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Película brutal

por Enrique Fernández Lópiz

En El sueño de Casandra Ian (Ewan McGregor) y su hermano Terry (Colin Farrell) son dos hermanos que andan con ciertos problemas económicos. Así y todo, deciden adquirir un velero de segunda mano llamado “Cassandra’s Dream”. Les gusta navegar y con él podrán salir los fines de semana a hacer millas. A lo largo de la historia, Ian conoce a una actriz muy atractiva, Angela (Hayley Atwell), que acaba de llegar a Londres con la esperanza de alcanzar el éxito en su profesión. Ian se enamora perdidamente de ella e incluso utiliza automóviles caros del taller de su hermano Terry para seducir a la joven. De otro lado, Terry, con pareja estable, es un ludópata en toda regla que ha perdido una fuerte suma de dinero, lo que pone a ambos hermanos en una situación muy delicada. Pero hete aquí que aparece el rico tío Howard (Tom Wilkinson), que viene de los EE.UU. Supuestamente Howard, que siempre fue generoso con la familia, les sacará del apuro dinerario. Pero las cosas tienen su precio. Howard les pide a cambio de su ayuda, que maten a un hombre que puede alterar sus negocios médicos. Los hermanos quedan sorprendidos, estupefactos ante semejante petición. Quedan sorprendidos no solo por la magnitud de lo que les pide, sino también porque este pedido viene de parte del tío Howard a quien ellos tenían en “un altar”. En este punto la trama va a desvelar la catadura moral de los dos hermanos y las consecuencias de tan peligroso plan.

Se trata de una historia con tintes dostoievskianos (Crimen y castigo) y una indirecta evocación a Homero: El sueño de Casandra, que en la película no es más que el nombre de un galgo de carreras y luego el nombre de un velero, que hace referencia a una profecía desatendida de la saga homérica. Cuando finalizó el rodaje, Woody Allen afirmó que la tragedia había sido siempre su vocación: Ahora que soy viejo, puedo dedicarme a ella.”

Película magistralmente dirigida por un Allen con elegancia y cuidado. Allen, a pesar de sus setenta años de entonces, escribe y realiza uno de sus mejores filmes sobre la condición humana, junto a obras del estilo de Delitos y faltas de 1989 (terrible historia de un egregio doctor perfectamente instalado social, profesional y familiarmente, cuya chantajista y resentida amante pretende destruirlo); o Match Point, 2005 (angustioso relato sobre un individuo “trepa” y jugador de tenis que mira expectante si la pelotita va a traspasar la anhelada red o va a caer en su propio campo). Películas que como la que ahora comento, hablan de cómo las personas pueden llegar a reventar las normas y principios más básicos e inamovibles, con tal de salvaguardar el estatus social, la economía o la ambición personal más abyecta.

Esta coproducción GB-USA, tiene una espléndida banda sonora de Philip Glass y gran fotografía de Vilmos Zsigmond, a lo que se une una excelente puesta en escena.

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En cuanto al reparto, todos sus protagonistas están de lujo: Ewan McGregor, Colin Farrell, Tom Wilkinson, Ayley Atwell, Sally Hawkins y Aidan McArdle. Y no solamente actores y actrices están sembrados, sino lo más importante, hay unión, sintonía, química y conjunción en el equipo actoral, algo para lo que Allen es también un genio.

Esta historia habla del ansia por los sueños imposibles, sueños que son palmariamente inalcanzables para la vida de los protagonistas. Al inicio se apuntan o señalan esos sueños, esas metas. Y cuando la cosa parece llevar un rumbo inequívoco, la cosa se torna duda. Es decir, a los protagonistas se les presenta la ocasión de conseguir lo que codician a cambio de un acto desatinado y brutal. La cinta plantea la pregunta de qué cosas uno sería capaz de hacer para alcanzar sus sueños. Ese es quid de la película. Y el hilo conductor, el barco de nombre “Cassandra’s dream”, único refugio de ambos hermanos de moral aparentemente opuesta, lo cual que se puede discutir.

