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Querer y no poder

Por Enrique Fernández Lópiz

Esta película, El caso Slevin, tiene el don de parecer mejor, de más intriga y suspense, de lo que al final resulta ser. Una historia de venganza con tintes de humor negro que se va desinflando poco a poco. Un “denso-thriller con control de información” como apunta Meroño, cuyo resultado final carece de la elegancia que cabría esperar.

En la historia, al joven Slevin las cosas le van fatal. Su casa es declarada para el derribo, pierde el trabajo y su novia le engaña con otro. Desesperado marcha de Los Angeles a Nueva York, donde un amigo le ha prestado su apartamento para que pase una temporada en él. Pero lo peor aún no ha empezado. Sin saber ni entender cómo, Slevin se ve involucrado en el oscuro mundo de la mafia neoyorquina. Resulta ser que los dos gánsteres más poderosos de la Gran Manzana, El Rabino y El Jefe, los cuales antes eran socios y tenían buena relación, ahora son grandes enemigos. Ellos viven en fortalezas inexpugnables, frente por frente, y hace veinte años que no salen de ellas. El Jefe ha planeado, para vengar la muerte de su hijo, acabar con el hijo de El Rabino. Pero no hay que dejar rastros ni indicios, para evitar que estalle una sangrienta guerra entre los dos clanes. Para ello buscan y encuentran en Slevin, equivocadamente, a un jugador que le debe mucho dinero a El Jefe, para que sea él, a cambio de la condonación de la deuda, quien se encargue del asesinato de La Reinona, hijo de El Rabino. Sin entender bien qué es lo que ocurre y constantemente vigilado, Slevin intenta elaborar una estrategia para escapar en cuanto pueda de la pesadilla en la que está inmerso.

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El irregular director Paul McGuigan hace lo que puede que no es demasiado con este extraño thriller con sorpresa cuyo argumento mantiene el interés del espectador, aunque nunca llega a ser tan inteligente como parece. El guión de Jason Smilovic, que promete una conclusión de escándalo, malgasta la pólvora de su intriga “con un final torpe del tipo ‘explicación para tontos’”, como apunta Mattin. Además, al decir de Ebert: “el argumento es irrelevante y los diálogos demasiado amanerados para ser tomados en serio”. La música de Joshua Ralph es cautivadora y tiene una excelente y moderna fotografía de Peter Sova.

El reparto es de los buenos. Josh Hartnett está muy bien en plan charlatán perspicaz, tal vez el mejor, y mantiene bien el tipo frente a tres ases de la interpretación; Bruce Willis pone la cara y cierto carisma con tinte enigmático, y le sobra; Lucy Liu está muy simpática y mona; Ben Kingsley correcto; Morgan Freeman plan capo actoral lo hace bien; Stanley Tucci me gusta; y acompañan en el mismo nivel de profesionalidad Myketti Williamson, Danny Aiello y Robert Foster.

Entre premios y nominaciones en 2006 tiene: Asociación de Directores de Canadá: Nominada Mejor Edición de Sonido. Festival Internacional de Milán: 4 premios, incluyendo Película, Director y Actor (Hartnett). Editores de Sonido de EEUU: 2 nominaciones.

Realmente no hay que negar que la película esté realizada con una impecable técnica, gran diseño y ambientación, e incluso que resulte. Como escribe Ocaña: “Entretenida, lujosa en cuanto al reparto y por momentos chispeante.” Pero ese laberinto que presuntamente nos pone por delante, deviene absurdo y para colmo, pierde el sentido del humor a cada paso que avanza.

Película para un público poco exigente, para espectadores que se dejen perder en el aparentemente ingenioso laberinto-artificio, y que no reparen en que todo el film, desde el encadenamiento de confusiones, pasando por la cuestionable sucesión de diálogos rebuscados, cada indicio falso o cada ángulo de cámara, son tomados, no inspirados sino tomados, de películas vistas con anterioridad.

En resolución, película con aspiración a buena, que acaba no siéndolo porque abusa de los giros argumentales, lo cual que acaba mareando y haciendo que pierdas el interés que prometía al principio. Y un argumento bastante artificioso para lo que se prevé, incluso la película, al final, se toma demasiado en serio a sí misma.

Flagrante caso de “quiero y no puedo“. Aunque si tu nivel de candidez es alto, igual te gusta.

Tráiler aquí: https://www.youtube.com/watch?v=fVIUEcizkPc.

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