borracheras con el asesino protagonista, el rodaje directo de los asesinatos con los comentarios absurdamente naturales de quien los perpetra, e incluso se produce la muerte de uno de los miembros del equipo durante el rodaje, aunque el proyecto continúa.

En fin, Ocurrió cerca de su casa es una película, no notable, pero sí interesante, dado que trata sobre un tema típico del cine de la década de los 90: la confusión entre realidad y ficción y cuáles son los límites entre ambas, algo que tratarían muchos otros realizadores de la talla de Michael Haneke (1943) entre otros. En cierto modo, el cine de los noventa nos dice que la realidad ha perdido su realismo por la proliferación de los medios de comunicación y del modo en que éstos la manipulan para mostrar su visión de la “realidad”.

De ahí que la obsesión del realizador de documentales del film sea la de mostrar algo más real que la vida misma, como la vida de un asesino cualquiera. Hasta que se encuentra con que Ben lleva un modo de vida que lo hace inclasificable por completo: es tan real como irreal en este mundo, tiene una imagen pública y otra privada que coexisten sin chocar. Y es que Ocurrió cerca de su casa nos deja con la pregunta el aire: ¿qué es la realidad?

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