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Película programada para hacer taquilla

Por Enrique Fernández Lópiz

En Mañana empieza todo, Samuel es un joven fornido, de color, que vive alegremente sin grandes responsabilidades en la costa del sur francés. Uno de esos días de juerga, al despertar, Gloria, una muchacha londinense y antiguo amor de verano, le deja inopinadamente un bebé de pocos meses diciéndole que él es el padre, para a continuación desaparecer en un Taxi. Se trata de una niñita y Manuel cree que no podrá cuidar de su hija, lo cual que parte para Londres en busca de la madre para devolvérsela. Ya en Londres no logra encontrar a la madre pero conoce a un sujeto que le ofrece trabajo como doble de películas. Y se quedan a vivir en Inglaterra padre e hija hasta que transcurridos ocho años, cuando Samuel y Gloria forman un tándem inseparable, la madre de Gloria regresa a sus vidas para hacerse cargo de su hija. Pero la historia guarda una noticia que trastocará todo este episodio.

Fui sin convicción a ver este remake de una película mejicana, No se aceptan devoluciones (2013), al parecer la cinta más exitosa de la historia del cine mejicano, “bizarra y tronada mezcla entre el humor cómico charro a lo Cantinflas y el melodrama folletinesco”, según Fausto Fernández. Y lamentablemente, mi “a priori” falta de fe en la película, se hizo firme a la salida. Veamos, el joven director Hugo Gélin hace lo que buenamente sabe hacer, que no es mucho, con un guión sensiblero para lacrimales fáciles, escrito por un tropel de autores donde además del propio Gélin, están Mathieu OullionJean-André Yerles, adaptación de una historia mejicana (a la que he aludido antes), igualmente multiautor de Guillermo RíosLeticia López MargalliEugenio Derbez. En fin, es una película sin mucha entidad que lo que mejor sabe hacer es narrar un cuento ya contado otras veces que versa sobre la farsa que un buen padre mantiene con su hija a fin de que ésta mitifique a su madre, siendo que la tal madre huida, por mediación de las artes informáticas de papi, se haga presente en el correo electrónico de su hija que cree que su madre es una espía y que por eso no puede ir a verla. Igualmente, la cinta guarda una dolorosa verdad que me permito no contar por si alguno de vosotros/as va a ver la “peli”.

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La película sabe utilizar la “buena” onda de un Omar Sy que casi siempre hace lo mismo; y junto a él, una niña muy maja que sabe afrontar la cámara, o sea, la negrita Gloria Colston, que resulta graciosa y resuelta; al igual que el compañero de fatigas, el productor cinematográfico en el film, que interpreta con interesante vis cómica Antoine Bertrand; y al lado, como actriz en el rol de la mamá perdida y hallada, una deficiente Clémence Poésy que parece salida de un cuadro flamenco, inexpresiva y en un papel poco perfilado. Acompañan otros artistas aceptables como Karl Farrer, Anna Cottis, Susan Fordham, Phelim Kelly, Richard Banks, Attila G. Kerekes, Andy Mihalache, David Lowe, George Johnston, John Heartstone, Sian Altman, Alexandra Kiss y Claire Aston.

Está bien la música de Rob Simonsen (con lo mejorcito del soul y algún que otro ingrediente actualizado) y correcta fotografía de Nicolas Massart. Escenarios franceses y londinenses bien y aceptable puesta en escena.

Es una de esas películas realizadas y programadas para hacer taquilla, o sea, para ser exitosa ante el gran público. Se me ocurre decir que peores son las de violencia, sexo estúpido o cacharrería. Mas no quita para que en la obra se haga un uso abusivo, desde mi modo de ver, del “tópico, la arbitrariedad de su pátina de falsa espectacularidad, su consideración del ternurismo y el buen rollo” (Costa); y todo ello en aras a golpear el bajo vientre sentimental de un público que seguramente gusta de estos golpes y del sentimentalismo fácil. Pero “ni utiliza como modelo el humor más popular y primitivo galo, ni su parte melodramática posee esa exacerbación presente […] a mitad de camino en ambos terrenos, como si supiera que el gusto mayoritario del público (al menos el francés) es el de la corrección” (Fausto Fernández). Y así es, que el film lo pueda ver todo el mundo sin tener que enrojecerse lo más mínimo. Los productores han decidido que la película ha de ser ante todo y sobre todo, popular.

La cosa, ad initio, va de un hombretón juerguista y mujeriego, para proseguir con un hombre, reconvertido por la paternidad comprometida, en un ser responsable, comedido y entregado de pleno a su hija. Esto resulta un poco empalagoso a la par que creíble a medias en un guión con fisuras. Otra falla del libreto que yo veo estriba en el abuso de la sensiblería ‘simplex’ que quiere hacernos aterrizar en el dolor de corazón, en mi caso sin conseguirlo. Y el tercer desliz es la previsibilidad; todo cantado. El resto es Sy y niña simpática.

En fin, soltero, biberón, humor amable, tópicos a gogó, hecha con escasa convicción, un poquito de paternidad, pizcas de dolorcete, buenrrollismo, y un Sy que al parecer tiene su público: ¡qué le vamos a hacer! (lejos quedan los Poitier y Cia).

Película que trata de salvar un drama trenzado de comedia, yuxtaposición pues de risas y lágrimas, con dudoso resultado, “tono inestable y fluctuante” (van Hoeij), y un irregular ritmo con episodios a veces tiernos cual anuncio de yogures de fresa en TV, lo justo para los más impresionables. Poco más.

Tráiler: https://www.youtube.com/watch?v=0I3Jr-b0G_Y.

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