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Que linda (y letal) parejita

Por Íñigo Bolao

-Bonnie: ¿Qué se siente?
-Clyde: ¿El qué, estar en prisión?
-Bonnie: No. Robar con un arma.

Frenética, entretenida y muy poco convencional para los gustos del público estadounidense de los años sesenta. Warner Bros., el estudio cinematográfico de Hollywood que tenía la fama de ser el más duro y realista de los existentes en el panorama nacional, rescató con Bonnie y Clyde (1967) el género de gángsteres, en el que estuvo especializado durante las décadas de 1930 y 1940. Pero lo actualizó recogiendo las influencias cinematográficas del país que más estaba en boga en aquel terreno: Francia con la Nouvelle Vague. Y si a ello le añadimos el hecho de que había una juventud que soñaba con un mundo distinto (es decir, los hippies) y que veía un cine diferente al de las grandes superproducciones ambientadas en la Antigua Roma o sobre la Biblia en color y en Cinemascope, tenemos este resultado:

https://www.youtube.com/watch?v=kOXRahteYxk

En Texas, en tiempos de la Gran Depresión de principios de los años treinta, Bonnie Parker (Faye Dunaway) es una joven camarera que vive desilusionada con la vida que lleva en un entorno con poca acción y muy deprimente. Hasta que, recién salido de la cárcel tras cortarse dos dedos del pie con un hacha por no querer hacer trabajos forzados, aparece Clyde Barrow (Warren Beatty), un delincuente de poca monta que, intentando robar el coche de la madre de Bonnie, es descubierto por esta joven mujer rubia de la que Clyde se enamora de inmediato, y ella de él.

A Bonnie le llama mucho la atención la vida de Clyde: atracar tiendas y bancos con total libertad y con un arma en las manos, conduciendo coches veloces y sin que la policía te atrape. No parece muy inteligente vivir de esa manera, pero Bonnie necesita de esa libertad y de esa acción que tanto le faltan, y que solo Clyde le puede proporcionar. Así comienza el mito de Bonnie y Clyde, quienes, entre 1931 y 1934 realizaron una serie de atracos a tiendas y bancos que les acabaron convirtiendo en un mito en todo el país, equiparables a Robin Hood, tan odiados por unos como admirados por otros.

En una primera instancia, y si algún lector conoce bien la América de los sesenta o el cine de aquel momento, se encontrará con que los personajes de Beatty y Dunaway son la representación de los anhelos de la juventud americana de aquellos tiempos: no querían vivir siendo unos conformistas como sus padres, sino de manera alternativa en un mundo nuevo, deprisa para morir joven.

Pero también son la versión de los años treinta de otra pareja de cine que hizo historia y que también representaba algo para millones de personas: Jean Paul Belmondo y Jean Seberg en Al final de la escapada (1960), de Jean-Luc Godard (1930). Tanto en Bonnie como en Clyde hay algo, respectivamente, de la falsa ingenuidad de Patricia Franchini y de la actitud chulesca y gamberra de Michel Poiccard, pero con ese toque tejano de dureza en su psicología.

bonniey-clyde2

El director de la película, Arthur Penn (1922-2010,) y el productor, el propio Warren Beatty (1937), tuvieron en cuenta esta película, y otros títulos del cine francés del momento, para hacer su propia versión de la historia de la pareja de atracadores. Tanta fuerza tuvo la Nouvelle Vague en el nuevo Hollywood que estaba surgiendo que Beatty pensó en encargar la dirección de la película a François Truffaut (1932-1984), que quería rodarla en blanco y negro, pero finalmente se optó por Penn, antiguo realizador de televisión y que tuvo mucho éxito con el film La jauría humana (1966) antes de que se le encargara el proyecto.

