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Perros de paja (1971)

Por Enrique Fernández Lópiz

David Sumner (Dustin Hoffman) es un astrofísico que junto con su mujer (Susan George) van a vivir al pueblo natal de ésta en Gran Bretaña, a fin de redactar él un trabajo de investigación ayudado por una beca de su Universidad en los EE.UU. Davis es un científico absorto en sus investigaciones y es además una persona tímida y reservada, amén de poco sociable. De otro lado, no quiere y evita los problemas y las disputas en una especie de pusilanimidad que a veces su mujer tacha de cobardía. Pero justamente en el pueblo donde habitan, los hombres son personas rudimentarias, sacadas de la Inglaterra profunda, gente violenta y silvestre que David no acierta a manejar. La cosa llega a tal extremo que el protagonista, acorralado por una situación límite en la que el alcohol y la violencia juegan por igual, se ve obligado a reaccionar impetuosamente para defender a su mujer, a un pobre sujeto que se ha recluido en su casa y su propio hogar.

La película está genialmente dirigida por Sam Peckinpah con un gran guión del propio Peckinpah junto a David Zelag Goodman, basado en la novela The Siege of Trencher’s Farm, de Gordon M. Williams. Igualmente son brillantes la fotografía de John Coquillon y la inquietante música de Jerry Fielding. Y siguiendo con algunos datos técnicos, el film tiene una gran puesta en escena y un reparto de antología donde brillan con luz propia Dustin Hoffman, muy en su papel que le va que ni hecho a medida, y una Susan George que llena pantalla con su expresividad y sobre todo por su sensualidad que en su momento, pero aún hoy, llaman la atención. El resto de actores y actrices conforman una interpretación coral que encuadra y llena la película de intensas emociones; o sea, las actuaciones son geniales en su conjunto, como suele ser habitual en las películas británicas.

Al hilo del título de la película y del tema que trata, y habiéndome ilustrado al respecto, traigo a colación un libro de enorme profundidad, el Tao Te King de Lao Tse. En este libro, se pueden encontrar los siguientes versículos que me sirven para apuntar los comentarios que siguen: “El Cielo y la Tierra no tienen benevolencia, /para ellos los seres sólo son perros de paja. /El sabio no tiene benevolencia, /para él las gentes del pueblo sólo son perros de paja”. (Tao Te King de Lao Tse, 600 a.C -V 49 A12). En la China antigua los perros de paja (muñecos imitando perros que eran rellenados de paja) se utilizaban para las ceremonias rituales.Estos muñecos eran una ofrenda a los dioses, por lo que eran tratados, durante el ritual, con la mayor de las reverencias pero, una vez acabado, cuando ya no eran necesarios, eran pisoteados y abandonados. Estas ideas me han traído a la mente el dicho latino, originario del comediógrafo Tito Marco Plauto (254 a. C.-184 a. C.) en su obra Asinaria, donde dice: “Lupus est homo homini, non homo, quom qualis sit non novit.” (Lobo es el hombre para el hombre, y no hombre, cuando desconoce quién es el otro). Esta cita y estos argumentos se mencionan cuando se quiere hacer referencia a los horrores de los que es capaz el hombre y en general la humanidad para consigo misma, la crueldad, la falta de benevolencia, la malignidad, etc. Todos ellos, antivalores y conductas sólo presentes en nuestra especie y que son fruto de la ineducación y la anticultura, pues no se dan en otras especies como bien demostraron en su momento grandes etólogos o estudiosos del comportamiento animal como el Premio Nobel Konrad Lorenz (1903-1989) (Sobre la agresión: el pretendido mal).

