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Película excesiva en todo sentido

Por Enrique Fernández Lópiz

Acabo de venir de ver Interstellar con tan buenas críticas y elogios y a mí, la verdad, me dolía ya el trasero y un poco la cabeza de tanta Física cuántica, Física de partículas, agujeros negros, cuasi Teología y búsqueda de planetas alternativos, para evacuar a la población terrestre del horroroso caos que impera en nuestro planeta, que lo hará inhabitable en breve tiempo. A lo Stephen Hawking desde su Cátedra de Cambridge.

Y todo esto de la ciencia-ficción y el futurismo está muy bien, yo no lo dudo, y en realidad este film tiene unas críticas magníficas a las que yo no voy a contradecir pues para gustos los colores. Además, no es stricto sensu una película de ciencia ficción, sino que como apunta Oti Rodríguez, esta obra es un “territorio difícil de definir y que abarca la fantasía, la astrofísica, el génesis y el apocalipsis, el melodrama familiar, la intriga aterradora y la epopeya homérica, la teoría de la relatividad, la gelatina del tiempo, los agujeros de gusano, las angustias de Odiseo y los tejemanejes de Penélope”. Y yo coincido plenamente, es un poco/bastante excesiva en sus pretensiones.

Pero un amante del cine, no puede decir de lo bueno malo o viceversa. Es cierto que a mí este género de ficción no me agrada mucho. Y los viajes espaciales, menos. Sólo guardo un gran recuerdo por su fotografía y su realismo de la película de Alfonso Cuarón Gravity de 2013, en 3D, que me pareció una proeza y una experiencia visual y visceral, y también una maravilla técnica.

El británico Cristopher Nolan hace una buena dirección de este film, con un guión traído de los pelos del propio Cristopher Nolan junto a su hermano Jonathan Nolan, que pretenden ofrecer en una visión apocalíptica del mundo, amén de soluciones sustentadas en la física y la metafísica, con viajes intergalácticos incluidos. Me parece evidente la admiración de Nolan hacia Kubrick y su 2001: Una odisea del espacio de 1968; y también hay algo de: A.I. Inteligencia artificial, 2001 de Spielberg. Importante música de Hans Zimmer y una excelente fotografía de Hoyte van Hoytema.

El reparto es de lujo con Matthew McConaughey muy bien en su papel de Cooper, audaz astronauta y héroe de la aventura espacial, con la complicidad de Jessica Chastain como la adulta Murphy Murph Cooper; y otra pareja con el enorme Michael Caine como el Profesor Brand, padre de Amelia Brand interpretada muy bien por Anne Hataway; Bill Irwin es la voz de TRAS; John Lighgow es Donald; Casey Hafflek como el adulto Tom Cooper; Davi Gyasi como Romilly; Matt Damond muy bien como el Dr. Mann; Wes Bentley es Doyle; Mackenzie Fov de joven Murph; Timothée Chamalet como joven Tom; Topher Grace es Getty; Davis Ovelowo director de la escuela de Murph; y Ellen Burstyn la anciana Murph. Es decir, un equipo actoral de primer orden.

En esta película, cuando se ve que la Tierra está tocando a su fin, un grupo de astronautas, exploradores del inmediato futuro a la cabeza del piloto Cooper (McConaughey) y la científica Amelia (Hathaway), deciden acometer la empresa más importante en la historia humana, esto es, emprender un viaje fuera de nuestra galaxia en el que deben descubrir si otros planetas o estrellas podrían cobijar el futuro de la especie humana.

Para este film se ha contado con el asesoramiento de científicos como el físico teórico Kip Thorne, que colaboró en garantizar para que las representaciones de los agujeros de gusano y de la relatividad fueran lo más precisas posible. Thorne dijo: “Para las representaciones de los agujeros de gusano y el agujero negro hablamos sobre cómo hacerlo, y luego me puse a trabajar en las ecuaciones que permitían el rastreo de los rayos de luz, ya que viajaban a través de un agujero de gusano o alrededor de un agujero negro -así que lo que ves está basado en las ecuaciones de la relatividad general de Einstein”. Por lo tanto, aunque la película sea ciencia ficción, no obstante tiene un sustento teórico aproximado de lo que podrían ser las realidades y futuribles que describe.

