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Película sobrecogedora y real sobre la injusticia

Por Enrique Fernández Lópiz

En el nombre del padre narra la historia real de un despropósito judicial cuya conclusión recuerdo perfectamente haber visto en los informativos de TV, en el año 1989, justo cuando retransmitían ¡en directo! el desenlace de esta tremenda historia, cuando los injustamente presos salieron a la calle, momento que fue captado por las televisiones de todo el mundo, con gran algarabía y descarga de emociones de parte que quienes fueron excarcelados tras la revisión de su juicio, y de quienes los esperaban en el exterior para abrazarlos y apoyarlos. Estamos, por tanto, frente a tremendos hechos reales y no ficción, lo que hace que este film resulte muy conmovedor, y que remueva conciencias. Recuerdo aquí que en 2005, el Primer Ministro Tony Blair, pidió perdón por la injusticia y el dolor causado a los condenados.

La película se inicia en Irlanda, Belfast, años 1970. Gerry (Day-Lewis) es un joven sin oficio ni beneficio, lo cual que disgusta mucho a su padre Giuseppe (Postlethwaite), un hombre trabajador y educado. En un percance de Gerry con los militares británicos en la Irlanda de las revueltas, su padre lo manda a Inglaterra a ver si allí encuentra trabajo o hace algo productivo. En aquellos años setenta, acontecieron los violentos días en que la banda terrorista IRA sembraba de bombas el centro de Londres. El pobre Gerry juega a ser hippie en el peor lugar y en el momento equivocado. Por cosas de azar, una vez en Londres es detenido y acusado de participar en un tremendo atentado terrorista del IRA con bomba, que acabó con la vida de muchos inocentes. Con las mismas y sin pruebas y tras haber sido torturado junto con otro amigo, es condenado a cadena perpetua. Fueron los denominados “cuatro de Guildford” (Paul Hill, Gerry Conlon, Patrick ‘Paddy’ Armstrong y Carole Richardson). También su padre, tía, hermana, etc. son encarcelados igualmente de forma gratuita, como supuestos colaboradores en el acto terrorista. Una vez en la cárcel, Gerry descubre la gran fuerza interior de su padre, su entereza y su integridad, aspectos que él desconocía y que dan título al film. Finalmente y transcurridos quince años, con la ayuda de una abogada entregada a la causa de recurrir la sentencia por injusta (Thompson), Gerry se propone demostrar su inocencia y limpiar el nombre de su padre, fallecido en la prisión, haciendo público el fraudulento y lamentable error legal, uno de los errores más significados en la historia reciente de la justicia de Inglaterra.

Se trata de una película-denuncia, un alegato ante una tragedia carcelaria con tintes de gran dramatismo, más si cabe por cuanto los hechos, como digo, son reales y de no hace tanto tiempo. Jim Sheridan dirige con maestría este film, apoyado en un excelente guión del propio Sheridan y Terry George, basado en la autobiografía de Gerry Conlon, Inocencia probada (Proved Innocent, 1990). Conlon es el mismo joven que fue víctima, junto con el resto de encausados, de 15 años de prisión injusta (1974-1989); Conlon y la misma excelente adaptación en el guión no exageran lo que sin duda ocurrió.

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Acompañan la película una gran banda sonora de Trevor Jones con canciones de Bono y Gavin Friday; una gran fotografía de Peter Biziou; y las excepcionales interpretaciones de un actor de primer orden como Daniel Day-Lewis, Emma Thompson maravillosa en su papel de abogada valiente; Pete Postlehwaite, que interpreta genialmente al padre; y Jhon Linch o Beatie Edney que conforman un reparto de excelencia y colaboran con una película de una enorme fuerza, que se abre paso en la mente del espectador en pos de la verdad y la justicia.

A veces, cuando se habla de la agresividad, de la ira, de la violencia, nos solemos referir a factores desencadenantes que van desde los aspectos innatos de todo ser, hasta fenómenos externos como la defensa del territorio o de la prole, y sobre todo de la ecuación frustración-agresividad, pues todos sabemos que no nos gusta que nos coloquen barreras o impedimentos para el cumplimiento de nuestros deseos. Pero esta película pone el acento en cómo la rabia y la animadversión está producida por la “percepción de injusticias”. Es decir, que nos enervamos igualmente cuando valoramos injusta una acción, castigo o actuación, bien sobre nosotros o sobre otros, a los que consideramos víctimas o motivo de actuaciones inmorales de parte de otros. Cuando atribuimos a estas acciones coacción, abuso, sinrazón, etc. Y quiero recordar aquí que esta idea fue expuesto en su momento por un estudioso del “poder social” (por esto lo traigo a colación de este film) de nombre James Tedeschi, que comprobó empíricamente que para que una conducta sea percibida como agresiva y provoque venganza o necesidad de restaurar la equidad, se requiere que aparezca como una acción deliberadamente hostil que intente limitar el comportamiento propio o de otros, o sus logros, y que tenga visos de ser injusta, desproporcionada o inmotivada. Y esto es lo que ocurre en esta cinta, y es lo que nos pone de mala hiel a los que la ven: estar ante una acción violenta y profundamente injusta. Injusta pues los jóvenes y sus familias son sometidos a privación de libertad durante años, son vilipendiados, calumniados y maltratados en contra de cualquier código normativo, incluyendo la Ley con mayúsculas que se equivocó de cabo a rabo. Sin excluir las horrorosas actuaciones policiales, más propias de dictaduras que de una supuesta consolidada democracia como la británica, pues les torturaron hasta hacerles confesar a Gerry Colon y a los otros encausados lo que no habían hecho.

Entre premios y nominaciones en 1993-94 tiene: 7 nominaciones al Oscar, incluyendo mejor película, actor (Lewis), director y montaje. 4 nominaciones al Globo de Oro: Película drama, banda sonora, actor drama, actriz secundaria. 2 nominaciones BAFTA: Mejor actor (Daniel Day-Lewis) y guión adaptado. Premios David di Donatello: Mejor película extranjera. 2 nominaciones. Festival de Berlín: Oso de Oro.

En el nombre del padre es una película-denuncia que tuvo un gran éxito de crítica y público, y un gran nivel artístico. Un libreto de primer orden, con una historia bien dosificada, sin exageraciones ni demagogia, que tampoco no olvida la vertiente comercial del film; impresionante acompañamiento musical y magníficas interpretaciones para una obra clave del cine británico contemporáneo. Entretiene y sobrecoge a partes iguales.

Es una película que hace que la veas entera sin rechistar, y que además sobrecoge. Y es que uno de los aspectos que más enardece nuestro ímpetu rebelde y nuestra agresividad es la injusticia, asunto que es el leitmotiv de este film.

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