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Policial con médula social: excelente

Por Enrique Fernández Lópiz

Bruno Davert es un alto ejecutivo en una fábrica de papel. Debido a regulaciones de empleo Y reestructuraciones es despedido de un día para otro junto con cientos de empleados. En principio confía en sus propias posibilidades para encontrar pronto un puesto de trabajo equivalente. Pero después de tres años sin trabajo, sólo piensa en sobrevivir y garantizar el futuro de su familia. Para ello, armado con una antigua pistola de su padre decide ponerse en acción y aniquilar a sus posibles contrincantes en el sector. E igualmente se dispone a asaltar la Corporación Arcadia, el último obstáculo entre él y el puesto de trabajo que anhela.

Arcadia es un film eminentemente social que, no obstante, toma sus claves del cine negro y de suspense. La historia refiere una sarcástica trama de peripecia criminal, donde su protagonista se ve tanto en la necesidad como incluso en el derecho a eliminar a sus competidores para mejorar su posición en el ranking, de cara a obtener un trabajo en la industria papelera.

Y la película habla de la actitud despiadada de las multinacionales que prefieren desplazarse a los países del este para producir con salarios más reducidos, de los despidos masivos, de la sociedad capitalista a ultranza y despiadada, de la sociedad de la exclusión, del inmisericorde juego de los poderosos, etc. A partir de de este panorama, la lucha entre candidatos a trabajar se torna encarnizada y lo importante es no perder la capacidad de consumo, de estatus, de poder, de ganar dinero, etc.

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Para explicar esta realidad de nuestros días, Constantin Costa-Gavras recurre a un guión escrito por el propio Costa-Gavras, junto a Jean-Claude Grumberg, adaptación de la novela del escritor y guionista estadounidense Donald Edwin Westlake, The Ax de 1997 sobre un ejecutivo víctima de una reducción de plantilla que se transforma en un asesino. Y al modo de la exitosa novela de Westlake, Gavras propone, una historia que puede resultar excesiva y que lo es, pero que en su germen lleva la realidad de lo que acontece en nuestras sociedades mercantiles y deshumanizadas, con su pizca de sarcasmo, algo un tanto novedoso en Gavras.

Podría decirse que esta comedia, como todas, es lo más serio del mundo si sabemos analizar sus contenidos, leer entre líneas y revelar las invectivas que albergan en su trasfondo. Y en este film no puede eludirse el mensaje anticapitalista, de ese capitalismo enfermo y enfermante; ni el reproche de la actitud de los mismos trabajadores, que critican a sus superiores, pero no pueden evitar anhelar a sus puestos dejándose vencer por la presión social. Como apunta Torreiro: Una obsesiva, a menudo hiriente, pero casi siempre sarcástica peripecia criminal que toma del cine negro sus claves [...] A veces es un poco obvia, en otras obtusa [...] pero se ve sin dificultades.”

La música de Armand Amar es muy buena e igual ocurre con la fotografía de Patrick Blossier. Las interpretaciones son igualmente excelentes, destacando José García (una especie de esa especie de híbrido entre Jack Lemmon y Alfredo Landa que interpreta a la perfección al asesino social que es), Karin Viard (magnífico), Olivier Gourmet (estupendo) y Ulrich Tukur (chapó), a quienes acompañan de manera más que convincente Geordy Monfils, Christa Theret, Yvon Back, Thierry Hancisse y Olga Grumberg.

En 2005 en los Premios Cesar fue nominada por dos veces: mejor actor y mejor guión.

En resolución, Costa-Gavras dirige excepcionalmente esta cinta y le acompaña un sembrado José García, que borda su papel. Magnífico guión y, en suma, un excelente film con apariencia policial y médula social. Película que recomiendo a todo el que tenga un poco de conciencia social… y buen sentido del humor.

Tráiler: https://www.youtube.com/watch?v=qgG4YhEEhuE.

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