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Película de obligado cumplimiento

Por Enrique Fernández Lópiz

Hay películas que se quedan grabadas a fuego por el impacto dramático, la temática, su calidad y también, por qué no, por la época en la que uno las vio. Pues bien, una de esas película, que yo considero verdaderamente un icono, es El graduado, una obra potente, de excelencia en todo sentido y con una temática a modo de prisma que conforme se avanza en edad y experiencia, va aportando matices de luz y sentidos diferentes a cuando uno la vio en plena juventud o yo diría mejor, en mi caso, en plena pubertad.

El film trata la historia de Benjamin Braddock (Dustin Hoffman) quien tras acabar sus estudios universitarios, vuelve a casa. El joven Braddock no es muy amigo de las fiestas y saraos que montan sus padres para recibirlo tras su brillante graduación, pues es un joven que va contra la hipocresía y la corrupción de la sociedad burguesa que lo rodea. En esta tesitura, Benjamin intenta evitar estas reuniones sociales, pero la señora Robinson (Anne Bancroft), una amiga de la familia, logra seducirlo y convertirlo en su amante. Pero al poco, Benjamin conoce a Elaine (Katharine Ross), hija de la señora Robinson, y se enamora perdidamente de ella. Cuando sale a la luz este sentimiento y la hija descubre el pastel entre Benjamin y su madre, Benjamin se encuentra solo y abandonado. Pero aun así, luchará para ver a Elaine y expresarle su amor a toda costa. Hay que añadir un elemento un tanto misterioso, algo que el argumento esconde. Una historia oculta que toca al enamoramiento súbito de Elaine y a Benjamin, la cual historia parece conocer bien la Señora Robinson, y que supuestamente fue el origen de la prohibición que ya le había hecho a Benjamin de que no viera a Elaine, y su oposición posterior a la relación entre ambos. Sobre esta historia no se dice nada en el film, resultando una especie de misterio. Algunos apuntan la idea de que Elaine fue concebida en un auto, historia que sí se cuenta, lo cual habría precipitado que el matrimonio de los Robinson hubiera sido fruto de una boda sin amor. En fin, a partir de estos acontecimientos la trama se precipita por derroteros donde el drama y el romance se entremezclan.

Esta sería una de esas historias de la que hoy se diría que es “fuerte”, pero que en su momento, cuando se estrenó se habría dicho, aunque entonces no se utilizaba el término, que era “fuertísima”, sangrante incluso. A veces me pregunto cómo en aquellos entonces, en plena era franquista, en la primavera de 1969 se estrenó este film en España.

Magnífica película dirigida por Mike Nichols (que venía de dirigir la adaptación de la obra teatral de Edward Albee ¿Quién teme a Virginia Woolf? en 1966), con un tenso ritmo narrativo muy interesante y dinámico, e incursionando en la conflictiva y los avatares de los años sesenta en los EE.UU. con gran lucidez. Nichols con los dos geniales filmes, ¿Quién teme a Virginia Woolf? y el que aquí comento, se consagró como director de notable talento para la comedia agridulce y sentimental.

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Acompaña un gran guión del por aquel entonces primerizo Calder Willingham junto a Buck Henry, basado en la novela homónima de Charles Webb, una obra con una prosa atrapante y un lenguaje claro, por lo que no resultó difícil su adaptación al cine. Enorme director de fotografía Robert Surtees; y qué decir de la música de Simon & Garfunkel, que fue disco de oro con su archiconocida Mrs. Robinson y sobre todo The sound of silence; desde que se iniciaba esta canción de inmortales y cautivantes notas, nos adentramos en la ofuscada cotidianeidad de Benjamín, un joven sin aspiraciones y envuelto en el acoso constante de los adultos, de sus padres, de los amigos de estos, y en especial de Mrs. Robinson, mujer insatisfecha y madre de familia que busca algo más que una mera aventura; una mujer que siente que se le escapa la juventud y quiere saborearla por última vez, porque para ella representa la libertad y la felicidad inconsciente que no tuvo ocasión de experimentar cuando fue su momento.

