Image Image Image Image Image Image Image Image Image

Poesía y amor en TV

Por Enrique Fernandez Lópiz

El gran poeta modernista Rubén Darío no es un personaje habitual en la cinematografía, menos aún en lo que atañe a su intimidad ni a sus amoríos. Como señala Llamas, el director del telefilm, “era una persona que quería, odiaba, deseaba, respetaba…”. En mi caso, que amo la poesía y gusto de leerla dosificadamente, que es como hay que leer poesía, Darío fue un grande de lírica; bien es verdad que su estilo no es el más preciado por mí. Como es sabido fue el padre del ‘modernismo’ literario en lengua española. Pero aunque el modernismo no sea lo mío, no por eso dejo de admirar su bella producción con poemas deliciosos como: “Margarita, está linda la mar/…”; “Juventud divino tesoro/…”; “Amar, amar, amar, amar siempre, con todo/…”.

El asunto es que yo apenas conocía nada de la vida de Rubén Darío y como apunta su protagonista, el actor extremeño Daniel Holguín: “Más allá del artista hay una vida y unas circunstancias”. En esta película La princesa Paca, estrenada en TVE este 13/04/17, se narra la vida del poeta, su amor por Francisca y también su obra, sobre todo el poemario Azul. Se puede decir con Holguín: “Quien conozca a Rubén Darío, le lea y vea la película se dará cuenta de por qué esa ligereza y cómo rompió con lo establecido. Tenía mucho que ver con la inquietud y la falta de ajuste que tenía con él mismo. Era un hombre muy atormentado pero muy sensible, posiblemente como consecuencia de una característica nazca la otra“. Efectivamente, de la ternura y del espíritu esteta de Darío, deriva su existencia, su amor y sobre todo su depurada lírica.

Esta película son los años finales del poeta con su gran amor. Comienza la cinta cuando pasea en 1898 con Valle-Inclán por la Casa de Campo de Madrid y queda prendado (y enamorado) de una muchacha que está ayudando a su padre, a la sazón jardinero del rey Alfonso XIII. Se trata de Francisca Sánchez del Pozo, “Paca”, una bonita joven, humilde y analfabeta. Era un momento en que Darío estaba en lo más alto de su carrera como poeta, pero también como diplomático y periodista. Con relación a Paca, como declara Holguín, tiene una relación atormentada, con la muerte de la primera hija de ambos, a la que el poeta no ve nacer porque se encuentra en París. Una relación muy pasional, con claroscuros, con “la historia de una mujer libre en una España gris oscura donde imperaba una sociedad muy conservadora y enclaustrada”. Aunque finalmente acaba triunfando el amor ante tanta adversidad. Además, como apunta Llamas, Paca era una “mujer que a pesar de su sencillez y falta de cultura inicial, es capaz de apreciar la belleza de la poesía de Rubén Darío”.

El Príncipe de las Letras nicaragüense Rubén Darío está legalmente casado en su país de origen, con la pérfida y malévola Rosario Murillo, que le hará la vida imposible, más aún por cuanto no existía en Nicaragua, salvo al final de su vida, Ley de divorcio. Ello no impide que la pareja se enfrente a la moral y a los convencionalismos, dé un paso adelante y se unan para vivir una historia de amor intensa, ya estando Darío en el ocaso de su vida y alcoholizado. Paca, que aprendió a leer de manos de la poesía de su amante, descubrirá junto a Darío la intelectualidad madrileña y el París de la época. Además, la amistad que Paca entabla con escritores y escritoras como la Pardo Bazán, no sólo hace que se introduzca en lo más granado y laureado de las letras hispanoamericanas, sino que incluso llegó a convertirse en una genuina feminista en un tiempo en que estas ideas no eran comunes.

la-princesa-paca-2

La historia que se cuenta en esta película comienza en 1956, cuando Francisca Sánchez estaba casada con José Villacastín, y ya al final de su vida la visitan en su Navalsaúz natal, al sur de la provincia de Ávila, dos escritores, Antonio Oliver y Carmen Conde, que la convencen para que saque a la luz recuerdos de Darío que Paca guardaba en un baúl, pues, como le dijeron, era una forma de conocer fidedignamente y en profundidad, pasajes y aspectos relevadores de la vida del egregio poeta. Al principio Paca se niega, pero luego acepta y rememora su amor. Y según declaraciones provenientes de la Corporación RTVE, la historia se dio a conocer en 2014 con la publicación de la obra La Princesa Paca, escrita por la periodista Rosa Villacastín, nieta de la jardinera Francisca Sánchez, y por su pareja, el escritor Manuel Francisca Reina. Todo ello, producto del rescate de las cartas y documentos de su abuela. Es esta novela la que ha dado lugar a esta TV movie homónima. Es el propio Llamas, junto a Javier Pascual, los encargados de adaptar a la pantalla esta novela-historia, resultando un interesante libreto que desvela aspectos sugestivos del gran poeta, de su vida y sobre todo, su relación de amor con “Paca”. O sea, la cosa es así: de recuerdo familiar a novela, para concluir en película para la televisión.

Por cierto, estos objetos, documentos y cartas del poeta y su entorno que Francisca conservó, actualmente se exhiben en la biblioteca de la Universidad Complutense de Madrid. Si bien su nieta, Rosa Villacastín guarda algunos objetos, como un mantón de Manila que le había regalado nada menos que Manuel Machado, a su abuela.

El director Joaquín Llamas, con la novela de fondo, ha llevado a cabo un excelente trabajo, dando voz al sentimiento romántico de Paca. Como dice Llamas, la intención “no era tanto reflejar la novela, sino el personaje”.

