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Película maravillosa

Por Enrique Fernández Lópiz

Aunque parezca mentira, hace añares que quiero ver Matar a un ruiseñor y nunca lo pude hacer por unas u otras razones. Pero hace algún tiempo, ¡oh casualidad!, en el décimo aniversario de la muerte de Gregory Peck la pusieron en TV. Y la vi, la vi de cabo a rabo y disfruté cada minuto de filmación y me ratifiqué en mi idea de que hoy ya no se hacen películas de estas características y hermosura. Y tomé notas, y heme aquí escribiendo unas líneas para este film encantador del que tantas y tan bonitas cosas se pueden decir. Pero seré sucinto, claro.

La historia es una adaptación de la novela de Harper Lee, To Kill a Mockingbird, que fue Premio Pulitzer en 1960 y ya un clásico de la Literatura moderna norteamericana. Además, la novela está inspirada en las observaciones de la autora sobre su familia y sus vecinos, así como en un incidente ocurrido cerca de su ciudad natal, Monroeville (Alabama), en 1936, cuando tenía 10 años de edad.

La historia narra los acontecimientos en Maycomb (Alabama), una población ficticia del sur de EE.UU. en plena época de la Gran Depresión. Atticus Finch (Gregory Peck), un abogado de provincias, a indicación del juez le toca defender de oficio a un hombre negro acusado de haber violado a una mujer blanca llamada Mayella Ewell. Aunque muchos de los pobladores de Maycomb no están de acuerdo en que lo haga, Atticus acepta defender a Tom de la mejor manera posible. Y aunque nada lo incrimina de manera fehaciente, el veredicto de un jurado compuesto por blancos es tan previsible, que sólo el respetado abogado y ciudadano Finch puede abordar con mediano éxito esta tarea imposible, antes de que condenen al pobre muchacho negro. Y efectivamente, Atticus Finch hace una valerosa y emotiva defensa del acusado que le granjea enemistades en el pueblo, pero le hace ganar el respeto y la admiración de sus dos hijos pequeños, huérfanos de madre.

Hay que mencionar especialmente al productor, Alan J. Pakula que contra la opinión de una gran mayoría de la industria del momento, creyó en el poder de la historia de Lee y convenció al director Robert Mulligan, de la corriente del «Nuevo cine americano», a poner manos a la obra: ¡este es el importantísimo rol de los productores! Visión y… arriesgar money. Sirva como ejemplo que el equipo artístico y escenográfico se encargó de construir en los estudios de la Universal Pictures en Hollywood, una versión del decorado del pueblo donde se desarrolla la película, con treinta edificios, que costó más de 225.000 dólares de la época, ¡una fortuna!

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A modo de comentario que enriquece estas palabras, se dice que la novela, y por ende la película, trata temas polémicos como la violación y la desigualdad racial, o sea el racismo, pero es igualmente ensalzada por su calidez y humor.

El protagonista de la historia Atticus Finch, padre de la narradora, la pequeña Scout Finch de seis años de edad, que vive con su hermano mayor Jem, ha servido de ejemplo moral para muchos lectores y espectadores, y a modo de ejemplo de integridad para los letrados de todo el mundo.

Un crítico explicaba el impacto de esta novela escribiendo: «En el siglo XX, Matar un ruiseñor es el libro más leído sobre el tema racial en Estados Unidos, y su protagonista, Atticus Finch, es la imagen de ficción más duradera del heroísmo racial.»

El film tiene una dirección maravillosa de Robert Mulligan; un excepcional guión de Horton Foote basado en la mencionada novela de Harper Lee (guión oscarizado); fotografía nítida y preciosa, en blanco y negro, de Russell Harlan. Este film tiene una atmósfera difícil de conseguir, pues contiene imágenes que quedan grabadas en la retina por su perfección para siempre; se trata, así, de una cinta con una fuerza visual deslumbrante. Además, tiene una muy meritoria dirección artística (que valdría otro Oscar). Y la genial interpretación de Gregory Peck sumó otro Oscar en su momento, tres en total.

Igualmente llamativas son las interpretaciones de los niños Mary Badham y Phillip Alford, que en cierto modo son los auténticos protagonistas del film, pues son ellos, sobre todo la hija, quienes ponen los ojos y la voz a la historia. Hay otro niño genial, John Megna, sin olvidar a Brock Peters en su conocido papel de Tom Robinson, el negro encausado. Y magníficos también Frank Overton, Rosemary Murphy y Robert Duvall en el misterioso papel Arthur “Boo” Radley, un joven que ha pasado la mayor parte de su vida recluido en casa de sus padres, que sólo sale por las noches para evitar el sol y a quien la gente teme como una especie de “hombre del saco”… salvo los niños que acaban sintonizando con él.

Cuentan que en el rodaje del film, la primera escena mostraba a Atticus (Gregory Peck), de regreso de su despacho de abogado, mientras sus hijos corrían a recibirle. La escritora Harper Lee que estaba en el set de rodaje, rompió a llorar tras finalizar la escena. Entonces Peck le preguntó: ¿Por qué lloras?. Lee le explicó que le había recordado a su difunto padre, el modelo en quien se inspiró para crear el personaje de Atticus Finch. Peck, incluso, tenía un poco de barriga redondeada, como la de su padre, según LeeEso no es barriga, Harper, le respondió él, es una gran actuación. ¿Qué tal? Emotivo, ¿verdad? Cuentan que Peck conoció al abogado y padre de la escritora, Amasa Lee, un hombre íntegro que había defendido en la realidad a un convicto negro. Lamentablemente Amasa, ya octogenario, falleció antes de poder ver finalizada la película.

En 1962 obtuvo los siguientes premios y nominaciones: 3 Oscars: Mejor actor (Gregory Peck), guión adaptado, dirección artística. 8 nominaciones. 3 Globos de Oro: Entendimiento internacional, actor (Gregory Peck) y BSO. 5 nominaciones. Festival de Cannes: Nominada a la Palma de Oro (mejor película). Premios David di Donatello: Mejor actor extranjero (Gregory Peck).

En el año 2007, el American Film Institute (AFI) incluyó el filme en el puesto número 25 en una lista de las cien mejores películas estadounidenses de los últimos cien años.

La película es un cántico a la honestidad y al civismo en una época oscura de racismo, intolerancia e ignorancia, donde un hombre viudo y sus hijos se convierten en adalides de los más desfavorecidos, la gente de color –sobre todo- y los trastornados psíquicos, encarnado en el personaje de Arthur “Boo” Radley al que antes me refería (un Robert Duvall de 31 años), que acaba jugando un decisivo papel en la historia.

Una película aleccionadora y bella, emotiva y tierna. Una película que nadie con sensibilidad debe dejar de ver. La mera presencia y genial interpretación de Gregory Peck ya es suficiente, pero la película tienen mucho más. Es un cántico a la vida, a la vida tal como es, incluidos sus aspectos terribles. Pero como le dice Atticus a su pequeño hijo: querría evitarte que vieras estas cosas (tremendas) de la vida, pero es algo que no se puede impedir.

En resumen, es un excelente ejemplo de adaptación literaria que a través de una dirección templada y un gran reparto con Peck a la cabeza, logra hacer realidad sin efectismo y con rigor, una reflexión dramática sobre una realidad social injusta, asfixiante y excluyente; todo ello desde una mirada sencilla, desde la ternura de unos ojos infantiles que le dan al film una pátina onírica, tierna, terrible y aventurera a la vez. Un diez para este film eterno y una recomendación: no tardes tanto en verla como yo.

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