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Querido Eddie, ¿nos jugamos tu carácter?

Por Anna Montes Espejo

Clac, clac, clac, que tristes las bolas de billar, así entran y entran y vuelven a entrar. Pero solo caen. Clac, clac, clac el sonido más bello para el desgraciado El buscavidas (Robert Rossen, 1961).

¿Lo habéis oído? “El rápido” Eddie Felson (Paul Newman) se atreve con el Gordo de Minnesota (Jackie Gleason). Pero ¿qué podrá hacer un desmandado y un perdido como Felson, contra la siempre perfecta compostura del Gordo? ¿Basta la ambición, cierto talento y la pura adrenalina del juego, combinada con litros de alcohol y decenas de cigarrillos? Sin duda, no. La inestabilidad nunca es buena consejera, y menos si el encargado de repararla es un proxeneta del juego, primero el simplón Charlie (Myron McCormick), y después Bert (George C. Scott), una tortura.

Sarah (Piper Laurie) se siente vieja, y no se equivoca, lo es. Está herida y quebrada, su ser es irreparable y solo queda el whisky. Una mirada en la cafetería vacía de la estación, a altas horas de la noche es suficiente. Siempre lo es. ¿Qué son Sarah y Eddie? Lo mismo. No obstante, qué alegría íntima es amar y sentirse amado, qué sonrisa más pura provoca el amor.

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Sorprendentemente, Sarah sería la fuerte de la relación. Eddie es un polvorín, para qué hablar de su físico, si tuviera templanza, si supiera ahogar sus demonios -y no en alcohol- podría conseguirlo absolutamente todo. Pero nada le interesa excepto el billar y buscar consuelo para su orgullo en los bajos fondos… ¿No sabías Eddie que bajar al infierno era peligroso para tu ebúrnea apostura y tus torpes estrategias? Suerte que te rescató Bert ¿verdad?

Bert te lo da todo, es decir, dinero y además deja que te lleves a la enteca de tu novia, bah, todo será fácil y si tú confías en Bert…¿Qué más se puede pedir? Magnífica Sarah, tú sabías que Eddie Felson no era ningún perdedor, tú lo conociste, tú lo llegaste a atisbar detrás de sus ademanes de “angry young man”. Los demás tan solo lo manipulaban a su antojo para después tirar el juguete roto. Aunque el dinero es el dinero y no debemos ser sentimentales y mezclar las cosas, Bert ciertamente sabe llevar las cuentas.

Pero Eddie, tú no tienes porqué naufragar… Aún te queda algo para morir tranquilo, ganar al Gordo de Minnesota; o ¿es a ti mismo a quién debes ganar? Igualmente ya no perderás nada.

Qué sabrán esos perdedores, nadie juega como tú, sin embargo… ¿comenzar de nuevo en las garras del billar? Ah, y ahora te quieren ¿no? Ahora se arrastran por ti, querido Eddie, el día llegó, pero a qué precio… La desorbitada cantidad que costaron tu inmadurez, tu inconsciencia y tu miedo.

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Comentarios

  1. Juan Tejado

    Una de mis películas favoritas y de las mejores de Paul Newman como actor. Saludos

  2. Anna Montes Espejo

    Sí, Juan, Newman estaba excepcional en sus comienzos, presentaba una estabilidad tanto emocional, como física, inusitada dentro del mundo de los “angry young men”.

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