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Pues bien, de esto va el film que ahora tratamos, de violencia, de extrema agresividad, de malignidad y sometimiento (recordemos las escenas de violación, de poder irrestricto y sometimiento de otra persona). Ya sabemos que Peckinpah es un maestro de la violencia en el cine, tanto que en su momento hubo una gran controversia social que se generó a raíz de la violencia en sus películas, películas denostadas por los más conservadores, al entender que Peckinpah hacía una apología de ésta e incluso la banalizaba, y alabadas por el resto que entendían que la violencia era usada por el realizador como una depuración formal en busca de un ejercicio de estilo renovador y alternativo al canon narrativo cinematográfico más clásico. En mi opinión, en sus películas, y la que ahora comento es un paradigma de ello, se muestra, no sólo sangre y disparos a bocajarro que levantan por los aires a los baleados, sino sobre todo dibuja con genial maestría los perfiles más abyectos, inhumanos y salvajes del ser humano. Y de esto trata esta película, una obra principal en la filmografía de Sam Peckinpah: un estudio sobre la violencia humana. Y aquí, también me permito mencionar el concepto psicológico de malignidad acuñado por Erich Fromm (1900-1980) en su obra La anatomía de la destructividad humana, en la que el autor opone a una agresión adaptativa, útil y al servicio de la vida (atacar o huir ante amenazas), a otro tipo que él califica de agresividad maligna como la destructividad o la crueldad, que sólo se da en los hombres y brota de las condiciones de la existencia humana ¡Pues esto es la película! Una cinta sobre la crueldad y la malignidad, y la necesidad de un hombre civilizado de defenderse con todas las fuerzas hasta entonces para él inimaginables, contra esa malsana violencia.

A Peckinpah le apodaban en su época como Bloody Sam (Sam el sanguinario), apodo que le colgaron los críticos estadounidenses, y fue en ese entonces cuando dirigió en el Reino Unido Perros de paja (1971). En poco tiempo esta película se convirtió en tema de diversas publicaciones cinematográficas, cine fórums, etc., en los que se decía de todo, e incluso se llegaron a publicar varias entrevistas con el director. Pero también hay que apuntar que gran parte de la polémica que levantó, fue debida a la presunta tendencia misógina que le atribuyeron algunos grupos feministas norteamericanos a la película y a su autor. Estos debates estuvieron presentes durante toda la carrera del insigne director.

Peckinpah presenta la violencia en este film de una manera muy cruda. Aunque es sangrienta, la película no necesita de la sangre para hacer sentir esa violencia extrema y maligna, como decimos. El personaje de Dustin Hoffman siente el tormento de encontrarse solo prácticamente en un entorno hostil, en el que incluso su propia esposa representa una amenaza a su integridad física y moral. Y en el pueblo de la Inglaterra profunda en que se desarrolla la trama, apenas hay ninguna tabla de salvación como la ley, hombres buenos (hay un par pero de pobre peso), instituciones civilizadas, etc. Apenas la taberna donde beben desaforadamente los personajes perversos y toscos que amenazan.

Y no quiero pasar por alto una enseñanza muy importante del film. Como antes decía, la esposa de David llega a tacharlo de cobarde, sin embargo, en las escenas trepidantes finales, es la señora la que le insta con gran decisión a que entregue al pobre ser que buscan los salvajes que asedian su casa, con tal de salvar ella el pellejo. Y es entonces cuando emerge, no la cobardía, sino la gran valentía y honestidad del apocado científico que se niega a tamaña indecencia, pues de entregarlo es evidente que lo matarán. Aquí Peckinpah aporta la lección de cómo los malos son muy importantes en este tipo de historias, porque justifican los desafíos que el protagonista debe superar, no como el héroe a quien atribuimos todo tipo de cualidades y virtudes, sino como una persona civilizada que sabe manejarse éticamente, con más ética que los animales que aúllan fuera, pero también con más ética que su juguetona y provocadora esposa. Hoffman resulta ser así, el gran protagonista honorable del film.

En resolución: se trata ya de un icono del cine moderno que, desde mi modo de ver, enfrenta a un ser civilizado contra la violencia, el mal y la bajeza humana que ataca en bloque sin apenas defensas de su parte salvo su inteligencia, la fuerza y la suerte.

Comentarios

  1. Enorme crítica. Gran película, para mí la mejor del director, y además aportas datos muy interesantes. ¡Un saludo!

  2. Enrique Fernández Lópiz

    Amigo, me alegra que haya gustado. Saludos

  3. Íñigo

    Hola Enrique. No sé si leíste la crítica que hice yo sobre “Perros de paja”. Se titula “El cruel asedio de los perros de paja”. A ver qué te parece. Un saludo.

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