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La complejidad del contexto complejo que trata el film hizo que Christopher Nolan estuviera preocupado para que la representación científica de un agujero negro pudiera ser visualmente comprensible para el público. Esto requería que el equipo de efectos alterara su apariencia haciendo la tal representación un poco menos realista; pero finalmente, Nolan encontró el efecto comprensible manteniendo perspectivas de cámara consistentes. “Lo que encontramos fue que no cambiando el punto de vista demasiado, la posición de la cámara, conseguir algo muy comprensible“.

Colaboraron también otros científicos como el astrobiólogo David Grinspoon, y sobre todo el equipo de efectos especiales y cámaras como el caso del supervisor de efectos visuales Paul Franklin y un equipo de treinta artistas de efectos de ordenador en Double Negative.

La conclusión es una cinta rodada con todo lujo de detalles, que quiere aproximarse a las realidades virtuales que pretende visualizar y en ese sentido, nada prácticamente hay que objetar, pues los recursos, además de asesorados científicamente, son técnicamente impecables.

Otro asunto es el tema de un futuro cercano, cuando la Tierra ya no es capaz de sostener a la humanidad, los cultivos están siendo devastados por plagas y tormentas de polvo y la gente de la NASA precisa colonizar nuevos planetas en otra Galaxia, a la que se accede a través de un agujero negro descubierto en la órbita de Saturno. A partir de ahí la historia se torna interesante pero para mi gusto le falta sentimiento, o sea, que a mí me aburre un poco/bastante todo el viaje intergaláctico y tanto juego con los conceptos espacio-tiempo, y en los que la relatividad y la teoría de partículas empiezan a convertir el film en un cóctel mitad pseudociencia, mitad historias supuestamente de amor, también adobado con cargas de filosofía bizarra y una espiritualidad “apuntada” y traída por los pelos. Yo sé que a muchos espectadores esto les gusta, pues encuentran probablemente en obras así, la manera principal para reflexionar un poco sobre la vida, la existencia de otros mundos e incluso una explicación aparentemente científica del fenómeno religioso (“El amor nos salva de todos los males”), los fantasmas y otras realidades desconocidas para el ser humano. Y cómo Dylan Thomas suena de maravilla en la voz de Michael Caine: “No vayas tan confiado esa noche / Odio, odio contra la muerte de la luz” (poema que transcribo entero al final).

Podría considerarse esta película, como dice algún crítico, como un slalom a través de estimulantes agujeros negros espacio-temporales, producto de la febril imaginación de Nolan; o una manera de reflexionar sobre el género humano. Y efectivamente, para quien le vayan estas historias, esta será su película: una aventura cósmica, bella y audaz, con buenas dosis de surrealismo y unas hebras de onirismo para que la paella salga más o menos sabrosa. Pompa versus ingenuidad, ciencia y amor, efectos especiales y aceptables interpretaciones, la búsqueda del alma en las ecuaciones físicas. Todo eso y más. Lo cual incluye, al menos en mi caso, que en sus 169 minutos las posaderas se me resintieran.