Las interpretaciones son todas de gran nivel, destacando un inspirado Dustin Hoffman que se estrenaba en el cine y que tras este su primer film, se convirtió en estrella indiscutible de Hollywood. Muy interesante igual Anne Bancroft que además de su brillante interpretación es una mujer muy bella: Y tampoco desmerece la bonita Katharine Ross que sintoniza a la perfección con Hoffman. Como dato curioso diré que cuando se rodó la película, Dustin Hoffman tenía 30 años, Katharine Ross 27 y Anne Bancroft, 36. Lo que choca, pues en el film, las diferencias de edad son pretendidamente mayores, cuando en realidad Katharine Ross tenía sólo nueve años menos que su madre y Hoffman sólo seis menos que la Bancroft.

Hay un dato que me parece importante. Aunque posteriormente la productora MGM compró los derechos de exhibición y se hizo con la película, en principio fue el productor Lawrence Turman quien puso el poco dinero que tenía, mil dólares, y compró los derechos de autor al novelista Webb, más otro tanto que aportó Mike Nichols, y así se rodó una película de autor, rompedora y de bajo coste.

Una agridulce comedia generacional en la que un tímido joven mantiene relaciones sexuales poco menos que incestuosas con la neurótica y alcohólica madre de la que será su novia. Mike Nichols toma esta situación como pretexto para reflexionar sobre la confusión vital de la juventud en una época histórica puntual, la interiorización de roles y la incomunicación social y familiar. Hoffman traza el desaliento y la desidia de toda una generación. Un film jocoso, irreverente, y magnifico.

En 1967 recibiría numerosos premios y nominaciones. Así: Oscar Mejor director. 7 nominaciones. BAFTA: Mejor película. 5 Globos de Oro, incluyendo Mejor película – Comedia o Musical. 7 nominaciones. Círculo de Críticos de Nueva York: Mejor director.

Como decía, en su momento fue una película rompedora, con el tema sexual de por medio, tabú por aquel entonces, y la enorme crítica a la sociedad burguesa norteamericana, muy correcta de puertas para afuera pero llena de conflictos, infidelidad, adulterios, alcoholismo y basura de puertas para adentro. De esta guisa, la cinta fue todo un escándalo para la América en aquellos entonces en los que gobernaba Lindon B. Jonhson, heredero tras el asesinato de John F. Kennedy, magnicidio que como es sabido puso fin a un intento de auténtica revolución social, política y de costumbres en la sociedad norteamericana.

Cada vez que vuelvo a ver esta película la disfruto, me alegra, y me hace tener vibraciones de otros tiempos no tan lejanos, sentimientos diversos y complejos, y un mejor entendimiento de lo que ocurre en la pantalla, liberado ya de tantos tabúes y prejuicios. Como apunta Boyero: Sospecho que a una inmensa mayoría de los espectadores antiguos o nuevos de esta joya cómica y sentimental nos aparece una sonrisa al recordarla. Todo es gozoso en El graduado, los encuentros adúlteros entre la inolvidable, elegante, sensual, sabia, borracha y amarga señora Robinson (maravillosa Anne Bancroft) con ese chaval en el que todo es incertidumbre y asfixia, las emocionantes canciones de Simon y Garfunkel, la creación de Hoffman, la potencia cómica, mordaz y lírica de esta comedia perfecta.” Y así es, ni más ni menos.

En resumidas cuentas, se trata de un icono de la filmografía de todos los tiempos, una película inteligente que consigue meternos en la piel de un joven desorientado entre ricachones hombres de negocio, hijo de una familia bien, agobiado por las expectativas que padres y amigos depositan en él. Y es también creíble y se mete en la médula la actitud de la señora Robinson, mujer amargada, alcohólica y con un nefasto matrimonio a cuestas, que busca una tabla de salvación en el ocaso de su juventud con el joven graduado. En resolución: si no la han visto, piensen que es una película de obligado cumplimiento que a cualquiera con un mínimo de sensibilidad, gusta.

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