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Película muy agradable y una Coixet en plenitud

Por Enrique Fernández Lópiz

En Aprendiendo a conducir Wendy (Patricia Clarkson) es una escritora de Manhattan que decide sacarse el carné de conducir mientras su matrimonio se disuelve. Para ello toma clases con Darwan (Ben Kingsley), un refugiado político hindú de la casta sij que se gana la vida como taxista e instructor en una autoescuela.

No me cabe ya ninguna duda de que Isabel Coixet sabe darle su propio sello a películas que incluso son de encargo y realizadas en los EE.UU. Pero la Coixet tiene su singularidad, su calidad y su impronta. Dirección magnífica, con un gran guión de Sarah Kernochan, que ha sabido conjugar lo sencillo y lo hermoso. Excelente fotografía de Manel Ruiz y un bonito fondo musical oriental.

El reparto es excelente y ha y sobre todo un nivel genial en sus dos protagonistas: Ben Kingsley y Patricia Clarkson, que son entrañables y convincentes; y los secundarios son igualmente brillantes: Grace Gummer, Sarita Coudhury, Jake Weber, Samantha Bee, Daniela Lavender, Matt Salinger y Michael Mantell.

Como decía, Isabel Coixet, a quienes le reconocemos su cine (La vida secreta de las palabras, 2005; Mapa de los sonidos de Tokio, 2009; o Ayer no termina nunca, 2013, entre otras), hace un cine que es de ella y que se diferencia de otros, con críticas de toda índole pero que no pasa desapercibido. Pues bien, la Coixet sabe comprometerse con un encargo, como es esta película, y darle su estilo sin imponer su marca a toda costa, o sea, la Coixet no es ella misma, pero lo hace con elegancia y dejando el rastro de su fragancia. Eso implica hacer equilibrismos y aunar arte, oficio y mucho buen gusto. Y es como para que nos congratulemos pues como escribe Ocaña: “… sin inventar nada, tampoco resulta obvio en su desenlace y logra lo que pretende: un aquilatado trabajo de refinamiento emocional a base de miradas, sensibilidad, luz y calma.”

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Dicen que en presentación del film en Toronto, Isabel Coixet la comparó con Mi vida sin mí de 2003, aquella película que seducía y hacía llorar y de la que ella misma dijo que era«un drama con toques de humor». Pues bien, ésta, según Martínez aspira su reverso: «una comedia con toques de drama». Y continúa Martínez muy acertadamente así:Es comedia sin coartadas, sin justificaciones, sin falsas modestias. Una eléctrica Patricia Clarkson y un hierático Ben Kingsley se dan la réplica en un ejercicio desinhibido de oficio, diálogos con cintura y moraleja al fondo. Ella es rica e infeliz; él, emigrante pobre y triste. Lo que sigue es un simpático, efectivo e inteligente ajuste de cuentas y aspiraciones sociales. Tan íntimamente Coixet que se diría fuera de Coixet.”

Me gusta mucho la contraposición entre la cultura norteamericana, tan dada a trivializar las relaciones afectivas o amorosas con comportamientos tipo atletismo sexual, aquí te cojo aquí te mato, imágenes porno, etc.; y el anverso, la actitud respetuosa de un sij, o sea, todo un señor con sus tradiciones, su singular religión fundada por Gurú Nanak (1469-1539), monoteísta y con su tradicional turbante como seña de identidad. Un hombre cortés en todo momento con Wendy, consejero de ella que pasa por un mal momento, haciéndole ver la vida en su medida justa y cómo ella, al final de su relación alumna-profesor de conducción, pero también de cariño, le dice: tú eres mi fe.

Y en el mismo sentido la relación de Darwan con su reciente esposa, a la que respeta y ama y cuida y hace concesiones, etc. La filosofía que él le explica sobre su matrimonio convenido desde la India y que él entiende como un matrimonio que es bueno para él. O sea, hay, como otras veces en Coixet, el asunto de la interculturalidad, pero como siempre en un tono de respeto e incluso de admiración en el mejor sentido para la cultura oriental. Dos culturas y también dos caracteres contrapuestos en la historia que, en el film, acaban por encontrar algo que los une.

Finalmente, pues las cosas hay que cerrarlas en un punto, cualquiera se da cuenta de le preferencia de la Coixet por las mujeres. De nuevo los personajes femeninos hacen gala de un mayor protagonismo, sentido común e incluso inteligencia que sus homólogos masculinos que, salvo Darwan, no salen muy bien parados. Las mujeres se constituyen, tanto la protagonista y amigas, como el sector femenino oriental de la esposa de Darwan y sus amigas, en un bloque más entero, creíble y conjuntado. El ex marido, el amante esporádico, etc., resultan patéticos, ligando el uno a jovencitas, el otro haciendo alardes sexuales, etc.

Isabel Coixet utiliza los mecanismos argumentales de forme digna y relajada, nunca intenta hacer pasar a su película por lo que no es. ¿Y qué es? Pues en resumen es una obra muy agradable de la que se sale con un buen sabor de boca y algo más de fe en la humanidad, optimista y dirigida con gran oficio por parte de su directora.

Yo la recomiendo, y mucho.

Tráiler aquí: https://www.youtube.com/watch?v=Fh5oyGeBTus.

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