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Película conmovedora: inocencia versus crueldad

Por Enrique Fernández Lópiz

Se trata de una película basada en la novela homónima de John Boyne, que se desarrolla en Berlín en plena Segunda Guerra Mundial, en 1942. En la historia un niño de corta edad (ocho años) de nombre Bruno (Asa Butterfield) vive la edad de la inocencia y desconoce el significado de la terminología de la época nazi: Solución Final, Holocausto, etc. Vive la vida con la candidez propia de la edad y sin conciencia de las crueldades terribles que ocurren a escasos metros donde vive. Su padre es el comandante de un campo de concentración y su ascenso le ha llevado a vivir confortablemente en una casa de campo junto al campo de exterminio. Pero Bruno conoce a Shmuel (Jack Scanlon), un niño judío encarcelado junto a sus padres en el campo de concentración aledaño a su casa. Cada tarde se ven, hablan, juegan y Bruno le lleva comida a su amigo, a aquel niño que viste un uniforme de rayas, la vestimenta de los prisioneros del campo.

Creo que Mark Herman dirige con profesionalidad este escalofriante film sobre la crueldad infinita del ser humano, conducido por un guión de su propio puño y letra basado en la conocida novela de John Boyne. La trama se desarrolla de manera correcta, a buen ritmo, con ternura y tensión, también con el amor y la crueldad que rodea la inocencia de los infantes. Contribuye a ello el acompañamiento de la buena composición musical de James Horner y la excelente fotografía de Benoît Delhomme, que tiñe en una rara mezcla de optimismo y drama cromático el curso de la historia.

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Las interpretaciones son excepcionales, destacando los niños protagonistas. En primer lugar Asa Maxwell Thornton Farr Butterfield que interpreta a Bruno y hace absolutamente creíble su papel de cándido niño que entabla amistad con el otro niño de la película. Ese otro niño es Jack Scanlon, que hace un trabajo que muestra con genial maestría su estado de enajenación y “asombro” por lo que le está ocurriendo a él y a sus padres en ese horrible campo donde se encuentra como prisionero, sin que acierte a saber por qué. Subrayo la importancia de los niños porque son el eje del film, desde mi modo de ver, aunque ya sabemos que por lo común los niños deben ser bien dirigidos por el realizador, lo cual que felicitaciones a Herman por su trabajo. Pero ni que decir tiene que la película, además de los mencionados niños, cuenta con un reparto de lujo con actores y actrices de la talla de David Thewlis en una estupenda interpretación como militar nazi, comandante del campo y padre de Bruno; Vera Ann Farmiga en el papel de Elsa, la madre; Rupert Friend en el papel de Lt Kotler; Cara Horgan en el papel de María; David Hayman como abuelo fanático, en fin, sirvan estos ejemplos para significar un cuadro actoral encomiable para este film conmovedor.

Anoche vi casualmente esta cinta y confieso que me trastornó profundamente, y lo digo sin ninguna vergüenza, más bien afianzándome en mis convicciones antinazis, antifascistas, y sintiendo vergüenza por las aberraciones que el género humano pudo cometer en esa guerra que nunca deberíamos olvidar, cuando un energúmeno loco, hipnotizó a todo un pueblo, el alemán (lease Psicología de masas y análisis del Yo, obra de Freud de 1921 que ya referí en mi crítica La lista de Schindler de Spielberg); lo hipnotizó y lo aleccionó haciendo creer desde la más tierna infancia, como se ve en algunas escenas de este film, que los judíos eran poco menos que animales y la causa de todos los males de aquella Alemania empobrecida por su mala cabeza tras la Primera Gran Guerra. Yo, con estas películas no sólo me quedo pensando y sufro al pensar lo que fue aquello (parece mentira que hoy día algunos estados islamistas nieguen el Holocausto, v.g. Irán); no sólo eso digo, sino que hago esfuerzos ímprobos por entender cómo se pudieron cometer esas monstruosidades y tropelías contra otros semejantes. También suelo consolarme con las experiencias científicas de Milgram en Psicología Social sobre la obediencia, de las que también hablé en mi crítica en estas mismas páginas a la película Hannah Arendt de 2013; estas experiencias demuestran cómo la mayoría de las personas estamos dispuestas a obedecer órdenes irracionales simplemente porque las insinúan o aconsejan con algún pretexto baladí (en aras a la ciencia, por tratarse de un experimento, e incluso meramente por participar en un concurso de TV, etc.), y se observa que el mayor por ciento de individuos son capaces de someter a otros a crueles castigos, inopinadamente: http://www.youtube.com/watch?v=XuJiKbSBb4c.

Pero la verdad es que nada de eso me consuela demasiado. Y volviendo a la película, diré que la historia es sencillamente sobrecogedora. La película comienza con un ritmo pausado, pero llega un punto en el que cautiva los sentidos y nos hace estar pegados al sillón viendo las imágenes tiernas y trágicas que allí se proyectan.

Hay una escena, cuando el niño judío Shmuel (el niño con el “pijama de rayas”) se esconde, se muestra remiso y cabizbajo, con miedo, cuando el niño Bruno quiere jugar con él con él al balón al otro lado de la alambrada; es una escena sobrecogedora, memorable, intensa y a la que ayuda las grandes interpretaciones de los niños. Y es que el pequeño actor que interpreta a Bruno (Asa Butterfield) es realmente magnífico, hondo, cordial, pero la interpretación del niño Shamuel (Jack Scanlon) es verdaderamente gloriosa.

A lo que Boyero escribe: Lo que me muestran en la pantalla sólo me parece correcto, aunque de lo que está hablando hubiera podido causar el escalofrío.”; yo le respondo que a mí sí me produjo el tal escalofrío, que me dejó temblando sólo de pensar en esa mezcla de mundos inocentes en pos de encuentro, de cariño, de una amistad que les llevará a la muerte bárbara.

Si ustedes no la han visto, véanla, es toda una enseñanza que no olvidarán, una película vista por los ojos de sendos niños que no aciertan a adivinar qué cosa es la que ocurre, qué pasa, dos mundos vírgenes que, al sorprenderse, nos sorprenden a los espectadores y nos dibujan de forma más dramática, si cabe, que el común de otros filmes sobre el Holocausto, la verdadera tragedia del destino cruel de nuestro género humano.

Comentarios

  1. Javier Fernández López

    Yo leí la novela antes de ir al cine a verla, pero al contrario que mucha gente, vi muchos aspectos positivos en la película. Quizá, el hecho de que estuviese detrás Disney hizo que la película fuese un poco más light, pero tuvo escenas que me gustaron, sobre todo una que no sale en el libro, cuando se muestra un documental de los campos de concentración en el que los judíos viven muy felices.

    Saludos.

    • Enrique Fdez. Lópiz

      Gracias por tus observaciones, yo, lamentablemente, no he leído la novela. Saludos amigo

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