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Película sobre la viuda Kennedy que nadie esperaría ver

Por Enrique Fernández Lópiz

Me ha ocurrido algo con este film Jackie, que no es la primera vez que me pasa. Se trata de una rara sensación que me aqueja cuando veo una película que versa sobre un personaje contemporáneo que he conocido sobradamente a través de libros, entrevistas y medios de comunicación. Entonces, al tenerlo muy presente en mi recuerdo, verlo en la pantalla interpretado por un actor o actriz me resulta artificial. En este caso se trata de Jackeline Kennedy, una mujer muy popular en su momento y que durante años ocupó portadas de prensa, revistas o cabeceras en TV. Esta película aborda un breve y concreto tiempo de su vida: el magnicidio (recreado de modo casi puntillista con su esposo yaciendo muerto en su regazo de tweed rosa) y los cuatro días posteriores al atentado del presidente de los EE.UU., John Fitzgerald Kennedy, el 22 de noviembre del año 1963 en su visita a Dallas (Tejas). Tanto el emblemático presidente norteamericano como su esposa están presentes en mi memoria por haber seguido sus trayectorias en documentos diversos. Por ejemplo, recuerdo muy bien la tinta que derrochó la revista Life al respecto.

La película es una interpretación subjetiva de la ya ex-primera dama, cuyo retrato se centra en los momentos de shock y duelo tras el asesinato de su esposo. La película queda fijada en los primerísimos planos y en las distancias cortas de la viuda, a modo de “ojo de halcón” que quiere auscultar la imagen de Jackie al milímetro. Y como de ahí no sale, me pesa decir que en ocasiones me produjo una soporífera sensación que no desdice del film, sino que habla de mi reacción como espectador, y que condice con lo que he señalo en estas la líneas iniciales.

El director chileno Pablo Larraín se detiene y refleja estos días de Jackeline. Según el cineasta, su intención es crear “una ficción desde la intimidad de lo privado“. Y añade: “La idea no es explicar quién fue, sino acercarse a una narración emocional que nos permita estar dentro de ella“. Efectivamente, “la película detiene la cámara a escasos centímetros de la protagonista […] Se trata no tanto de reconstruir o imitar la realidad como de recrearla por dentro y hacerla posible en los estrictos márgenes del mito” (Martínez). Pues sí, Jackeline fue un mito universal y el film no desdice en ningún momento esta certeza social, si acaso coloca al personaje en un íntimo precipicio que puede hacer pensar en una persona aterrada e incluso trastornada. Pero el mito continúa con Larraín, lo cual se observa en la circunstancia, muy bien rodada, de viuda sufriente, quizá una de las más glamurosas y elegantes jamás conocidas, y muy tenida en cuenta por los mass-media de la modernidad; y aun hoy, su legendaria figura y su persona, continúa. Prueba de ello es este film correcto, educado e incluso espiritual, con una viuda que se percibe a si misma como mujer que pertenece al pueblo, medio diva, medio mística, de ahí ese funeral pagano a lo Lincoln, ella caminando tras el féretro, y a lado y lado, la gente con la mano en el corazón en respetuoso silencio viendo pasar la comitiva. Para ser el debut de Larraín en Hollywood, y tratándose de una libre versión (biopic libre) de un egregio personaje en un momento trágico, el chileno consigue alterar el cine de “historias de vida”, narrando “de dentro a fuera, convirtiendo toda su musculatura épica en intimidad, reflexión y argumento” (Oti Rodríguez).

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Noah Oppenheim escribe un guión a según le dicta su albedrío, imaginando cómo fue la vida interior de Jackeline, sus miedos, su furia, su desconcierto, sus dudas, la soledad y el desconsuelo tras la pérdida de su esposo, todo lo cual la protagonista va desgranando ante un periodista que la entrevista y al que controla cada sílaba que escribe, consciente de que lo que prevalecerá de ella, será lo que se escriba de su vida y pareceres. “Creo que los personajes que leemos en el papel acaban siendo más reales que los hombres que están detrás de ellos”, llega a decirle al entrevistador en el film. Tampoco sabemos si la verdadera Jackeline habría estado de acuerdo con esta versión ni si se hubiera identificado con la imagen que de ella se da en la película. La trama empieza y acaba, como he dicho, en esos días que sucedieron a la tragedia, cuando fue acribillado aquel hombre juvenil, brioso, progresista y supuestamente bienintencionado, JFK. De manera que nada se habla de lo que fue anterior ni posterior en la vida de Jackeline. Respetable. Nada que objetar, cada cual puede hacer lo que le plazca, pero…

El guión es un puzzle bien trabado, con saltos en el tiempo continuamente, pero sin perder lo sustancial de la historia que pretende contar. Eso sí, todo ello muy acotado al tiempo de la desolación y el luto. Pero por decantarme un poco en lo que es mi parecer, este extremo obvia el pasado y el futuro de Jackie, algo que yo considero importante. No habría estado mal que aunque meramente, se hubieran aportado algunos apuntes sobre ello. Además, ni director ni guionista “se permiten convenciones narrativas ni morales. Lo cual no son razones suficientes para hacerla apasionante, aunque sí una película curiosa” (Boyero). Acuerdo plenamente con este comentario, es una singular película, tal vez la que nadie esperaría ver sobre la viuda de Kennedy.

