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Poco queda de las criaturas de Escobar, pero cumple

Por Manuel G. Mata

Nunca he sido muy fan de Zipi y Zape, siempre he preferido a Mortadelo y Filemón o a Super López, por ejemplo, pero como buen lector del ya desaparecido Gente menuda tengo que reconocer que seguía las aventuras de estos pequeños gamberretes. No me apetecía ver la película, pero como sí querían verlas mis sobrinos, y ando obsesionado con inculcarles el amor por el cine patrio, me aventuré con ellos a formar parte de El club de la canica y, la verdad, es que no salí del todo defraudado.

Trabajar con niños es complicado, y tengo que decir que el trabajo con los actores me ha parecido flojo flojo, no sólo por los niños, nadie se salva del elenco salvo la prometedora Claudia Vega. Tras sorprendernos a todos con Eva, de Kike Maíllo, nos vuelve a regalar una muy buena interpretación. Con sólo catorce años esta chica promete, es un diamante en bruto. Salvo Vega, el resto del reparto parece conformarse con decir bien sus frases delante de la cámara.

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No podemos olvidar que esta producción está destinada, más que para los nostálgicos fans de Escobar, para los niños, por lo que el guión y la historia no dan mucho lugar para sorpresas. Algunas hay, no digo yo que no, que además se agradecen porque le dan cierto dinamismo y vidilla a la película por lo que, a pesar de estar viendo una historia previsible, se cuenta de una manera entretenida, lo cual tiene mucho mérito, ya que así el público adulto sale de la sala, al menos, contento de no haberse tragado un bodrio.

Me ha parecido un buen detalle meter de una manera muy ligera y sutil la entrañable “historia de amor” entre Claudia y los hermanos, pues al fin y al cabo, la infancia parece terminar cuando la testosterona entra en acción, todo un guiño al final de la niñez bastante agradable (al menos eso he interpretado yo).

Una película entretenida, que puede hacer que los más pequeños le cojan cariño al cine español, y que saneará la recaudación global de nuestras películas gracias a los bolsillos de padres que crecieron con las aventuras de estos traviesos hermanos, lo cual se agradece.

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