Hay algo que apunta Boyero, cuando se interroga de si se entiende bien la abusiva jerga científica del film. Yo francamente creo que no. Y esto es algo obvio, pues toca asuntos que nos desbordan y para los cuales a día de hoy no hay respuesta. Se capta de qué va la historia, claro: hombres que han abusado del planeta, que han destruido los recursos de la Tierra y que se ven obligados a salir pitando porque la cosa no da para más. Entonces, los desahuciados terrícolas tienen que viajar a otros lugares, como recientemente insiste el eminente pero también errático Stephen Hawking, quien afirma que los próximos cien años serán “la verdadera era espacial”; y afirma igualmente que: “La humanidad desaparecerá si no coloniza otros planetas”; e incluso va más allá y asevera que en cincuenta años, “estaremos viviendo en la luna y camino a Marte”. Y dice igual el eminente físico de Cambridge que “… además, si no somos capaces de colonizar nuevos planetas, la raza humana se enfrentará a una extinción inminente por la sencilla razón de que la Tierra no podrá alimentarnos a todos […] Nuestro planeta es un viejo mundo, amenazado con una población cada vez mayor y con recursos finitos. Debemos anticipar esas amenazas y tener un plan B”. O sea que Hawking estaría con Nolan y viceversa.

Acuerdo con Boyero que la temática de la película tiene su punto de pasión e interés, pero siempre que “… el narrador logre tu íntima conexión con ella. No es mi caso. Siento respeto por esta película, pero no amor”. Para mí no se puede decir mejor lo que sentí al salir de la sala; acepto todos los méritos que se quieran al film, pero no me conmovió, no me hizo vibrar, ni siquiera dio para que hiciera muchas reflexiones, e incluso me cansó.

Para mí hay filmes más mundanos, a veces entre cuatro paredes, hombres y mujeres en danza con sus problemas, sus amores y sus temores, sus conflictos y alegrías, a veces con tintes dramáticos, otras en plan comedia, que me dejan cavilando en el mejor de los sentidos, más que veinte agujeros negros y una docena de sondas espaciales, con todo el peso de la Teoría dela Relatividad o el Principio Gravitatorio encima.

Y ya que en la película se recitan unos versos de este poema del genial poeta galés Dylan Thomas, aquí va el poema completo, al final de mis comentarios.

No vayas tan confiado esta noche

No vayas tan confiado esa noche,
la vejez quemara y delirara al final del día
Odio, odio contra la muerte de la luz.

Aunque los inteligentes saben al final que la oscuridad esta bien,
Porque sus palabras no van por las ramas ellos
No van confiados esa noche.

Los hombres buenos, los que quedan, lloran por lo brillantes
Que sus delicadas hazañas podrían haber danzado en la verde bahía,
Odio, odio contra la muerte de la luz

Los hombres salvajes que alcanzan y cantan al sol en vuelo.
Y aprenden, demasiado tarde, que ellos se afligieron a su manera
No van confiados esa noche.

Hombres importantes, cerca de la muerte, que ven con vista ciega
Ojos ciegos que pueden arder como los meteoros ser felices,
Odio, odio contra la muerte de la luz.

Y tú, mi padre, ahí en tu alta tristeza,
Maldice, bendice, a mí ahora con tus fieras lágrimas, ruego,
No vayas confiado esa noche.
Odio, odio contra la muerte de la luz.

Dylan Thomas (1914-1953)

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Comentarios

  1. Miguel Ávalos

    Para ser alguien a quien estas pelis no le van, le has dedicado a Interstellar una crítica brillante Enrique, en algunos aspectos mejor que la mía, puesto que has aportado datos muy interesantes acerca de otros críticos y también especialistas en la matería y asuntos que esta película aborda.

    Y si señor, Christopher Nolan, un Director a quien tengo en muy alta estima, se informó y aseguro de consultar a expertos dado que quería que la espctadora/el espectador experimentasen algo muy cercano a la pura realidad, no solo para un futuro que, ojalá nunca llegue, pero esta ahí, al acecho, amenazante. Por otro lado también para lo que son los planetas, agujeros de gusano etc

    Todo un puntazo también que hayas puesto el poema de Dylan Thomas, ya lo creo

    Mis felicitaciones por tan creativa y completa crítica Enrique, pues también expones cómo ven las distintas personas este film.
    Yo me quedo con el primero puesto que adoro el género de la Ciencia-Ficción

    Un abrazo!

  2. Enrique Fdez. Lópiz

    Eres además de un crack, un cinéfilo importante y un amigo del ramo, Ávalos. Un abrazo

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