Pero volvamos al film. Conforme la leyenda de Bonnie y Clyde se acrecienta por momentos, la banda Barrow crece con las incorporaciones: de un joven mecánico sin muchas luces, C.W. Moss (Michael J. Pollard); el hermano de Clyde, Buck Barrow (Gene Hackman en sus comienzos como actor de carácter); y la esposa de éste, la conservadora e histriónica Blanche (Estelle Parsons), quien recibió el Óscar a la Mejor Actriz Secundaria por su trabajo de la mujer que también acaba seduciéndole la vida de atracos y persecuciones por doquier.

La situación se va complicando por momentos para la linda (y letal) parejita de atracadores. No solo aumenta el número de enemigos conforme sus atracos son más numerosos y más violentos (llegando a haber tiroteos y asesinatos de agentes de policía y de civiles por accidente), sino que también la vida que llevan Bonnie y Clyde supone, o bien la cárcel, o bien la muerte y, según en qué estado del país se encuentren, ambas vienen dadas una tras otra. De repente, la utopía con la que soñaban los dos protagonistas, y con la que soñaban millones de jóvenes americanos, se vuelve irrealizable o bien puede conducir a un final poco agradable. No hay vuelta atrás: están condenados desde el principio. Huir solo puede conducir a algo peor.

https://www.youtube.com/watch?v=360M8ffTM_g

Estamos ante una película convertida con el paso del tiempo en todo un clásico. Con un buen guión, la película alterna los momentos cómicos con los dramáticos y la acción, acompañada por momentos del famoso tema de country Foggy Mountain Breakdown de los músicos Lester Flatt y Earl Scruggs, y reforzada gracias a un montaje espléndido, atrapa constantemente al espectador. Destaca también la bella fotografía de Burnett Guffey, merecedora de un Óscar a la Mejor Dirección de Fotografía.

En cuanto a la interpretación de los actores, tanto Warren Beatty como Faye Dunaway, y los principales secundarios, hicieron un buen trabajo en la película, sobre todo porque, a diferencia de grandes veteranos como John Wayne o James Stewart, estudiaron con el famoso profesor Lee Strasberg (1901-1982) en la escuela Actors Studio de Nueva York, donde aprendieron a interpretar sus personajes según el “Método” introducido por Stanislavski, por el que los actores debían investigar a sus personajes hasta tal punto que actuaran según como ellos lo harían, dejándose llevar por el personaje.

En fin, Bonnie y Clyde, surgida en un momento en que los estudios cinematográficos necesitaban atraer a los espectadores a los cines, aunque renunciando a las premisas en las que se fundamentaba Hollywood desde la década de 1910, se convirtió en un símbolo para una generación. Nunca se había llegado a tal grado de violencia en una película aunque, en comparación con las cintas de Quentin Tarantino (1963), lo que vemos es algo muy inocente desde nuestra perspectiva.

De todos modos, la principal virtud del film es la de su carácter pionero en el sentido de que: rescató un género que se pensaba que estaba pasado de moda; en la ya mencionada muestra de la violencia; y en la visión de las relaciones de pareja y familiares. La Bonnie Parker de la película es una mujer que rompe con el esquema de la mujer tradicional, conservadora y hogareña. Mientras que la relación sexual entre ella y Clyde Barrow está marcada por el carácter juvenil de ambos personajes: hay un deseo oculto que cuesta sacar a la luz por su forma de ser.

Incluso la banda Barrow es representada como el ideal de la familia alternativa que propugnaban los hippies durante la época, pero abocado al fracaso por la dureza de la omnipresente realidad de la Depresión y de la presencia de la Ley. ¿Qué sería, o quiénes son, más inhumanos: quienes incumplen la ley o quienes la ejercen? ¿Unos jóvenes confusos que desean salir del estado de cosas en el que se encuentran por otros medios, o las inflexibles autoridades del país? Lo que hace de Bonnie y Clyde tan buena es que plantea más preguntas que respuestas, y esa sería una constante que se mantendría en el cine contemporáneo hasta nuestros días.

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