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Película grandiosa que conviene ver de vez en cuando

Por Enrique Fernández Lópiz

Hacía tiempo que no veía la mítica película Los diez mandamientos. La vi por vez primera en mi más tierna infancia. Me llevaron a verla en Madrid mis hermanos mayores. Y nunca olvidaré el tremendo dolor de cabeza que me produjo esta obra. Fue la primera jaqueca de la que tengo registro, pero no porque la película sea un ladrillo, ni mucho menos. Más bien porque para un niño tan pequeño, los 219 minutos de metraje, amén de los acontecimientos tan tremendos que narra, no creo que sean los contenidos ni la duración más idónea. Luego la he visto, entera o parcialmente, varias veces más: ¡gran superproducción sobre un personaje muy importante!

Película épica dirigida y producida por Cecil B. DeMille, filmada en VistaVision y distribuida por Paramount Pictures. Si DeMille hace la superproducción de su vida, el guión de Aeneas MacKenzie, Jesse L. Lasky Jr., Jack Gariss y Fredric M. Frank (que tomaron prestadas algunas de las ideas del historiador judío fariseo Flavio Josefo) dramatizan la historia bíblica de Moisés, drama bíblico ambientado inicialmente en el Antiguo Egipto, que cuenta la historia de Moisés (Charlton Heston), el favorito de la familia del faraón, que no obstante sus prebendas decide renunciar a su vida de privilegios para conducir a su pueblo, los hebreos que trabajaban esclavizados en Egipto, hacia la libertad y la Tierra Prometida.

Moisés es un personaje controvertido, a medio camino entre el mito y la Historia. La vida de Moisés es narrada en la Biblia, específicamente en la Torá (primera parte del Tanai; y en el Pentateuco -Libros del Éxodo, Levítico, Números y Deuteronomio-, todos pertenecientes al Antiguo Testamento). El texto bíblico narra cómo Moisés lideró la salida de los judíos de Egipto y recibió los Diez Mandamientos de manos de Yahveh en el Monte Sinaí. En realidad no se puede pedir historicismo al capítulo del Éxodo, pues está cargado de alegoría, más allá de su valor moral o religioso. En esta obra se afirma cómo emigraron cerca de un millón de hebreos de Egipto, cifra a todas luces improbable de la que no queda indicio alguno arqueológico o documental. Tampoco se nombra al faraón, lo cual que no se sabe cuál pudo ser “el Faraón del Éxodo”. De manera que la película, más que en lo histórico, apuesta por el drama y la epopeya, amén de poner el nombre de Ramsés II al faraón de esta película, idea muy discutible.

Hay por cierto tres interesantes ensayos sobre esta figura, obra de Sigmund Freud, con el título Moisés y la religión monoteísta, escrito entre 1934 y 1938, obra audaz e imaginativa en la que Freud, a un paso de la tumba, sostiene entre otras, que Moisés no es judío, sino que fue un egipcio que transmitió al pueblo hebreo el monoteísmo del faraón Akenatón. Según las ideas freudianas, los judíos habrían asesinado a Moisés, abandonando la religión que éste les había entregado, olvidando este hecho de forma colectiva. Al cabo de un tiempo, cuando posteriormente este recuerdo reprimido aflora a la superficie, es cuando tiene su origen el pueblo judío y su religión. Bueno, hago este inciso para que entendamos que estamos ante un personaje discutido, aunque venerado por judíos, cristianos e incluso musulmanes.

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Volviendo a la película, ésta fue rodada en Egipto, el Monte Sinaí y la Península del Sinaí. Los diez mandamientos es la última y más exitosa película dirigida por DeMille, y es una versión parcial de su película muda del mismo título rodada en 1923. Cuenta con uno de los sets de filmación más grandes en la historia del cine, y en su momento fue la película más cara realizada al momento de su estreno.Recaudó más de sesenta y cinco millones de dólares en los EE.UU. Es considerada la sexta película más taquillera de todos los tiempos, con un total ajustado por inflación de más de mil millones de dólares.