Y debo decir que cuando veo este tipo de obras de Allen, se me ocurre pensar por qué sigue insistiendo en las comedias, y por qué no hace más pelis tipo thriller o drama o tragedia. Y es que Allen sabe hurgar a fondo en los lados oscuros de la naturaleza humana, y eso es un elevado valor en general, y en el cine en particular. Y no es sólo que analiza el espíritu humano y sus múltiples debilidades y paradojas, sino que el relato que hace de ello, por ejemplo en este film, involucra al espectador y parece que te empiezan a sudar las manos o a tener palpitaciones porque lo que estamos viendo es realmente brutal. Saltar por encima de todas las líneas rojas de la moral, de los tabúes, con el mero objetivo de saldar una misérrima deuda o conquistar a una bella mujer, que por más bella que sea, no merece el tormento de la culpa inexcusable o la tortura del remordimiento insondable. Como dice Palacios: Esta entrega del peculiar Woody Allen posee méritos suficientes para atrapar al espectador en su patética telaraña de pasiones humanas.” Puedes ver aquí un avance.

El sueño de Casandra es una historia que habla también y obviamente del sentido de culpabilidad, de esa instancia interna ética, normativa, ideal e ideológica que introyectamos por la fuerza de la educación paterna fundamentalmente, y que en psicoanálisis se denomina Superyo. El Superyo funciona en no pocas ocasiones como una especie de Pepito grillo interior que a veces con vehemencia nos canta las cuarenta despiadadamente, cual inaprensible e irracional llamada de conciencia que en el caso de Terry lo atenaza con el pánico de haber transgredido la moral que supone el asesinato; pequeños diablos interiores que no dejan dormir al personaje y le martillean el cerebro y el alma cuando ya la falta o mejor el pecado se ha consumado. A partir de aquí píldoras, insomnio, remordimiento pertinaz, devastadores fardos mentales y la inaplazable necesidad de desahogo, de reparación y de redención. Y como dice González: La culpa en Terry es una respuesta para borrar su responsabilidad subjetiva y de ésta forma la tapona. Es pues la única respuesta posible que Terry puede dar, ya que él mismo se debate en el dilema de ´hacerse cargo´ del asesinato y piensa declararse culpable ante una policía que no lo busca. Este ´hacerse cargo´ no habla sin embargo de su responsabilidad subjetiva, ya que no se encuentra el efecto sujeto en él, sino que aspira a un acto guiado por su moral: ir a la comisaría y declararse culpable. Declararse culpable, no responsable.”

Y como consecuencia de la idea de Terry, cabe esperar que Howard le pida de nuevo a Ian que tome alguna carta en el asunto para evitar que su hermano acuda a la justicia. A partir de aquí la trama se precipita por unos derroteros que no voy a desvelar, pero que generará perplejidad en el espectador, tanto como en los personajes en los últimos minutos del film.

Se trata desde mi modo de ver de una gran película de Allen, de las mejores, de gran fuerza, capaz de arrastrar al espectador con el vaivén del barco y de los ladeos morales de sus personajes, película con una densidad inaudita. Tal vez por eso a alguna gente no le guste o, como también ocurrió en su momento, directamente que pase de ella. Se llaman defensas psicológicas. Como muchos dicen: yo no voy al cine a comerme el coco. Como si todo tuviera que ser un chiste o mera acción. Reflexión no, gracias. Gracias a ti, Allen, por esta tragedia hipervoltada.

Comentarios

  1. Miguel Ávalos

    El Sueño de Casandra tiene bastante parecido a Match Point, al menos en algunos aspectos encuentras bastante similitud.
    Esta película puede ser un manual de instrucciones tanto para quien busque hacer este tipo de Cine como para quien busque especializarse en Psicología, pues las distintas emociones humanas de ilusión, ambición, miedo y reproche se pueden ver en El Sueño de Casandra.

    Woody Allen debería echar la vista a atrás y retomar ese espíritu que le hizo regalarnos joyas como esta.
    El buen Director ultimamente da en la diana igual que palos de ciego.
    A ver si su próxima película es digna de mencionarse y debatir.

    Gran crítica Enrique!
    Abrazos crack!

  2. Enrique Fdez. Lópiz

    Gracias Miguel, ya veo que coincidimos. Un abrazo

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