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Película injustamente tratada y que hundió a una productora

Por Enrique Fernández Lópiz

En La puerta del cielo, Averill e Irvine han terminado sus estudios universitarios en la Universidad de Harvard en el verano de 1870. Transcurridos veinte años, ambos viven circunstancias muy diferentes. Mientras Averill se ha convertido en un individuo mayor y circunspecto, y hace las labores de “Marshall” federal. De otro lado Irvine es un bebedor empedernido que ha arruinado su vida y su salud con el alcohol, si bien mantiene todavía la cabeza en su sitio; además pertenece a la asociación Stock Growers Agricultores, que está implicada en un serio conflicto.

Esta película la vi hace poco en TV y me gustó un tanto –sobretodo el principio- y otro tanto no me gustó. Me parece que Michael Cimino no lleva bien las riendas de la dirección ni del guión. Se salvan la música de David Mansfield y la fotografía esplendorosa de Vilmos Zsigmond. Gran dirección artística.

En cuanto a los actores, Kris Kristofferson va sobrado con una espléndida actuación llena de matices, aunque su personaje es bastante hueco; John Hurt, es demasiado histérico con sus borracheras permanentes; e Isabelle Huppert, la prostituta a la que todos aman, queda un poco sosa y deslucida. Jeff Briges cumple bien; y acompañan con buen oficio Sam Waterston, John Hurt, Mickey Rourke, Brad Dourif, Terry O´Quinn, David Mansfield, Ronnie Hawkins, Joseph Cotten, Paul Koslo y Tom Noonan, todos actores y actrices de primera línea.

En 1981 tuvo los siguientes premios y nominaciones. Nominada al Oscar: Mejor dirección artística. Festival de Cannes: Nominada a la Palma de Oro (mejor película). Premios Razzie: Peor director. 5 nominaciones, incluyendo peor película y guión.

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Por lo demás, el fracaso comercial del film parece que hundió en la ruina a la productora United Artists (UA), que fue comprada al año siguiente por otra “major”, la Metro-Goldwyn-Mayer (MGM).

En cuanto a su mensaje, resulta ser políticamente incorrecto, pues define a EE.UU., no como un país acogedor y abierto a oportunidades para todos, sino racista y que no quería inmigrantes en su supuesta tierra de promisión. Tal vez eso también influyó en su fracaso, pues a los norteamericanos no les gusta que les canten las cuarenta de este modo tan silvestre.

Ahora bien, lo que sin duda no es justo, es el rosario de malas críticas, ni tampoco el fracaso de público. Tal vez sea un film que no se hizo en el momento oportuno o con el director pertinente, vete a saber, pero no es como para hundir a una productora y menos aún para haber sido nominada a los premios Razzie. Sin embargo, parece que muchos estamos despabilando y viendo este film en su justa medida de obra que tiene su enjundia y su maestría. Aunque yo no dejo de pensar que peca de pretencioso y autocontemplativo.

Creo que, si hacemos un poco de análisis social y cultural del momento, cabe decir que en los ochenta, el público no pedía más filmes comprometidos ideológica o políticamente. En mi opinión, en los setenta ya se había cubierto el cupo de este tipo de cine pues hubo una saturación de películas cargadas de ideología. Entonces, la siguiente década pedía más distracción, un producto más banal, algo más digerible, menos profundo, películas que no te sacaran cabizbajo de la sala, películas tipo Stars Wars o similares. Además, tampoco el western crepuscular interesaba ya demasiado por esos entonces. La conclusión es que Cimino no era el hombre para esa época, ni tampoco este era su film. Aunque hoy ya se empieza a revisar esta visión de La puerta del cielo.

En resumen, creo que ha sido una película maltratada y que es mejor de lo que se dijo en su momento por parte de crítica y público; película a tener en cuenta, con un gran reparto, gran factura plástica, fuerza visual por una fotografía preciosista y una excelente puesta en escena.

Pero para decir todo lo que pienso, la película tal vez adolezca de coherencia, de hilván, es como que en ocasiones la acción salta sin sentido, como que faltaran partes de film quizá por un exceso de tijera, y por eso algunos pasajes resultan incomprensibles. Además tiene un metraje excesivo de nada menos que 219 minutos: ¡cerca de cuatro horas! Demasiado.

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