Tiene una música de gran nivel del gran Elmer Bernstein. Brillante fotografía en color, sobre todo para su época, de Loyal Griggs. E igual una excelente puesta en escena, vestuario y grandiosidad por doquier.

El reparto corre a cargo de enormes actores y actrices de Hollywood. Protagoniza el papel de Moisés un hombre de talla y gran estrella en su momento, que está esplendoroso, el gran Charlton Heston que hace un trabajo sobre el personaje que ha pasado ya a los anales del cine de todos los tiempos. Está igualmente solemne y excelso Yul Brynner como Ramsés II. Anne Baxter bellísima y estupenda como Nefertiti. Edward G. Robinson magnífico como Datán. La mítica Yvonne De Carlo es Séfora. Debra Paget muy bien en su rol de Lilia. John Derek borda al personaje de Josué. Completan el reparto Sir Cedric Hardwicke como Seti; Nina Foch como Bitia; Martha Scott como Yochabel; Judith Anderson como Memnet; Vincent Price como Baka; y cierra el reparto John Carradine. Los actores están todos al nivel de la superproducción que interpretan.

En 1956 ganó un Oscar a los mejores efectos especiales y además obtuvo seis nominaciones: a la mejor película, mejor dirección artística, mejor fotografía, mejor montaje, mejor sonido, y mejor vestuario. La escena de Moisés abriéndose paso por el mar Rojo es considerada por muchos críticos como clásica en la historia del cine. Además, fue nominada al Globo de Oro: Mejor actor drama (Charlton Heston). National Board of Review: Mejor actor (Charlton Heston).

Estamos ante un drama bíblico algo kitsch, con un exceso de teatralización por parte de un deslumbrante reparto de estrellas hollywoodienses. He comprobado, que a pesar de sus valores innegables y de ser ya un icono de la cinematografía universal, el film no ha envejecido bien, comparado con otras obras de la época.

Hay momentos y escenas míticas en el film, como cuando millares de esclavos hebreos arrastran la enorme estatua del Faraón, con las pirámides y el rojo paisaje del antiguo Egipto al fondo. Los carros del nuevo Faraón (Yul Brynner) saliendo de la ciudad, flanqueada por las gigantes estatuas de los conocidos Leones a lado y lado. La lengua de fuego que frena el avance de la caballería egipcia. Cuando se abren las aguas del Mar Rojo, que es ya una escena que ha pasado a la Historia del cine E igual cuando las aguas se cierran sepultando a la caballería egipcia. El momento en que, sentado el Faraón junto a su esposa, dice: “Su Dios, es Dios” (momento es electrizante y mágico). Moisés ante la zarza ardiente que es Dios. La escena cuando Dios con su mano escribe las Tablas de la Ley. La escena en que Moisés lanza desde arriba de la montaña las Tablas de la Ley sobre el rebelde y pecador pueblo de Israel. El plano final en que Moisés, con la mano alzada, se despide de su pueblo. En fin, instantes memorables para una película grande que siempre merece la pena volver a visionar.

Como escribiera Fernando Morales: “Uno de los más conocidos y alabados filmes históricos de todos los tiempos. Cecil B. DeMille ya había abordado la historia en plena efervescencia del cine mudo, pero la que realmente ha pasado a la historia ha sido esta versión sonora que encierra una de las mejores interpretaciones de Charlton Heston. Un reparto lleno de estrellas y un amplio despliegue de medios para un filme mítico”. Se puede decir más alto, pero no mejor.

Estimado lector, te estoy comentando una película de las que ya no se ruedan, un gran espectáculo cinematográfico, grandiosa, emotiva, una obra que no deja mal sabor de boca a nadie, pues está rodada de un modo exquisito; y sigue atrayendo a miles de espectadores después de más de medio siglo desde su estreno.

Tráiler aquí: https://www.youtube.com/watch?v=fbTJW1TQmMQ.

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