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Película en dos fases: una genuina y otra impostada

Por Enrique Fernández Lópiz

Acabo de visionar la película Lion, un drama en toda regla vinculado al complejo tema de la adopción. Teniendo un inicio que promete interés, un interés centrado en el tema social: Tercer Mundo, la India, los niños explotados y los peligros que acechan a la infancia; poco a poco se va deslizando por la pendiente del más puro drama, que incluso quiere incitar la lágrima, lo cual dudo que consiga pues el recorrido de la obra se torna bastante previsible e incluso plomizo en el segundo tiempo del film.

En la historia, basada en un caso real, un niñito de cinco años de nombre Saroo Brierley, acompañando a su hermano para un eventual trabajo, acaba perdido en las calles de Calcuta a mil seiscientos kilómetros de su casa, después de un largo e inopinado viaje en tren. Tras riesgos y penalidades, el niño acaba siendo adoptado por un matrimonio australiano. Pero transcurridas dos décadas y con la ayuda de Google Earth, Saroo hace ímprobos esfuerzos para reencontrar a su familia biológica.

Lion lo que relata es la odisea equinoccial de un pobre niño primeramente perdido; adoptado después; y que finalmente se reencuentra de nuevo con su familia de origen, ya de adulto. Todo esto habla del inevitable vacío cuando no se conoce de dónde venimos. Esa vivencia del “no saber” quiénes somos o nuestra procedencia, sí es un asunto peliagudo que sobreviene a menudo en las adopciones y que el film claramente apunta, si bien de manera un tanto superficial.

El director Garth Davis (a quien no se puede calificar de debutante dada su ficha créditos en series de TV) hace su entrada en el cine con una apuesta que en principio parece haber armado bastante revuelo, siendo que se ha colado, impulsada por la maquinaria propagandística de Harvey Weinstein, en las principales nominaciones a los Oscar. Davis lleva con corrección técnica la cinta, pero se ve que le falta experiencia para acompañar con sapiencia y bien hacer, una historia que antes de la mitad del film en adelante, se le va de las manos. La primera parte es correcta y Davis sin exceso dramático y un buen uso de las elipsis, construye una narración honesta y fuerte de un niño que en lamentables condiciones de pobreza e infortunio acaba perdido. En esta parte apenas hay música, predominando los ruidos de la calle, de los trenes, el griterío de la muchedumbre. Pero cuando llega la parte que se desarrolla en Australia, cuando ya han transcurrido veinte años de adopción con unos padres amantísimos, la cinta se vuelve más convencional: más música, más pena y la llamada del joven por sus raíces; la búsqueda de la madre y todo eso que podemos imaginar, lo cual persigue forzadamente contactar con el respetable para invitar al sollozo o “puchero”, en lugar de hacer un análisis más complejo de la historia, “la mejor muestra es ese epílogo con imágenes de los personajes reales, el momento justo en el que la película se acaba apartando de su territorio natural, el cine, para convertirse en una ONG” (Ocaña).

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Es Luke Davies quien adapta la novela autobiográfica de Saroo Brierley, A Long Way Home (2013), construyendo un libreto que acaba pecando de obviedad con una trama que en la parte final incluso se hace tediosa. Está bien la música orientaloide de Volker BertelmannDustin O’Halloran, y buena la fotografía de Greig Fraser, junto a una excelente puesta en escena.

Entre los actores yo destacaría a Dev Patel, que hace un trabajo meritorio y convincente a la hora de transmitir con sensibilidad y delicadeza, esa sensación de desconcierto interior y dolorosa pérdida de quien fue separado de su familia; y también interpreta con calidez al Saroo en su época estudiantil en la Universidad. Resulta impresionante la naturalidad del niño Sunny Pawar en el rol de Saroo de pequeñito; su cara, sus maneras y su bien hacer son seguramente un don del niño, bien dirigido y encauzado por Davis. Está superlativa, la mejor para mí, una Nicole Kidman en plena madurez que dota de credibilidad y sentimiento el personaje de madre adoptiva sufriente y preocupada por sus hijos. Muy bien y bonita Rooney Mara, la novia amorosa y comprensiva del joven. Y acompañan estupendamente David Wenham (como el padre adoptivo), Nawazuddin Siddiqui, Tanishtha, Deepti Naval, Priyanka Bose y Divian Ladwa.

Premios y nominaciones en 2016 (a fecha de hoy: 08/02/17): Premios Oscar: 6 nominaciones incluyendo mejor película y actor secundario (Patel). Globos de Oro: 4 nominaciones, incluyendo Mejor película drama. Premios BAFTA: 5 nominada, incluido mejor actor secundario (Patel) y Actriz secundaria (Kidman). Festival de Toronto: 1ª finalista Mejor película. Critics Choice Awards: 6 nominaciones, incluyendo Película y Actor sec. (Patel). Satellite Awards: 5 nominaciones, incluyendo Película y Guión adaptado. Sindicato de Productores (PGA): Nominada a Mejor película. Sindicato de Directores (DGA): Mejor nuevo director. Sindicato de Actores (SAG): Nominada actor secundario (Patel) y actriz secundaria (Kidman). De impresión. Sin duda desmedido.