Me ha gustado la música de Pablo Salinas, e igual la excelente fotografía de Tommie Ferreras. La puesta en escena es espléndida, como Llamas dice, no sin humor: “Rubén tenía la mala costumbre de viajar […] Hemos tenido que recrear el Madrid de la época, París, Nicaragua… Hay mucho trabajo de atrezo para tapar todos los anacronismos de las calles [desde semáforos hasta bolardos]“.

Irene Escolar y Daniel Holguín encabezan el reparto con sendos trabajos meritorios en los papeles de Paca y Darío respectivamente; ambos realizan interpretaciones creíbles y muy correctas en roles complejos, pues si difícil es la psicología de Darío, no menos complicado es el personaje de Paca, una mujer con muchas aristas, dada la gran evolución que experimentó en un breve lapso de tiempo. El reparto cuenta también con actrices y actores de nivel aunque no muy conocidos como Ana Wagener, que interpreta a la escritora Emilia Pardo-Bazán de manera excelente; Israel Elejalde, muy bien como el joven Valle-Inclán; Petra Martínez, estupenda como Francisca; bien Luisa Martín como Juana; y acompañando, Alejandro Albarracín, Harlys Becerra, la cubana Miriel Cejas (como la mala Rosario Murillo), Eva Martín, María Mercado, Darío Paso, Fernando Soto y José Luis Torrijo, todos bien y conjuntados.

Darío y Paca, una mujer humilde como tantas mujeres nacidas en el siglo XIX, iletrada y luego partícipe de reuniones literarias. Al inicio, su mundo era el de las labores domésticas. Pero esta enérgica mujer tenía una personalidad desbordante, una inteligencia natural y además era muy atractiva y magnética, al punto de enamorar perdidamente a Darío, el número uno de aquellos irrepetibles escritores hispanos donde figuraban además aristócratas del pensamiento y la literatura como Emilia Pardo Bazán, los hermanos Machado, Ramón María del Valle Inclán, Jacinto Benavente, Francisco Villaespesa o don Pío Baroja que estaban encantados de tenerla en su grupo. Prueba de ello es el fenómeno que se observa al final del film, cuando estos genios están reunidos en un acto para recordar la memoria de Darío recién fallecido y ella, de luto, entra en el salón recibiendo un cerrado aplauso de aquella selecta concurrencia. Todos habían acogido a Paca como una más del grupo, y no dudaron en elogiar su talento, su capacidad de superación, su carisma para ser la musa del gran Darío (recuerdo la escena en que ella baila desnuda para que él se inspire y que escriba un importante discurso); en fin, Paca, la Princesa Paca, compañera inseparable del Príncipe de las Letras. Una feminista sin saberlo, una adelantada a su tiempo, una mujer que se hizo a sí misma.

A mí me ha gustado bastante y me ha aclarado y descubierto a un Darío que desconocía en su vida romántica, y sobre todo su amor intenso hacia la protagonista, de lo cual tampoco tenía noticia. Amén de que los aspectos técnicos de la cinta me han parecido más que aceptables, así como la dirección y el equipo actoral. Pero sobre todo, que haya salido a la luz este capítulo romántico de un grande de la literatura en español y su amada: Rubén Darío y la “princesa Paca.

En honor a la verdad, mi indagación me ha permitido descubrir que Darío abandonó a su esposa e hijos (cuatro, aunque tres murieron muy pronto) al final de su vida, llegando Paca a verse en un estado misérrimo (cierto es que el poeta estaba muy enfermo y alcoholizado). Pero las circunstancias quisieron que Francisca contrajera matrimonio con José Villacastín, un hombre culto y acaudalado que con su fortuna recopiló la obra de Darío que estaba dispersa por el mundo; finalmente entregaría a su amigo editor Aguilar dicha compilación. Curioso. Esta es la verdad. Pero como todos sabemos, el cine encierra siempre una parte de verdad y otra de ficción.

Me permito al final de estos comentarios, transcribir dos poemas que expresamente Darío escribió a su amada Francisca (“Paca”), pues que nadie va a negar que ella fue el gran amor del poeta.

Tráiler: https://www.youtube.com/watch?v=f3EOlXMwk44.

A Francisca

Ajena al dolo y al sentir artero,
llena de la ilusión que da la fe,
lazarillo de Dios en mi sendero,
Francisca Sánchez, acompáñame…

En mi pensar de duelo y de martirio
casi inconsciente me pusiste miel,
multiplicaste pétalos de lirio
y refrescaste la hoja de laurel.

Ser cuidadosa del dolor supiste
y elevarte al amor sin comprender;
enciendes luz en las horas del triste,
pones pasión donde no puede haber.

Seguramente Dios te ha conducido
para regar el árbol de mi fe,
hacia la fuente de noche y de olvido,
Francisca Sánchez, acompáñame…

 

Francisca, sé suave…

Francisca, sé suave,
es tu dulce deber;
sé para mí un ave
que fuera una mujer.

Francisca, sé una flor
y mi vida perfuma,
hecha toda de amor
y de dolor y espuma.

Francisca, sé un ungüento
como mi pensamiento;
Francisca, sé una flor
cual mi sutil amor;
Francisca, sé mujer,
como se debe ser…

Saber amar y sentir
y admirar como rezar…
y la ciencia del vivir
y la virtud de esperar.

Rubén Darío (1867-1916)

It's only fair to share...Share on Facebook0Tweet about this on Twitter0Share on Google+0Share on LinkedIn0Email this to someone

Escribe un comentario