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Película melindrosa que se salva por la música

Por Enrique Fernández Lópiz

La película El coro (Boychoir) cuenta la historia de un niño de once años de edad (Garrett Wareing), con problemas importantes: madre soltera, bebedora, despreocupada de su crianza y otras lindezas. En un momento dado, la madre, único precario sostén de su vida, fallece en un accidente de coche. Es entonces cuando avisan a su desconocido padre, que siempre ignoró a ese hijo, y que en la actualidad tiene una esposa y unas hijas. El tal individuo asiste al entierro y en vez de hacerse cargo del chico, tira de talón y lo interna en una afamada escuela de canto donde existe una estricta educación musical y donde hay un importante coro infantil, un coro de prestigio internacional. En esta Escuela de la Costa Este, el joven tropieza, a la vez que aprende, con el severo maestro del coro de la escuela (Dustin Hoffman).

François Girard dirige de nuevo la vieja historia del niño marginado pero con un gran talento, pero que tiene que enfrentarse a su trágica vida personal. En este caso, Stet es un niño indisciplinado pero de voz divina que llama la atención de Carvell, un afamado profesor de música coral. Hasta aquí nada que objetar, en principio. Entonces ¿cuáles son los inconvenientes y los pros de esta cinta?

Por empezar cualquiera que haya visto Los chicos del coro, película de Christophe Barratier de 2004, podrá observar sus equivalencias. Sin embargo, ni en los créditos ni en ningún lugar se hace la mínima mención a esta excelente obra cinematográfica que es sin duda notablemente superior en todo sentido a esta, y además multipremiada, algo que no creo que suceda con esta cinta de Girard. Por lo tanto ya partimos de una falta de reconocimiento a quien sin duda ha inspirado esta película. Algo no reconocido implica cierta manipulación de la narración y el montaje, y una “aproximación” al plagio, pues premeditadamente oculta información.

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De otro lado, el director François Gerard, el canadiense enamorado de la música, que desde Sinfonía en soledad: un retrato de Glenn Gould (1993) hace gala de ello; pues bien, Gerard en este film adolece de valentía pues como escribe Cortijo: bien podría haberse desmelenado un poco más con su primera película en siete años, y no conformarse con adornar su reconocible armazón, desde Dickens a Joselito.” Es decir, Gerard hace un planteamiento convencional que aporta poco o nada con su sensiblera película. El guión de Ben Ripley es manido e insustancial, lleno de tópicos y despropósitos y al que se le ven los entresijos casi desde el principio. Lo que quiere decir que es una historia sin mucha emoción, o sea, previsible. La música de Brian Byrne va intercalando piezas de Händel, Benjamin Britten, Gabriel Fauré y Thomas Tallis, entre otros, lo cual es un valor sustancial en este film. Buena fotografía de David Franco, una fotografía de tenue luz, perfecta para los ambientes próximos a lo místico que retrata, lo cual que ilumina el relato: ¡estupendo!

En cuanto al reparto tenemos a un jovencísimo actor, un efebo muy bello que es Garrett Wareing y que hace un meritorio papel en la obra, con solvencia, honestidad actoral a pesar de su juventud y aguantando su nivel ante un as de la escena como Hoffman; este joven es probable que dé que hablar en el futuro. Luego tenemos a Dustin Hoffman que no está mal, más contenido que otras veces o tal vez más mayor, resulta muy aceptable su trabajo. Y acompaña un elenco de primera calidad con Kathy Bates (excelente como la directora del Centro: ¿la recuerdan en Tomates verdes fritos?), Eddie Izzard (muy bien como el eterno segundón), Kevin McHale (gran papel de profesor ayudante que sobresale entre las dos principales figuras Wareing y Hoffman), Josh Lucas (bien, como padre arrepentido), Debra Winger (siempre en su sitio), River Alexander, Erica Piccininni, Grant Venable, Mackenzie Wareing y Jordan Fango.

En fin, creo que la película tiene buenas trazas en lo que corresponde a la excelente puesta en escena, obra de su director Girard. También nos habla de la superación familiar, social y artística plan moralina que a alguien le puede servir (sobre todo el esfuerzo y la vocación que supone la actividad musical). Y lo que más se agradece es la música: el oído del espectador se engrandece con cada nota de las bellas partituras corales.

Pero por otra parte no me ha agradado esa explícita voluntad sentimentaloide dirigida al lagrimeo del respetable, aunque la verdad, creo que sin mucho éxito, pues las escenas resultan poco verosímiles y con dificultad para empanizar con los asistentes a la sala. Ahora bien, no hay que negar que la película esté hecha con oficio, a la vez que cuenta con actores curtidos que han levantado otras obras con experiencia y estilo propio. Por lo tanto el reparto es un gran valor, como ya he apuntado. Lo cual, unido a la espléndida selección musical, acaba siendo, a pesar de lo que llevo dicho, un metraje agradable para entretener una tarde de viernes o sábado; de domingo, no. Como dice Rodríguez: Pertenece a ese género de películas estimulantes, de esas que es mejor verla que no.”

Hay algo que no quiero obviar pues resulta ser una rémora del film, desde mi modo de ver. Step, Hoffman y la música son indispensables para mantener el metraje a flote. Pero en ocasiones y sorpresivamente para aquellos a quienes nos gusta el cine, se observa la triste circunstancia de cómo algunas subtramas y personajes, como el del vergonzante padre biológico del niño, sobran totalmente, pues nada positivo aportan a la narración. Incluso da la impresión de que esas subhistorias han sido introducidas con calzador para conferir al relato una superflua tensión y ocasionar giros argumentales gratuitos a cada tanto.

En fin, lo que si veo es que algún sencillo volteo argumental, podría haber devenido en mayor sorpresa e interés, lo cual que habría beneficiado el resultado final. No seré yo quien recomiende esta película, salvo para quien quiera escuchar unas bonitas notas cantadas por niños y a la vez, desee que su corazón palpite con más sensibilidad en este mundo tan frío y desapegado en que vivimos.

Película correcta en su ejecución, con sus errores y desvaríos, pero de fácil digestión. Y con un final apoteósico: en un bello marco catedralicio, suena el Mesías de Händel: ¡por Dios! ¡Si hasta acaba bien el cuento!

Tráiler: https://www.youtube.com/watch?v=lMWl6-mlDD4.

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