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Película de boxeo mediocre salvada por los actores

Por Enrique Fernández Lópiz

El Golpe perfecto, película dirigida con más oficio (años) que arte por Michael Rirchie (que fuera nominado en los Premios Razzie a peor director en 1980 por su película La isla), es un film para pasar el rato, siempre que uno tolere el boxeo brutal donde la sangre salpica por todos lados. Basada en un guión ramplón y sin mordiente de Steven McKay, quien a su vez lo adapta de una novela de Leonard Wise de título The Diggstown Ringers. La música muy normalita es de James Newton Howard, y la fotografía de Gerry Fisher, quizá lo mejor, cierra el esquema técnico de este film que dios guarde.

El reparto tiene actores de calidad, con figuras como James Woods en el papel de timador profesional y vividor; Louis Gossett Jr. como boxeador maduro pero capaz de dar aún un “do de pecho boxístico”; un grande y prolífico actor de docenas de films muy interesantes siempre haciendo de malo, Bruce Dern, que lamentablemente no hace aquí su mejor trabajo como villano de un pueblo norteamericano; y Oliver Platt, otro vivo en la trama. Les acompañan Heather Graham y James Caviezel en un papel primerizo, y todos conforman un equipo muy profesional, lástima el resto, sobre todo el guión y la dirección que no aciertan a crear el ambiente ni la trama para una película presentable.

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Es una película de boxeo, como tantas y tan buenas ha habido al modo do de Toro salvaje, 1980, Million Dollar Baby,  2004; Cinderella man, 2005; Warrior, 2011 y tantas otras.  Pero esta se queda a la mitad entre película de cine y film del tipo B, más bien recomendable para la TV.

Se trata de una comedia entre tramposos, uno de ellos algo más honesto, Gabe Caine (Woods); el otro es un cacique, déspota, mafioso y dueño del pueblo de Diggstown -título original de la película-, que hace y deshace a su antojo, John Gillon (Dern). La cosa está en que Gabe apuesta a que un boxeador suyo es capaz de ganar diez combates de boxeo sin bajarse del cuadrilátero, el segundo acepta la apuesta y se juega todo su capital y se encarga de buscar a los diez contrincantes. El boxeador protagonista en cuestión es un hombre que roza ya los cincuenta años, pero que se ve capaz, a la vez que tentado por el dinero, de realizar una hazaña deportiva, es ‘Honey’ Roy Palmer (Gossett  Jr.), un boxeador retirado. Canalizando apuestas y organizando el cotarro, el típico gordinflón, jugador y bebedor interpretado por Platt.

Película previsible, de tono picaresco, El Golpe Perfecto es la típica cinta donde el interés está en esperar a ver cómo un púgil ya mayor se entrena con gran ahínco para una hazaña prácticamente sin salida y que, de ser así, como todo hace prever, ha de ser con artimañas, boxeadores comprados, sorpresas y demás artilugios que el guionista va metiendo con calzador como puede, a fin de que el espectador no se vaya de su asiento hasta ver cómo ganan los “buenos” de la peli, cómo pierde el malísimo que es John Gillon, prácticamente todo, y colorín colorado este cuento se ha acabado.

Pero al cuento le sobra violencia y sangre gratuita, puñetazos a gogó, amén de algún crimen horroroso que no encaja bien en la comedia. Por lo demás, la cinta, va directa al núcleo épico de la historia en la que el veterano luchador vencerá a diez jóvenes púgiles. Tiene una trama más o menos ágil, pero sobre todo previsible. Creo que la cinta se salva por la campana, la campana son los actores y un clímax cuando ya tocando al final, una inesperada sorpresa nos dejará un poquito K.O. a todos. Pero para eso hay que verla, lo cual que la verdad no recomiendo mucho.

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