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Película para ver una docena de veces

Por Enrique Fernández Lópiz

Rebelión a bordo (Mutiny on the Bounty) es el título de la primera parte de la trilogía sobre el Bounty escrita en 1932 por Charles Nordhoff (1887-1947) y James Norman Hall (1887-1951), basada en la historia real del barco de nombre Bounty y su tripulación, en 1789. Un barco comandado por el severo William Bligh.

Es uno de esos filmes que aguantan el paso del tiempo. En él se cuenta el desventurado viaje en barco a la búsqueda del árbol del pan en Tahití, para llevarlo a Jamaica. El barco, está al mando del capitán Bligh (Trevor Howard), que dirige con mano de hierro la nave, infligiendo numerosos castigos y vejaciones a la tripulación. Es un personaje autoritario, de carácter acre, que ha llegado a su graduación con esfuerzo y tesón, más que por méritos intelectuales, y que aplica una disciplina que le lleva a excederse en sus funciones de mando. Como contraparte, un teniente procedente de la nobleza, Fletcher Christian, culto, sensible, coqueto, tolerante, protagonizado por Marlon Brando ocupara el segundo papel de mando. Ya desde los inicios, la antipatía entre ambos es manifiesta. El capitán Bligh ve en su segundo a un señoritingo fino y con suerte, en contraste con su rudeza y su condición de hombre al que le ha costado mucho llegar donde está.

Tras un penoso viaje, el barco fondea en Tahití para recoger plantas del árbol del pan. El lugar es una especie de paraíso terrenal donde la marinería encuentra la felicidad y el solaz tras meses de recorrido cruel y difícil por las condiciones del mando y los elementos naturales de la mar en plena tormenta. Un paradisíaco lugar con frutos tropicales, y unas tribus que incluyen mujeres bellísimas, que los reciben con los brazos abiertos y todo tipo de agasajos.

Con reticencia de parte de los hombres que estaban felices en Tahití y no querían marchar de allí por nada del mundo, y ya de vuelta a Jamaica, de nuevo los excesos y la tiranía del capitán Bligh llega a un punto álgido de brutalidad. Es una situación insostenible que desencadena un motín encabezado por el primer oficial Fletcher Christian. Fletcher decide imponerse, destituir al capitán Bligh y hacerse con el mando del buque. Bligh y los suyos son embarcados en un bote y lanzados a su suerte. A partir de aquí el buque irá con destino a ninguna parte, dada la gravedad de lo sucedido, más aún en la marina británica que perseguirá por todos los mares al sedicioso barco Bounty y su insubordinada tripulación. La película acabará trágicamente como podrá ver quien tenga la suerte de poder disfrutarla.

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A pesar de las elogiosas palabras que ahora dedicaré a este gran film, quiero advertir que hay una versión anterior de una envergadura cinematográfica superior, con un Oscar a la mejor película en 1935 y considerada entre las 10 mejores películas por la National Board of Review (NBR). Me refiero al film La tragedia de la Bounty (Mutiny on the Bounty) (1935), dirigida por Frank Lloyd, con guión de Talbot Jennings, Jules Furthman y Carey Wilson basado igualmente en la trilogía The Bounty Trilogy (Mutiny on the Bounty, 1932; Men Againts the sea, 1933; Pitcairn´s Island, 1934), escrita por Nordhoff y Hall como antes decía. En la película hay actores antológicos de la época como Charles Laughton y Clark Gable.

Mas yendo a la que aquí nos trae, es mi parecer que Lewis Milestone dirige con genialidad y gran oficio esta película vertebrada por un guión de Charles Lederer, también basado en la mencionada trilogía. Es un guión muy bien escrito, con pulso y tensión a veces extrema. Tiene además una fantástica fotografía de Robert Surtees y una música muy buena de Bronistau Kaper.

El capítulo de las interpretaciones merece un punto y aparte con una grandiosa interpretación de Trevor Howard, que se mete de lleno en el papel de capitán déspota de la Bounty (para mí el mejor), y que une a sus dotes interpretativas, una cara de pocos amigos que le confiere un realismo agrio perfectamente interpretado, hasta el punto de que a cualquier espectador acaba repugnándole el personaje. Marlon Brando está excelente, quizá un poco sobreactuado, pero magistral. Es muy importante otro de los principales papeles que borda igualmente un novel Richard Harris, que hace un trabajo perfecto en el rol de marinero insurrecto que desencadenará el motín. Quiero recordar a Tarita, que hace una suave y delicada interpretación en el papel de Maimiti, indígena Tahitiana. Igualmente, los actores secundarios hacen una armoniosa y dramática interpretación en la historia con artistas como Hugh Griffith, Richard Haydn, Percy Herbert, Duncan Lamont o Gordon Jackson entre otros.

En su curriculum están, en 1962. 7 nominaciones al Oscar, incluyendo película, montaje, fotografía color. Globos de oro: 3 nominaciones, incluyendo mejor película–Drama.

Es una película dura en la que se ensalzan los valores del honor, el arrojo, la justicia, la piedad y tantos otros que se van perfilando en oposición a la tiranía, la intolerancia, la crueldad y la malignidad encarnada en el capitán Bligh. Y es que cuando uno está interiorizado de la película, siente en todas sus células la necesidad de aquellos hombres de rebelarse para mantener un mínimo de dignidad ante tanto despropósito y tanta arbitrariedad: REBELIÓN, porque hay cosas que un hombre no debe tolerar.

Y aquí cabe hacer una reflexión de tono psicológico. El padre del llamado Análisis Transaccional, el psiquiatra canadiense Eric Berne (1910-1970), refirió cuando hablaba del funcionamiento de la personalidad, que hay un estado del Yo que él denomina Niño Adaptado Rebelde, que es un estado anómalo, no OK, caracterizado por la rebeldía al modo “negativista”, es decir, cuando se lleva la contra a todo y se hace oposición por norma, amén de poner impedimentos como norma habitual. Esta es una posición personal insana que habla de probables conflictos con las figuras de autoridad. Pero también advierte Berne y yo mismo lo ratifico, que a veces las circunstancias constituyen una situación “psicotóxica”, tal el caso de los contextos donde predomina una profunda injusticia, autoritarismo y arbitrariedad. En esos casos, ante una disciplina irracional y tiránica, la respuesta natural es un comportamiento de “rebeldía técnica”, o sea, de oposición supervivencial que surge cuando el ambiente de iniquidad se hace irrespirable e incluso peligroso para la persona. Y esto es lo que narra de manera espléndida y trágica esta película. De forma que para la marina los insurrectos serán unos delincuentes e incluso asesinos, pero el espectador queda aliviado cuando Brando decide encabezar el motín y lanzar fuera al déspota Bligh.

La vi no hace mucho, tras varias veces vista. Yo creo que este es un film que se puede visionar con deleite muchas veces, una obra que no cansa. Tanto la trama, como la fotografía, las impresionantes tomas de la navegación en momentos de gran dificultad cuando atraviesan el Cabo de Hornos, los paisajes, el retrato de un mundo idílico (Tahití), la música, junto a las magistrales interpretaciones, hacen de Rebelión a bordo un clásico de la cinematografía que yo aconsejo de todo punto.

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