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Película sin mucha trascendencia, entretenida, sencilla, sin pretensiones

Por Enrique Fernández Lópiz

Tuve oportunidad ayer de ver Aprendiz de gigoló, más que nada por la curiosidad de comprobar el sabor de la mezcla Turturro-Allen. Y he de decir que vi una comedia mediocre pero más o menos entretenida, o sea, no es de esas pelis insufribles ni mucho menos. Se puede ver.

La historia nos habla de dos amigos ya de tiempo y entrados en años, más Allen que Turturro, judíos, si bien bastante heterodoxos (Turturro al final de la película, cuando es interrogado sobre si es judío dice no estar seguro). Pues bien, ambos amigos, que viven en el mismo barrio de Brooklyn, pasan por momentos delicados para sus finanzas y deciden hacer caja montando un negocio de prostitución masculina. En ese emprendimiento Allen hará de administrador y buscador de citas, o sea, de “chulo” como quien dice –si bien un chulo muy peculiar-, y Turturro correrá con el oficio en sí de puto y visitará señoras de cierto estatus para satisfacer sus fantasías y deseos sexuales inconfesables, como el “menage a trois”, con la bella y casada dermatóloga Parker. También hace su presencia en escena una viuda judía que solicitará los servicios de Turturro, pero sólo para ser tocada o masajeada. Toda esta situación conduce la película por situaciones más o menos jocosas y con atisbos de crítica, pues el asunto, obviamente, no es visto con buenos ojos por la comunidad hebrea mayoritaria del barrio donde viven.

La dirección y el guión de John Turturro es de mero aprobado pero, la verdad, tiene sus ingredientes de sensibilidad e inteligencia, pues si no, tamaña trama habría podido descarrilar de forma estrepitosa en lo burdo o lo soez. Pero no es así. Ahora bien, está claro para mí que Turturro en su papel de director y guionista sobre todo, no ha sabido encontrar el camino correcto para conducir una película que habría podido tener más carga cómica e incluso dramática. Es por lo tanto un film con altos y bajos, donde a veces hay ideas ingeniosas y otras una evidente carencia de tono. Y por otro lado, hay que considerar que Turturro parece haber escrito el papel principal para Woody Allen, que puede así hacer efectivas sus posibilidades en algunas payasadas coloridas que Allen interpreta magistralmente. La banda sonora de Abraham Laboriel y Bill Maxwell es espectacular e incorpora temas variados que adoban la historia enriqueciéndola y poniendo sabor en el guión apagado de Turturro. También la excelente fotografía de Marco Pontecorvo es digna de ser mencionada por sus tonos ocres y su saber hacer en la tintura del film, una fotografía de tonos terrosos, cálidos y suaves.

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En las acciones actorales Allen está magnífico y gracioso. Turturro, tierno y melancólico, hace también creíble su rol; y no hay que olvidar el acompañamiento de Sharon Stone (preciosa: la que tuvo retuvo), Sofía Vergara, Vanessa Paradis (en su excelente papel de viuda de un rabino, aunque este episodio esté un poco fuera del campo del film) o Liec Schreiber (con sus rulos en las patillas) por mencionar los principales, que acompañan muy bien a los protagonistas.

Llama la atención en la cinta el hecho de que siendo una película sobre un gigoló, apenas hay escenas de sexo, lo cual es de agradecer. Y de este modo, la acción es más un pretexto para el humor o la sensibilidad que para hacer escenas llamativas. Y luego están las virtudes de lo que no se ve, que siempre hace creíble lo que queramos imaginar.

El relato no repara en las razones o las consecuencias en el campo del amor. Creo que a la obra le falta un punto hipervoltado de chifladura para convertirse algo realmente llamativo. Es por lo tanto un film contenido y que no se deja llevar, que no arriesga en el guión y el desarrollo de la historia. Lo que sí tiene son los ingredientes de dos grandes actores. Las conversaciones del puto Turturro con el chulo Allen, son diálogos con cadencia, gracia y simpatía.

Hay una parte importante del film cuando la viuda de un rabino, mujer ultraconservadora y que vive en el más estricto puritanismo, a la par que muy controlada por la comunidad ortodoxa en la que vive, pasa a ocupar un papel protagonista en el film, pues llega a enamorarse de Turturro y viceversa, lo cual que desvía el hilo de la cinta y provoca ciertos desarreglos en la historia y en el ritmo de la misma. Además, este episodio coincide con la parte de la cinta en la que Woody Allen está más ausente de la escena.

Un poco al hilo de todo esto, está todo el sarcasmo e incluso la crítica al mundo de la religión judía y sus costumbres, con un juicio improvisado por parte de unos rabinos ultraortodoxos a Allen, con algún chiste con cierta sorna. O sea, la peli tiene también la cosa de que muestra una diversidad cultural y religiosa, a la vez que un mensaje crítico, lo cual no es común en el cine norteamericano.

Para resumir yo diría que es una película sin mucha trascendencia, entretenida, sencilla, sin pretensiones, que vale para una tarde en la que no haya otra peli supuestamente mejor (tal ocurría ayer). Pero nada más, comedia ligera con tintes agridulces y un Woody Allen que como actor interpreta libremente sin la preocupación de estar tras la cámara, que de eso se encarga con irregular fortuna el lánguido Turturro.

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