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¿Piel o Terciopelo?

Por Diego Bordonau

ENCONTRADAS

Hay películas que con el paso del tiempo pierden fuerza e interés, el que en su día despertaron con admiración y que con los años, terminan por parecer, en ocasiones, ciertamente ridículas o simplemente que pase todo lo contrario, que aquellas que en su día parecían bochornosas y desencantaban a fieles seguidores del director y su estilo, terminen hoy, tras un nuevo visionado, superándola con creces y desbancándola de su puesto de honor.

En este sentido, Terciopelo Azul (1986) y Corazón Salvaje (1990) son deudoras del estilo marcado de su director, el admirado David Lynch, pero el tiempo no ha sabido respetarla de igual forma. En las dos está presente el universo Lynch plagado de excéntricas situaciones con personajes variopintos, ofreciéndonos una extensa galería de “Freaks” que van desde lisiados y enfermos crónicos hasta insectos y toda clase de bichos raros en general, mezclado con matones descerebrados repletos de fobias y filias por igual. Así pues, podríamos decir que con el embiste del tiempo, el Terciopelo (Azul) termina por apolillarse y no logra salir victorioso, al contrario que la Piel (de Serpiente) que aguanta y resiste con incluso más frescura y estilo que su día resultó.

En cuestión de premios, también saldría ganando ya que una fue Palma de Oro en el prestigioso Festival de Cannes mientras que la otra se tuvo que conformar solo con la nominación como director a los Oscar, que no es poco. Las dos son obras de culto, aunque esto no es una particularidad puesto que toda su filmografía y él en si lo son, aunque parece ser que el gran público se decanta más por el nostálgico drama Neo-Noir que por la delirante Road Movie que 20 años después consigue decantar la balanza del lado del Juego Perverso en clara alusión a la melodía de Chris Isaak, que la acompaña.

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De elogio, de la primera son, Dorothy Vallens, la enigmática cantante y su no menos famoso tema Blue Velvet que da titulo al film, una Isabella Rossellini, hija de dos grandes del Cine y por aquel entonces pareja sentimental del director, también lo es un Dennis Hopper interpretando al sádico Frank Boothaun, algo forzado y hasta los topes de éter, logrando ser de lo más desconcertante, para finalmente terminar esta delirante composición un genial y breve Dean Stockwell interpretando la insuperable canción del gran Roy Orbison In Dreams, tan inocente su letra en manos del genio de Lynch resulta ciertamente perturbadora:

“Un dulce payasito de colores llamado Sandman, entra de puntillas en mi habitación cada noche, para rociarme polvo de estrellas y susurrarme, duerme, que todo está bien…”.

Los planos iniciales en el jardín son antológicos, sus primerísimos planos cargados de referentes surrealistas, encierran tras ellos algo desconcertante y misterioso, al igual que todo su universo. El resto, perfectamente olvidable, la anodina y aniñada interpretación de Kyle MacLachlan apoyado por una repelente adolescente Laura  Dern en una  historia que, si bien en Lynch es lo que menos importa, resulta con el tiempo, vacua y simplona, mucho más enrevesada y cargada de implícitas connotaciones de todo tipo en ese frenético viaje en el que se adentran los personajes, con clarísimas referencias traumáticas, aderezadas por las magníficas alusiones al Mago de Oz y al Rey del Rock, el gran Elvis Presley, que todavía la hacen más inquietante, siempre perseguidos, estos personajes, Sailor y Lula, por la desquiciada y ninfómana madre. Madre en la pantalla y en la vida real de Dern, la estupenda Diane Ladd por la que conseguiría así lo que es su segunda nominación como secundaria, de un total de tres. A destacar también, la breve aparición de lo más estrambótica de la no tan bella Rossellini y un magnífico y asqueroso criminal Bobby Perú, interpretado por el siempre correcto Willem Dafoe, hacen de este conjunto una experiencia indescriptible.

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Bien seguro que este escrito hará saltar algunas alarmas en muchos cinéfilos de pro, llegando a provocar un pequeño cisma pero es de obligado revisionado e inevitable la comparación, siendo las dos grandes obras pero como toda obra de arte, el tiempo no ha sabido conservar y mantener por igual, desgastando una y revalorizando la otra. Aunque para éste que habla su mejor Obra llegará, con su tercera y última nominación como director, en 2001 con la insuperable Mulholland Drive, siendo la cumbre de su carrera, aunque para muchos será justo al revés.

Finalizando ya, con dos hitos de la música, la célebre In Dreams de Orbison y Wicked Game de Isaak que curiosamente en el film sólo se escucha la melodía sin su voz pero que indiscutiblemente va ligado este tema a la película. Difícil elección…

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