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Película de humor negro y profundos mensajes

Por Enrique Fernández Lópiz

Vi esta película: Harold y Maude (1971) en su estreno y me dejó una huella importante por dos razones: primero por su comicidad, propiamente de humor negro, satírico y original; segundo por la maravillosa música de Cat Stevens. Desde entonces no la volví a ver, hasta que por cosas del azar, hace poco la pude a visionar de nuevo y para mi sorpresa, observé que me sigue gustando y resultando muy instructiva, y ahora iré desgranando las razones de ello.

La película cuenta la historia de un joven de buena familia pero salud frágil, Harold (Cort), con una madre fría, descuidada y absorbente (Pickles) que no aporta ningún tipo de afecto a su hijo y cuyo empeño principal es casarlo a toda costa. De su parte, Harold es un muchacho necrófilo, macabro, siniestro, taciturno, y obsesionado y aficionado a todo cuanto rodea a la muerte. Tan es así que incluso conduce un automóvil con el diseño de los que se utilizan en los entierros, o sea, un coche deportivo pero tipo “coche de muertos” con su parte trasera para un ataúd y de color negro. El pasatiempo favorito de Harold es simular suicidios, sobre todo para llamar la atención de su madre. Estos intentos de autolisis en forma de ahorcamiento, harakiri, disparo con arma de fuego, etc., los interpreta sobre todo ante las pretendientes que su madre le busca y que las hace salir huyendo a todo gas a la vista de escenas tan terroríficas. Se entretiene visitando cementerios y presenciando funerales y entierros de personas desconocidas. En uno de esos funerales conoce Maud (Gordon), de 79 años, una viuda alocada, vitalista, alegre y fantasiosa. Maude, cuyo nombre completo es Marjorie Chardin, es de origen austriaco y superviviente de un campo de exterminio nazi durante la IIGM. Con ella, Harold pasa increíbles y divertidas historias, se enamora perdidamente y pretenderá contrae matrimonio cuanto antes. Pero la historia tiene previsto un final diferente que nos deja un motivo para la reflexión.

El siempre interesante y original director Hal Ashby (1919-1988), hace desde mi modo de ver una meritoria labor con esta su segunda película, película difícil de catalogar, que supo dirigir con un gran sentido del humor, un tempo apropiado y un excelente ritmo narrativo. En realidad Ashby consigue realizar una película extraordinaria, insólita, una especie de “mirlo blanco” que no se ha tenido suficientemente en cuenta creo yo, dada su cualidad de película digna de estudio y muy recomendable por su comicidad estrambótica y negra, por su vitalidad y la filosofía subyacente.

Es excelente el guión de Colin Higgins, que adaptó una novela homónima suya. Un libreto genial al que le cabe todo tipo de interpretaciones y mensajes subterráneos que van más allá de lo anecdótico para convertirse en un credo ideológico y un sistema de vida a seguir. La banda sonora adapta música de tres compositores. Quizá la más llamativa sea la de Cat Stevens y su orquesta que interpretan nueve canciones propias, de las que dos (If You Want to Sing Out, Sing Out y Don’t Be She: https://www.youtube.com/watch?v=ndlaF0MpSqs) las compuso para esta película. Pero igualmente son importantes el corte dedicado al “Concierto para piano” de Tchaikovsky; y se añaden dos breves cortes del vals El Danubio azul, de Johann Stauss. Pero como digo, la música de Cat Stevens es muy atractiva y pegadiza; creo que por el mero hecho de volver a escuchar esta banda sonora, ya es interesante ver esta película (no olvidemos que Cat Stevens, convertido al islam, ya no volvió a componer ni a cantar). Y la fotografía de John A. Alonzo en color es muy meritoria, con imágenes surrealistas, de gran dinamismo, mordaces, patéticas, lúgubres y luminosas.

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El reparto es extraordinario, con una Ruth Gordon maravillosa en el rol de abuela vital y llena de experiencia que borda su trabajo y azuza al espectador a desear ser joven y animoso, siendo que quien habla es una anciana de casi 80 años (la Gordon ganó un Oscar en La semilla del diablo de Roman Polanski en 1968). Ruth dice cosas inverosímiles y tipo Gurú en la película, sentencias que ponen en entredicho la propiedad privada y justifica el hurto de coches para ir de un lugar a otro, como cuando dice: La personas no deben molestarse porque crean que poseen algunos objetos, yo me limito a actuar de recordatorio: hoy estarás aquí y mañana no estarás, no te aficiones a las cosas.” Otras más de tipo existencial: Aspira a superar la moralidad, si aplicas eso a la vida la disfrutarás mucho.” O los mensajes que da al joven para que disfrute de la vida y venza sus temores, que arriesgue: Toda la gente importante ha estado en la cárcel. El caso es que Gordon interpreta con auténtica credibilidad este personaje entre sabio, animoso y genial. Pero Bud Cort no le va a la zaga; su físico y bien hacer trazan de manera genial el personaje de un joven atraído por el tema de la muerte y desesperado por la absorbente y ambivalente madre que tiene. Este papel de madre histérica e inestable lo firma con gran maestría Vivian Pickles, que casi sin que se le mueva un pelo, sabe poner su cara y su talante en aras a un papel difícil de interpretar, porque daría mucho a la sobreactuación, cosa que la Pickles no hace. El resto, Cyril Cusack (muy bien), Charles Tyner (excelente como siempre, en este caso en su rol de militar facineroso), Ellen Geer y Tom Skerritt, todos muy bien.