Esta película habría podido ser una reflexión en profundidad de la pobreza moral de un despiadado mundo que queda impertérrito ante tanta injusticia social, tanta pobreza, hambre, mal trato infantil y a todo nivel, desigualdad e injusticia generalizada, y que pese a tener noticia de ello a diario en prensa, radio, Internet o TV, nada hace por solucionarlo. Pues bien, lo penoso es que Davis abandone esta veta de denuncia para reconvertir el film en el trauma de un adolescente que siente la llamada de la India y de su familia y al que le hierve la sangre, lo cual que no para hasta encontrarse de lleno con su pasado, etc. Esto es lamentable. Ya sé que hay a quien le gustan estas cosas, estos dramones, pero desde mi modo de ver, lo que hubiera podido ser todo un film acusatorio, deviene edulcorado y complaciente.

Es más que probable que esta obra de Davis esté buscando el aplauso del público e incluso si puede, algún premio de Hollywood, pues desde luego, lo que “podría ser una tragedia, es uno de esos melodramas que saben dónde y cómo colocar las agujas en el alma del espectador como si fuera un acupunturista chino” (Oti Rodríguez). Lástima que el director olvidara lo que en su comienzo prometía una exposición desoladora y auténtica del pobre niño perdido en una oscura jungla inhumana y cruel.

Quiero en este punto mencionar tres películas que abordan la adopción con singular interés y que fueron comentadas por mí en estas páginas. Haré hincapié en la última, por relatar una trama equivalente a la de este film. La primera de estas películas, siguiendo un orden cronológico, es de 2002 y lleva por título El protector. En este film de Martyn Burke, una mujer casada y con un hijo ignora que su familia, que ella cree biológica, es una familia de adopción. Su padre real es Angelo Allighieri (interpretado por Anthony Quinn), un importante mafioso que antes de morir encarga a su hombre de confianza que cuide de esa hija que él no reconoció. Se destaca en el film el sentimiento de culpa de un padre que a última hora corrige el desliz de antaño con su hija legítima. La segunda es una película muy interesante de 2013 y de título Philomena, obra de Stephen Frears que narra la vida real de una mujer irlandesa, Philomena Lee, que tras quedarse embarazada cuando era una adolescente, se vio obligada a dar a su hijo en adopción. La cinta habla de la desesperada búsqueda de su hijo durante cincuenta años, de esa madre abnegada y buena. Una historia dramática desde una visión magnánima, muy interesante de ver. Y la tercera, que como digo me ha recordado mucho al film que estoy comentando y que en la temática de la adopción me gustó mucho más, es de 2014 y lleva por título Rastros de sándalo. Este film  de la catalana María Ripoll situado en la India, igual que la película que estoy comentando, cuenta la historia de dos hermanas huérfanas en que la mayor de ellas, de 12 años, se ve obligada a dejar a su pequeña hermana en un convento de monjas pues corre gran riesgo la niña de ser matada, dado que en esa cultura a una niñita sin padre se le supone un nefasto futuro. La niña es adoptada por un matrimonio de Barcelona. Con el tiempo, la hermana mayor, convertida en una afamada actriz de cine en Bolywood, decide buscar a su hermana menor. Y la encuentra en la Ciudad Condal. Cuando se ven cara a cara, la joven se muestra esquiva, no quiere saber nada pero entra en una especie de shock. La hermana mayor retorna a la India y ella, la pequeña pero ya adulta, comenzará entonces un viaje interior, exterior también, en busca de su verdad identitaria, con la ayuda un inmigrante indio que vende películas de Bollywood y del cual se enamora. Con él iniciará una aventura a la par que una historia de amor, que la llevará a sus orígenes. Esta obra sí aborda la temática con un gran tacto y a la vez con un fondo y una envergadura que supera, según mi parecer, este film Lion.

En resumen, película que va de más a menos, de la vitalidad narrativa de los primeros minutos, para querer imponer en la segunda parte una suerte de afectación emocional con “discursos temblorosos sobre la grandeza de la familia y la adopción” (Salvá). Pero todos sabemos que la cosa no es tan sencilla. Un poliedro no puede quedar convertido en una escueta línea recta.

Tráiler: https://www.youtube.com/watch?v=-RNI9o06vqo.

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Comentarios

  1. Alejandro Arranz

    Muy buen artículo compaňero. Este aňo las nominadas al Oscar son casi todas bastante flojas; una pena.

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