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Quiere ser cool, pero resulta fría

Por Enrique Fernández Lópiz

En Ocean´s Eleven, Danny Ocean es un ladrón con caché, con carisma y fama entre los suyos. La historia comienza cuando sale de la cárcel tras una larga condena. Pues bien, a apenas veinticuatro horas de su excarcelación, ya está planeando su próximo robo. Es así que comienza una rueda de conversaciones con colegas del hampa y el robo para llevar a cabo su plan. Este plan consiste en llevar a cabo el mayor de los atracos a casinos de Las Vegas de todos los tiempos. A tal fin se confabula con gente avezada y monta un equipo con once hombres expertos cada uno en un campo particular que atañe al gran robo. El problema surge inesperadamente cuando el dueño de los locales, Terry Benedic, empieza a salir con su ex esposa Tess.

El director Steven Soderbergh maneja bien los hilos de esta película, a la cual le falta en fin, el empuje como para alcanzar notabilidad como obra. Soderbergh, lo que consigue es realizar una película para pasar el ratito, pero sin pretensiones ni ambición. Nada que ver con otras películas de su autoría como su magnífica ópera prima, Sexo, mentiras y cintas de vídeo (1989) ; o su estupenda Traffic de 2000. Hay no obstante en esta película méritos que no se pueden negar. Por ejemplo, diálogos meritorios, como ahora diré, mérito del guión; hay romance, están los guapos de Hollywood del momento y tiene cierta intriga que hace que la cinta se sobrelleve, siempre que se acompañe de palomitas o algo más castizo como un platito de jamón y vino tinto. La realización, basada en muchos primeros planos de los guapos con algún toque impostado, ofrece cierta sensación de cine cartón piedra. Pero pese a la sencillez de la película, Soderbergh logra que el espectador disfrute de manera elegante, rematando con un final esplendoroso en el que incluye la bella melodía de pieza Clair De Lune.

El guión de Ted Griffin es un remake del escrito por Harry Brown y Charles Lederer para el film La cuadrilla de los once, que dirigió con mala fortuna Miles Lewistone en 1960. Esto de superar al original, es ya todo un mérito. El guión de este film es bueno, con ritmo y conversaciones que tienen su peso importante en la trama, que están cargadas de contenido. Concretamente, los diálogos entre Clooney y Pitt cuando hablan en solitario son muy sustanciosos. Además, todo está atravesado por toques de humor que le confieren al guión una entidad relevante.

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La música de David Holmes acompaña a la película de manera fantástica; pocas veces se oirá repetida una canción. Cada pieza concuerda con la escena a la que complementa, dándole más fuerza y notoriedad. La mayor parte es música excitante y alegre, lo cual contribuye al divertimento, pues justo aporta lo que necesita una obra de estas características. Entonces, buen trabajo musical que combina temas famosos como A Little Less Conversation de Elvis Presley o Papa Loves Mambo de Perry, para dotar a la historia de encanto y recreación. También hay entre sus composiciones toques de música retro como Boobytrapping, o aires de Jazz, como el tema creado por Holmes llamado Tess. Está muy acertada la luminosa fotografía del propio Soderbergh.

Esta película cuenta con un reparto estelar, bien organizado y que funciona con buen ritmo, observándose la gran química de complicidad que hay entre Clooney-Pitt, quienes se desempeñan fenomenalmente. Pero también están a la altura Julia Roberts, Matt Damon, Andy Garcia, Casey Affleck, Scott Caan, Elliott Gould, Berbie Mac, Carl Reiner y Don Cheadle; a quienes acompañan con enorme profesionalidad Eddie Jemison, Shaodo Qin, Topher Grace, Joshua Jackson, Holly Marie Combs, Shane West y el mismísimo Steven Soderbergh. Hay que tener en cuenta que en este equipo actoral todos se lucen pero sincronizadamente, lo que hace que los personajes no desafinen ni “chirríen”. Se agradece, ya que no sólo es la bondad sino también que sepan y puedan cumplir bien sus cometidos a su debido tiempo y con buen hacer. La lluvia de estrellas que participan de este film es ya de suyo un valor incuestionable de cara a la taquilla y a atraer al espectador; y no defrauda. No siempre acontece el lujo de reunir tantos buenos actores de actualidad en un solo largometraje. Este mérito, junto con el excelente guión y la estupenda música, son los tres puntales básicos de este film.

La puesta en escena pasará sin pena ni gloria. Y la película parece vista ya con anterioridad, lo cual que no aporta nada al género de robos en casinos, ni en ningún otro lugar.

En 2002 fue nominada a Mejor película extranjera en los Premios Cesar. Poca cosa y casi anecdótica.

McCarthy escribió: Una diversión para todo el mundo, incluido el público […] esta liviana película de atracos no se toma en serio y tampoco espera que el espectador lo haga.” Y efectivamente, es un ejercicio de estilo, como una especie de pompa de jabón evanescente e insustancial con sus toques de amenidad, a lo que ayuda y mucho las solazadas pláticas escritas por Griffin.

Es una película que intenta ser cool, pero que acaba siendo fría. O sea, ya en plan crítico más certero y menos indulgente, esta película no tiene una visión artística original, tampoco está llevada a cabo con un estilo personal. En segundo término, carece del tinte necesario para encarnar cierta transgresión cultural de cara al espectador. En tercer término, tampoco tiene un poder icónico o un reconocimiento visual instantáneo o destacable. Y finalmente, no deja ningún reconocido legado cultural ni original a la temática que aborda. Por estas razones es por lo que digo que pretende ser cool, sin conseguirlo en absoluto.

Y para más señas, resulta ser un poco liosa; bueno, lo es hasta que te das cuenta de que los detalles de la trama son accesorios, interesan poco. Te tienes que limitar a ver lo bien que se lo pasa el glamuroso reparto con sus facetas ingeniosas y estilosas. Punto.

Tráiler aquí: https://www.youtube.com/watch?v=m7lrZK21AX4.

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