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Penosa película de guerra que ignora a los protagonistas navajos

Por Enrique Fernández Lópiz

Windtalkers es una película basada en hechos reales, concretamente en la labor de los operadores militares de la etnia india de los navajos durante la II Gran Guerra contra Japón. Sin embargo, el tal cuerpo de indios recibe escasa atención en el metraje, concentrado como está en la pólvora y en el nefasto protagonismo de Nicolas Cage.

La cosa es o debería haber sido así: durante la Segunda Guerra Mundial (1939-1945) el avance de las tropas americanas en la campaña del Pacífico, se ve gravemente imposibilitado por la circunstancia de que los servicios de inteligencia japoneses descifran con facilidad los mensajes militares. En 1942, varios centenares de indios navajos son entrenados para emplear un código secreto basado en su lengua materna. Éste fue el único código que los nipones no pudieron descifrar. En el film, los protagonistas principales son dos oficiales que tienen como misión la protección de dos indios navajos alistados en la Marina de Guerra. Es curioso que a pesar del trágico destino de los indios nativos americanos en el transcurso de su historia, sin embargo, una tribu, los navajos, que habían sufrido mucho a manos del gobierno que ahora les pedía su ayuda, respondieran de manera afirmativa a la llamada de la patria. Las comunicaciones seguras eran un aspecto vital en la Segunda Guerra Mundial. Los navajos se avinieron a crear un código propio para salvarle el cuello a quienes hasta no hacía mucho, los “hombres blancos”, habían sido quienes los masacraban.

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El director chino John Woo consigue fletar una cinta catastrófica desde mi modo de ver, con un guión horribilis enormemente estúpido y poco elaborado narrativamente hablando de John Rice y Joe Batteer, una música que apenas pasa el corte de James Horner y eso sí, una perfecta fotografía que adereza muy bien las secuencias de acción, de Jeffrey L. Kimball. Parafraseando a Neruda, en este film se acumularon las guerras y los vuelos… todo aquí fue naufragio.

Algunos califican esta cinta de “americanada palomitera repugnante”, otros hablan de “estafa” y yo digo que es un “ladrillazo” en toda su magnitud. Mal realizada, inverosímil en multitud de escenas de guerra que resultan increíbles, y un inicio de terror donde Cage es capaz de aniquilar a cientos de japoneses él solito sin tan siquiera recargar la ametralladora. El resto son tiros y más tiros sin ton ni son, con un desenlace en el que a Woo, que seguro quería hacer una película de mero disparo, sus guionistas le aconsejaron incluir alguna escena de calado y sentimental, lo cual que el bueno de Woo coloca unos cuantos diálogos de corte cretino que pretenden emocionar al público sin conseguirlo en absoluto. Como dice Marinero: “Los diálogos abundan en el ridículo y los homenajes a la cultura india parecen postales turísticas”. Quitando pues esas cuatro escenas y media, el director arroja a la cara del buen ciudadano que ha pagado su entrada, una ensalada de rabia y pólvora sin demasiado sentido. “Curiosamente, flaquea en lo que se supone resulta más querido a Woo, la plasmación de la acción: es ahí, en la redundancia de situaciones, en las perfectamente reducibles efusiones sangrientas donde se encuentra el talón de Aquiles de una película tan extraña y personal como, en el fondo, destemplada y excesiva” (Torreiro). Es así, tanto que parece que la sala va a explosionar toda ella, incluidos los puestos de palomitas.

El reparto está encabezado por Nicholas Cage, uno de los peores actores hollywoodienses, en uno de sus peores papeles, lo cual ya es mucho decir, en el rol de súper héroe a quien los proyectiles meramente rozan, saliendo incólume de cualquier balacera. El resto del reparto hace lo que puede ante tamaño despropósito, actores como Adam Beach (como soldado indio que deberá soportar la discriminación por su condición de indígena), Christian Slater (tal vez el mejor de todos), Peter Stornare, Noah Emmerich, Mark Ruffalo, Brian Van Holt, Martin Henderson, Roger Willie, Frances O´Connor, Jason Isaias o Kevin Cooney. Los pobres, en fin, todos, tras el visionado del film, tal vez se metieron debajo de la cama para no salir en una temporada, de la vergüenza.

Y como decía, el homenaje respetuoso que se le pretende rendir a las culturas indígenas tan maltratadas, no llega a ser efectivo porque el argumento va por el camino del entretenimiento de masas, y la pirotecnia visual desplegada en la parafernalia bélica de batallas cuerpo a cuerpo y de explosiones por doquier.

O sea, un John Woo explosivo con colmo, que en esta película supera con mucho el umbral de credibilidad y realismo; de igual modo que resulta inverosímil un Cage tan matador y tan preservado de males mayores, pues los miles de balas enemigas nunca impactan en él. Japoneses que parecen vampiros u ogros come-niños, diálogos para memos y ni un ápice de crítica a la guerra. Y habría más. Pero así es esta obrita de título equívoco, cinta cuya historia es verídica pero que resulta indigerible. Yo por supuesto, no la aconsejo.

Tráiler: https://www.youtube.com/watch?v=KOmH0_F8_XI.

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Comentarios

  1. Jose Manuel Morales

    Salvaje crítica en la cual no has dejado a nadie con la cabeza en su sitio, pero muy bien realizada, amigo mio. Sólo me extraña la cantidad de entrecomillado que pones de otras personas que bien puedes evitar y soltar más tus diatribas que en eso eres bueno. Saludos Enrique!

  2. Enrique Fernández Lópiz

    Gracias José Manuel, esta película es horrorosa en el más amplio sentido. Los entrecomillados resultan de un vicio académico pero seguro que tienes razón y debería verter mis propias opiniones. Pero a veces otros las dicen tan bien que yo me apoyo en ellas para luego hacer mis añadisos. Un abrazo y gracias por la sugerencia. EFL

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