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Película de un sabio guerrero, sin pegar un tiro

Por Enrique Fernández Lópiz

Película excelente del director Robert Montgomery, con guión de enorme valor de Frank D. Gilroy y Beirne Lay Jr., música de Roger Wagner y fotografía de gran calidad en blanco y negro de Joseph MacDonald.

El reparto es de excelencia. Destaca en el papel principal de almirante Halsey el gran actor James Cagney, que lleva el peso de la historia. Pero le acompañan en un alarde de interpretaciones actores como Dennis Weaver, Ward Costello, Vaughn Taylor, Richard Jeckel, Les Tremayne, Walter Sande, Karl Sweenson, Leon Lontoc, Robert Burton, Carleton Young, Raymond Bailey, Harry Landers, Richerd Calvie, Jame Yagi, James T. Goto y Carl Benton Raid. Como digo un grupo de actores a cual mejor y que junto a Cagney pilotando las interpretaciones, conjuntan un equipo creíble y que sintoniza con el espectador.

Se trata de una película de guerra sin guerra, un film sobre los entresijos del ejército de EE.UU. en el Pacífico sur, en 1942, al mando de de William F. “Bull” Halsey, quien recibe una orden de enorme responsabilidad: debe encontrar y destruir al ejército japonés para salvar Guadalcanal. Los hombres de Halsey se encontraban  bajos de ánimo y medios, y temiéndose lo peor, hasta que el almirante Halsey reconstruye la situación, les va dando ánimos casi uno por uno a todos los oficiales, y finalmente se lanzan a la caza de un enemigo cada vez más próximo y amenazante al tiempo que Guadalcanal se tambalea.

Menuda película me he visto. Me ha gustado mucho. La verdad es que nunca había visto una película sobre la segunda Guerra Mundial sin apenas disparos ni enfrentamientos. Cagney hace un papel magistral y la angustia suya en su fuero interno por la situación que están viviendo sus tropas, así como la valentía, también el miedo o el arrojo de sus hombres, se filtra en cada escena y en cada diálogo. Además, es muy efectiva la voz de un relator que va comentando qué fue del futuro de algunos de aquellos soldados: unos murieron, otros ascendieron militarmente u otros hicieron carrera política en el futuro tras la contienda. Esa voz va cantando el porvenir de aquellos luchadores por la libertad en tierras muy lejanas a la suya. A propósito, una de las frases del almirante Halsey es cuando afirma que una de las cosas de las que está convencido es de la importancia de la libertad: “ser libres antes que esclavos”, viene a decir. Y para los que son jóvenes, hemos de situarnos en una guerra donde funcionaba el eje Berlín (Adolf Hitler), Roma (Benito Mussolini) y Tokio (con el Emperador Hirohito y sus fanáticos acólitos), versus el mundo de las democracias occidentales, sin olvidar la encarnizada lucha del frente oriental con la URSS a la cabeza, contra los alemanes. Por eso, el film no me pareció propagandístico, sino un fiel retrato de lo que fue la realidad de una generación que puso el cuerpo por nuestras libertades, para que no fuéramos cautivos de las perversas dictaduras de antañazo.

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William Frederick Halsey, Jr. (1882-1959) fue un hombre muy importante en la armada de los EE.UU.,  y uno de los artífices que contribuyó a ganar la guerra del Pacífico. Halsey se encontraba en alta mar, en su buque insignia el USS Enterprise, cuando tuvo lugar el ataque japonés a Pearl Harbor, ataque que decidiría la declaración de guerra de EE.UU. al imperio nipón. Durante los seis primeros meses de la guerra, sus portaaviones tomaron parte en diversas operaciones contra las islas ocupadas por los japoneses, así como en la famosa Incursión Doolittle. En este punto enfermó y transfirió el mando a Raymond Spruence que participó en la famosa batalla de Midway. Pero en 1942 se reincorporó, justo en el momento crítico de la campaña de las islas Salomon, período en el cual Halsey fue nombrado comandante en jefe del teatro de operaciones del Pacífico sur (ComSoPac), sustituyendo al vicealmirante Robert L. Ghormley, antes de la batalla de las islas Santa Cruz. Tras conquistar Guadalcanal en febrero de 1943, continuó su fulgurante carrera llegando a ser testigo del momento en que el Japón firmó su rendición, ceremonia que se efectuó en su propio buque insignia, el USS Missouri, el 2 de septiembre de 1945 en la Bahía de Tokio. Ascendido al rango de Almirante de Flota en diciembre de 1945, Halsey se retiró del servicio activo en marzo de 1947.

El caso es que para las semblanzas biográficas de sus grandes héroes (de guerra), los americanos se las pintan solas, lo cual me parece bien, de manera que este film es una réplica según mi información, bastante fiel de los sucesos que acontecieron y en los que participó Halsey en Guadalcanal.

Yo diría que es un film muy bueno, donde se masca la tragedia de la guerra, con el elemento curioso de que apenas hay sino anecdóticos bombardeos que ni se ven, o sea, que no hay acciones bélicas sonadas. Se hace un tratamiento intimista de la guerra, en el interior de las oficinas y cuarteles, donde Halsey tiene que tomar sus decisiones cruciales y de enorme responsabilidad para la victoria norteamericana en esa zona del mundo. Además, resalta la figura de Halsey como un mando muy comprometido con sus hombres de confianza y con la tropa en general. Sus decisiones eran medidas, pero a la vez tomadas con la prontitud de los acontecimientos, de forma inteligente e intuitiva. Era Halsey temido por sus adversarios, los altos mandos japoneses, por su talento para la guerra en el mar. Y de otro lado, sus propios hombres también lo admiraban y respetaban, pues hablaba con todos y a todos los implicados en alguna operación, les consultaba su parecer, o sea, que trabajaba en equipo y abierto a todas las opiniones, sobre todo la de quienes se iban a jugar la vida.

A mí me ha parecido una gran película de guerra sine guerra, con un James Cagney que se luce en el papel del alto militar Halsey, con experiencias vividas en combate, experiencias que le hicieron saborear y conocer en profundidad las contingencias de la vida en situaciones límite. Un hombre “sabio” con sus hombres y en el “arte de la guerra”; no olvidemos que “sabiduría” y “sabor” tienen la misma raíz. La palabra saber viene del latín sapere (tener inteligencia, tener buen gusto); así, saber, sabiduría o sabio, al igual que sabor, saborear o sabroso tienen la misma raíz: sapere. Bueno, hago esta digresión para advertir al lector de este comentario que el enorme actor que fue Cagney, hace a las mil maravillas el papel de militar sabio y comprensivo con sus subordinados. En un episodio, a un oficial abrumado por la responsabilidad del mando, le hace llegar la idea de que “no hay grandes hombres, sino grandes acontecimientos y retos a los que se enfrentan los hombres y que hay que superar”. Ni que decir tiene que el oficial toma insight, o sea, se le hace la luz, se le ilumina la mente y entiende el mensaje, lo cual que decide continuar en su puesto para el que había pedido el cese.

Concluyendo, creo que se trata una película bien dirigida, con un buen guión, que ensalza, claro, la figura del héroe, pero lo hace desde un punto de vista no solo militar sino humano, con un cuadro de actores excelentes encabezados por Cagney, y todo ello, sin pegar un tiro.

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Comentarios

  1. Jaro

    La ví hace la tira de años y tu artículo me ha dado ganas de volverla a coger en el videoclub. Rezo para que la tengan, jeje.

    • Enrique Fdz. Lópiz

      Muchas gracias por tus palabras, ojalá en cuentres la película. Cordiales saludos. Enrique FL

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