El director y el escritor del libreto hacen un gran dúo en la construcción de esta cinta. Ambos, “juegan con la ventaja de sentarnos ante la comodidad de un personaje que creemos conocer y admirar […] Pero enseguida esto se rompe, para incomodar al espectador con la fragmentación emocional de la historia en constantes flashbacks y flashforwards, con frases lapidarias y significativas” (Crespo). Dicho de otro modo, que nos encontramos ante una interpretación insólita para muchos espectadores, de aquella Jackie sempiternamente sonriente, la de las revistas de sociedad, la mujer estilosa y carismática. Ahora la vemos rota y perdida. No es para menos. Su rey Arturo ha volado al cielo sin despedirse de ella ni de Camelot, donde ambos habían librado las muchas y controvertidas batallas que jalonaron su vida.

La película incorpora algunos episodios de la vida de Jackeline que me han gustado. Así, un concierto de Pau Casals y baile con su esposo, escena de gran elegancia y lujo. También podemos observar la reconstrucción de un famoso reportaje para la televisión en el que Jackie mostraba al mundo las interioridades de la Casa Blanca, la suntuosidad de sus salones, comedor, despacho y otros recintos que hablan del lujo y la opulencia que gustaba a la ilustre dama. Además, al representar un reportaje de época, goza de una fotografía y unos planos meritorios. Podemos ver aquí una comparativa entre el film y el reportaje real: https://www.youtube.com/watch?v=espe9jaGBv0.

Me ha gustado la música de Mica Levi, que sabe acompañar el camino de desesperación de la protagonista. La fotografía de Stéphane Fontaine es terrosa, casi marrón, con un color desabrido con el cual se pretende, según me atrevo a imaginar, la realidad amarga y cetrina que enmarcaba a la ilustre mujer en aquellos momentos.

En el reparto destaca muy por encima del resto el fascinante trabajo de Natalie Portman, que entre otras es bastante más bonita que la Jakeline real; y además, la Portman sabe trasladar al espectador esos momentos de gran sufrimiento, imposta su voz para parecer la original del personaje real, con una mirada profunda y melancólica, expresión de calvario y perplejidad, que llega a conmocionar. Billy Crudup interpreta al que fuera famoso periodista e historiador, Theodore Harold White, que con temple y saber hacer realiza la entrevista a Jackeline. Peter Sarsgaard cumple en el papel de Robert Kennedy. Y quiero destacar en este apartado a un grande de la pantalla, John Hurt, el actor británico que fallecería poco después de este trabajo en el cual interpreta de manera magistral su despedida, haciendo de un sabio sacerdote católico; curioso. Greta Gerwig muy bien y compenetrada con la protagonista en el papel de su secretaria personal. John Carroll Lynch interpreta al sucesor en la presidencia, Lindon B. Johnson (aunque en nada se parece al original). Beth Grant bien, como Lady Bird Johnson. Y acompañando actores y actrices de calidad como Richard E. Grant, Max Casella, Caspar Phillipson, Julie Judd, Sara Verhagen, Sunnie Pelant, Hélène Kuhn, Deborah Findlay y Corey Johnson.

Premios y nominaciones en 2016 (a 18 de febrero de 2017): Premios Oscar: Nominada a Mejor actriz (Portman), banda sonora y vestuario. Globos de Oro: Nominada a Mejor actriz-drama (Natalie Portman). Premios BAFTA: Mejor diseño de vestuario. 3 nominaciones. Festival de Venecia: Mejor guión (Noah Oppenheim). Premios Independent Spirit: Nominada a Mejor película, director, actriz y montaje. Críticos de Los Angeles: Nominada a Mejor banda sonora. Critics Choice Awards: Mejor actriz (Portman), vestuario y maquillaje. 6 nominaciones. Premios Gotham: Nominada a mejor actriz (Natalie Portman). Satellite Awards: Mejor vestuario. 5 nominaciones. Sindicato de Actores (SAG): Nominada a mejor actriz (Natalie Portman).

Película que tiene sin duda su interés. La presencia errática de Jackeline en la Casa Blanca por efecto de un tirador de tejas que la ha destronado, una mujer deambulando en un espacio que de pronto ya no es el suyo, “sintetiza con inquietante elegancia su estado de ánimo” (Sánchez). Con la ayuda inconmensurable de la Portman, Larraín queda convertido en un sagaz retratista de la confusión y el desarreglo al que tuvo que verse sometida una leyenda que, para quien no lo sepa, ya no lograría encontrar su lugar en el mundo, entre otras, sometida a la opinión de una imagen pública definitivamente transmutada por los requerimientos de la política de Estado; pero también turbada por tan súbito e inopinado cambio de estatus y de expectativas.

Película bella y poética, gran fotografía, excelente ambientación, vestuario de lujo, música que enaltece los momentos claves; y una Portman muy interesante. El problema del film desde mi modo de ver, es que carece del sentimiento, la tensión y de ese pulso narrativo que se requiere para mantener la atención en la pantalla en todo momento del metraje, sin pestañear, o sea, sin dormitar.

Tráiler: https://www.youtube.com/watch?v=7cdzT05HpS4.

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