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Película de culto, una obra entrañable de Summers

Por Enrique Fernández Lópiz

Manuel Summers Rivero, director de este film (1935-1993), es natural de Sevilla, con orígenes irlandeses, gente ésta buena y con gran sentido del humor que heredó seguro, a lo que se suma su origen andaluz y la alegría de esa tierra. Fue él quien dio a conocer el famoso humor de la ciudad de Lepe (Huelva), por cual el pueblo lo declaró Hijo Predilecto y donde mantenía una residencia de verano. Su hijo cantaba en Hombres G, una hija es actriz de doblaje y otro hijo periodista. Quienes le conocieron dicen que tenía un alma infantil, que era un niño grande que se negó a crecer, que le apasionaba el documental y que tenía alma de romántico empedernido, aspectos de su personalidad que se reflejan en este film. Le interesaban las historias cotidianas, lo que nos rodea, y dentro de eso, el amor. También, además de director de cine, fue técnico de TV y humorista gráfico en ABC y el Hermano Lobo, donde no dejaba títere con cabeza. Lamentablemente, este hombre de buen corazón nos dejó joven, a los 58 años, víctima de una grave enfermedad.

Pero vayamos a este film Del rosa… al amarillo, que fue la ópera prima de Summers y que no obstante ser su primer largometraje, es una película propiamente de madurez, gran éxito en el momento de su estreno en 1963 y luego, película de culto en todo el mundo hispano. La cinta consta de dos partes con el nexo común de ser ambas historias de amor, amor en los dos extremos del ciclo de la vida: la infancia y la vejez.

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La primera historia, bajo el epígrafe de «Del rosa…», Guillermo, un púber de doce años se ha enamorado perdidamente de Margarita, de trece. Los dos forman parte de la misma pandilla de niños en el pudiente barrio de Salamanca de Madrid. El jovenzuelo conoce por sus amiguitas que a Margarita también le gusta él, lo cual se confirma cuando ella lo besa (en la mejilla, claro) jugando a las prendas, por ser el niño que más le gustaba. El pobre Guillermo se pasa el día en las nubes, ensimismado a imaginando romances con la muchacha. Algo que le obsesiona es hacerse mayor para poder ser cabalmente el novio de Margarita: convertirse en un hombre velludo, fornido y todo eso. Cuando acaba el curso y el verano llega, ella se va con sus padres a la playa y a él lo envían a un campamento desde donde manda cartas con poesías y bellas palabras a su amada: cartas de amor. Pero Margarita ha conocido a un joven de 18 años con el que se ha puesto de novia. Pero Guillermo no la olvida, a pesar de tener roto el corazón; a pesar de todo, la sigue queriendo.

La segunda historia, bajo el título «… al amarillo», retrata el amor en una pareja de personas mayores, Valentín y Josefa, que a la sazón viven en un asilo de los antiguos, regentado por monjas muy hacendosas pero también severas. Ellos se quieren y se mandan a escondidas cartas de amor hasta que un buen día Valentín decide escaparse del asilo para vivir una vida nueva, lo cual que le pide a Josefa que lo acompañe. Pero Josefa tiene miedo y por más que su amado hace lo imposible por convencerla, ella se queda en la institución mientras supuestamente Valentín se dispone a huir. Josefa llora profusamente su perdido amor, pero hete aquí que a la mañana siguiente y para su alborozo, comprueba que Valentín se ha quedado en el asilo por ella y está sentado en el banco de siempre en el patio.

El director Manuel Summers, influenciado claramente por la “nouvelle vague” francesa de los ´50, hace una filmación que excede la mera corrección para pasar a la calificación de gran película con un estilo muy libre y un mensaje cordial. No es común que una cámara haya registrado la infancia-pubertad con tanta credibilidad y verismo. Cualquier espectador sensible, cuando ve las imágenes de la primera historia, con esos geniales encuadres, con esos maravillosos planos de niños jugando en las aceras o dentro del aula con el inflexible maestro, se introduce de lleno en la piel de esos chavales, sobre todo en la piel de un niño enamorado de aquellos años sesenta. Y si me refiero a la segunda historia, nos interiorizamos en una romance tierno, epistolar e inocente entre dos personas mayores en una residencia. Todo está filmado de una manera natural, sencilla, y sin duda con el mismo amor que Summers como director quiso ponerle a esta entrañable obra. Amor en estado puro, sin artificios. Y la verdad, Summers lo consigue de manera superlativa y muy meritoria.

El guión del propio Manuel Summers es muy preciso y muy bien escrito; podría decirse que casi perfecto, sobre todo para que los jóvenes de hoy contemplen cómo fue la infancia de sus padres; y la segunda parte, aunque tenga menos guión, es incluso más expresiva y toda una lección de que no hay edad para el amor; la primera secuencia del “amarillo” con la música de fondo de Antonio Machín es de una melancolía abrumadora.

La música de Antonio Pérez Olea encaja perfectamente en la película e incluye canciones de Antonio MachínJorge Sepúlveda; por ejemplo, Summers elige la conocida canción Mirando al mar para realzar el momento dulce de ensoñación en la playa de la primera historia y también el momento más amargo. La fotografía de Francisco Fraile es una combinación del blanco y negro, junto con imágenes en color (o mejor dicho, filtros de color), algo muy poco frecuente en el cine de esa época, y aún menos en el español.

En el reparto tenemos, en la primera parte unos estupendos y creíbles actores llenos de frescura y naturalidad como Cristina Galbo (Margarita) y Pedro Díez del Corral (Guillermo), que luego seguirían sus carreras con actriz y actor respectivamente con desigual fortuna. En la segunda parte unos cuasi amateur José Cerrudo (Valentin) y la italiana Lina Onesti (Josefa) se desempeñan con una maestría que dejó al público de San Sebastián anonadado. Acompañan muy bien María Jesús Corchero, Valentín de Miguel y Pilar Ferrer.

Premios en 1963: Festival de San Sebastián: Concha de Plata y Perla del Cantábrico a la Mejor Película de Habla Hispana.

En realidad Summers se colocó al margen de la moda del cine hispano de su época debutando con este film que “ahondaba en las aristas de dos relatos cotidianos, dos historias románticas tan sencillas como la vida misma […] emotivo, tierno e irónico al tiempo, ofreciendo gran hondura dramática” (Palomo).

Hacía mucho tiempo que no volvía a ver esta película y anoche en TVE tuve oportunidad de cazarla al vuelo en “Historia de nuestro cine” y me pareció una película viva, que no ha envejecido, muy emotiva, buena, digna de verse más de una vez.

Trailer: https://www.youtube.com/watch?v=1CcrKFrr-9o.

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