Premios y nominaciones entre 1971 y 1974. 1971: 2 Nominaciones Globos de Oro: Actor (Bud Cort) y actriz (Ruth Gordon) – Musical/Comedia. 1974: Seminci: Espiga de Oro: Mejor película.

Comedia negra, drama y sátira social, que se rige por la atracción de los opuestos. O sea, el taciturno y sombrío Harold se siente irremediablemente atraído por una anciana jovial y divertida, sin prejuicios y nada convencional en asuntos como el sexo o la edad. Ante todo ama la libertad, volar libre como un pájaro. Harold queda maravillado por esa visión tan singular del mundo. Y es que en realidad, Higgins, el guionista, sabe invertir los roles de los jóvenes y de los ancianos, como fórmula de humor y medio satírico contra el escepticismo de la juventud de los 70 (guerra del Vietnam, etc.). Maude, la anciana, es lo que suelen ser en lo tópicos los jóvenes: pacifista, internacionalista y defensora de las causas nobles. Por el contrario, el joven Harold es serio, carente de ideales y vive encerrado en su casa.

Este entramado y otras historias paralelas como la actitud del sacerdote contra el amor de Harold hacia la anciana o el tío militar fascista, encuentros con la policía, etc., convierten este film en una acerada crítica hacia la sociedad, la religión, el ejército, la policía, las madres desapegadas y las familias disfuncionales, la vanidad, incluso la psiquiatría cae abatida por esta película del excelente Ashby.

La protagonista Maude propone superar los miedos para hacer realidad la felicidad: miedo a crecer, a envejecer, a morir, a la vida y al propio cuerpo. De manera que su recomendación para Harold es que crezca como oportunidad de gozo y felicidad, que sepa envejecer sanamente para comprender mejor a los demás y al mundo, que afronte la muerte como colofón de la vida, vida que hay que vivir en plenitud; y que viva el cuerpo como fuente de gozo y satisfacción.

Maude hace cantar a Harold, le anima a tocar el banjo, a divertirse, a sentir pasión por los seres vivos (gorriones, árboles…) y a embelesarse por la belleza que nos circunda y que está al alcance de todos (gaviotas, paisajes…). Además, Maude, aunque despistada y torpe, es temeraria en la forma de conducir, siente auténtica pasión por la velocidad, las experiencias nuevas y todo con buenas dosis de trasgresión. Es con esta actitud como Maude resucita a un Harold que hasta entonces estaba muerto en vida.

Estas ideas tan floridas y radiantes me recuerda mucho a las de un gran pensador existencialista, un psiquiatra de origen austríaco –igual que el personaje- quien también sufrió la reclusión en un Campo de exterminio nazi; me refiero a Viktor Emil Frankl (1905-1998), quien en su conocida obra El hombre en busca de sentido refirió el concepto de “optimismo trágico”, como capacidad humana para tolerar de la mejor manera acontecimientos terribles como el encarcelamiento, el dolor a todo nivel, la humillación, aspectos que interrogan lo más profundo del ser. En términos de Frankl, que se parecen mucho a la concepción de la anciana protagonista del film, acontecimientos de esta índole se engloban en lo que él denomina la triada trágica de la vida: el sufrimiento, la culpa y la muerte. Para ellos, Frankl propone: para el sufrimiento, un camino de realización humana; para la culpa, una oportunidad para aprender; y para la muerte, una oportunidad para actuar y vivir responsablemente. De manera que según Frankl, se puede vivir la vida a pesar de esta dimensión adversa de la existencia.

El film traslada el amor al espectador, un amor en el amplio sentido de la palabra. Es entonces que vemos que el joven Harold es salvado de las garras del nihilismo atroz que lo aprisiona. Es, pues, una obra sobre el deseo de vivir y el sentido de la vida. Libertad, disfrute, felicidad son objetivos que propone como elementos legítimos del ser humano. Además, ofrece una visión del mundo y de la vida libre de preconcepciones, amenazas y temores que sólo sirven para hacernos esclavos. Igualmente está presente el amor libre y la revolución sexual de los años 60, la condena de la pena de muerte y la apuesta por la amistad y la fantasía. Con razón es hoy considerado hoy como un film de culto.

Mi recomendación es que la veas. No creo que te decepcione, sobre todo si eres una persona sensible y con ansias de volar en un mundo como el que nos toca, plagado de artificios, que adora al dios dinero y que se sirve para acompañar estas pestilencias de hamburguesas hormonadas, vegetales transgénicos y refrescos hipercalóricos. Amén.

Tráiler aquí: https://www.youtube.com/watch?v=5mz3TkxJhPc.

Comentarios

  1. martina edith

    hermosa y extraña pelicula

  2. Enrique Fernández Lópiz

    Se llama “gerontofilia” o amor por los ancianos/as. Saludos

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