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Philomena, el cine y la bondad

Por Enrique Fernández Lópiz

Este film cuenta un hecho real ocurrido en la pobre Irlanda de los años cincuenta a Philomena Lee, una mujer irlandesa que, tras quedarse embarazada cuando era una adolescente, se vio obligada a dar a su hijo en adopción. Después se dedicó a buscarlo durante cincuenta años. Este aspecto, interesante en sí, no es nada nuevo para nuestra reciente historia española, razón por la que la película pudiera tener un plus de interés en nuestra sociedad y en nuestro contexto donde también se han vendido bebés o niños, sobre todo de jóvenes madre solteras que no sabían qué hacer ni cómo desenvolverse en esta comprometida situación.

Hecha esta breve introducción, paso a analizar algunos aspectos técnicos del film. Creo que Philomena es una buena película, aunque por lo que había leído sobre ella, tal vez un tanto sobredimensionada. Puro melodrama, no pierde sin embargo la compostura, como ahora diré.

Por ejemplo, en cuanto a nominaciones y galardones creo que se exagera un poco la nota. Veamos qué ocurrió con Philomena en 2013: Oscar: 4 nominaciones: película, actriz (Dench), guión adaptado y BSO; Globos de Oro: 3 nominaciones, incluyendo mejor película; Premios BAFTA: mejor guión adaptado. 4 nominaciones; Festival de Venecia: mejor guión y Premio SIGNIS; Festival de Toronto: finalista al premio del público (mejor película); Satellite Awards: 4 nominaciones, incluyendo mejor película y actriz (Dench). Como digo, creo que este currículo está un poco abultado por razones que se me escapan, empero hay que tenerlo en consideración obviamente.

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Esto que digo no obsta para que nos encontremos al entrar en la sala con una cinta cargada de emoción y conmoción, pero sin llegar al arrebato o la extralimitación. De ello se encarga una excelente dirección del británico Stephen Frears, que maneja la sutileza, que sabe medir las emociones y los tempos a fin de agradar al público con el nivel suficiente de indignación y alguna lágrima al hilo de la historia, pero sin llegar a ser un film lacrimógeno ni suscitar una malquerencia violenta, sino que más bien se mueve en los límites de lo enternecedor, resultando una cinta notable; con un buen guión sutil y perceptivo de Steve Coogan y Jeff Pope basado en la obra de Martin Sixsmith, a la sazón uno de los protagonistas de la historia. Acompañan muy bien la película la música de Alexandre Desplat y la fotografía de Robbie Ryan.

A veces se dan momentos un tanto hipervoltados, de cierta ruptura, con modificaciones en el tono o en el ritmo, pero la Sra. Dench y el Sr. Coogan hacen que la película mantenga su arquitectura principal.

Y aquí quiero referirme a los principales actores. En primer lugar, es de agradecer que Judi Dench haya abandonado a James Bond, Craig, etc., y vuelva a ser la intérprete que acorde a su edad ya viéramos en el “Exótico Hotel Marygold”. En esta película la Dench hace una magnífica interpretación capaz de transmitir en su personaje de difícil existencia, sensaciones de bondad, de comprensión, dejando al lado la maldad, el egoísmo o la indiferencia, de la mano de un rol femenino donde se nos brinda una lección de lo que significa el perdón como medio de encontrarse bien con uno mismo. Ya es hora de buenos sentimientos en las pelis de hoy donde predomina la violencia y la barbarie. Entonces, no me duelen prendas al decir que Judi Dench está inconmensurable, en un papel memorable cargado de indulgencia, de drama, también de remordimiento y pesadumbre vital, pero podremos sentir al verla que empatizamos con ella, que en sus gestos y en sus diversas expresiones, el personaje es capaz de descubrir las mejores cualidades de una mujer sencilla, amable, a la que gustan las novelas televisadas, que se sorprende con los autos buenos, y que deja una huella que a todos nos suena y resulta reconocible, un personaje que te acompaña una vez acabado el film como una buena sombra en la que poder cobijarte. Dench, que venturosamente deja de ser la malvada de 007, participa ahora de las cualidades opuestas de una mujer noble y cabal, y justifica plenamente la película; con ella la cinta se convierte en una prueba de algo que fue real y que ella hace creíble en forma de testimonio perdurable.

Como contraparte de Dench, Steve Coogan interpreta a Martin, un escritor y periodista con problemas en su trabajo que la acompaña a fin de escribir una historia humanitaria para su periódico. Su rol es el de un hombre sensible y afable, ateo, y que busca esencialmente los recovecos oscuros y la verdad de la historia de cuanto ha ocurrido en la trata de niños de Irlanda a EE.UU., y que pretende también que las monjas responsables se arrepientan a toda costa. Entonces, muy bien por Coogan que logra estar a la altura de las circunstancias consiguiendo el nivel y dando la réplica a Judi Dench; pensemos que es una película en la que intervienen muy pocos actores, y esto siempre es complicado pues el film cae sobre las espaldas de los que están, en este caso de Judi Dench y Steve Coogan que llevan muy bien el metraje: ¡hay compenetración entre ambos, actor y actriz!

Resumiendo, yo la recomiendo, y lo hago porque creo que es una película digna de verse, por una dirección muy estimable, por un guión, música y fotografía sobresalientes; pero sobre todo porque cuenta una historia dramática desde una óptica, empero, bondadosa, en lo cual colaboran sin duda los trabajos de sus dos principales actores: Dench y Coogan.

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