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Película blanda pero que te hace reír

Por Enrique Fernández Lópiz

En Trabajo basura (1999), Peter Gibbon (Ron Livingston) es un joven programador informático que trabaja en una empresa de software. Cansado de estar horas y horas pegado a la pantalla del ordenador, incluso los fines de semana, harto de su jefe y enervado por esa impresora que siempre dice: “Error. No hay papel”, ha decidido forzar que lo despidan para cobrar una buena indemnización. Además, Gibbon quiere dedicarse como sea al dolce far niente, esto es, a tocarse las narices. En esas anda, justo cuando ha cortado la relación con su novia de siempre y conoce a una joven camarera llamada Joanna (Jennifer Aniston), que le da la razón y le anima a continuar por el camino del desempleo “motivado”, o sea, procedente. Pero por más que intenta que lo echen, con todo tipo de acciones como no presentarse en el trabajo, llegar tarde, desbaratar su lugar de oficina, vestir informalmente o tratar con displicencia a sus superiores, estas acciones son paradójicamente vistas como una nueva y revolucionaria manera de “ser en la empresa”. De manera que contra todo pronóstico, le proponen para un ascenso y un sustancioso aumento de sueldo. Pero aun así y junto con dos colegas del trabajo, informáticos como él, urden un plan más ambicioso: recaudar dinero de la compañía a través de un programa informático pirata. El final es perfecto y algo agridulce. Nadie pierde, nadie gana. La vida cambia, pero continúa.

La dirección de Mike Judge corre paralela en su medianía de nivel con el guión que él mismo escribe. Una música pasable de John Frizzell, una fotografía sin alardes de Tim Suhrstedt y un montaje muy normalito, son otras señas de identidad de esta comedia satírica.

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El reparto, en la misma tónica, está presidido por actores mayormente jóvenes en aquellos entonces, que interpretan con frescura pero sin alardes sus respectivos roles. Actores como Ron Livingston en el papel principal de joven informático sin más ánimo para continuar en su puesto de trabajo, con cierta vis cómica: bien; y le acompañan Stephen Root (OK); Gary Cole (bien como jefe insoportable); una jovencísima Jennifer Aniston que interpreta de forma correcta su rol de camarera y nueva novia de Livingston; David Herman (bien como otro de los informáticos); Ajay Naidu (el tercer informático en liza, correcto y graciosete); Dietrich Bader (vecino insoportable, bien); y Michael McShane, aceptable. Todos irregulares actores de comedia, serie B o TV. Pero dignos.

Hace unos días, mientras veía esta película, no tuve por menos que reírme con ganas con algunas de las escenas y secuencias de esos jóvenes con contratos de cuarta, uno de los cuales decide dejar el trabajo por la puerta grande, es decir, precipitando su propio despido a base de faltas extravagantes en la empresa para la que trabaja. Y como suele ocurrir, a veces no lo deseas y te largan, y otras, aun haciendo los comportamientos más peregrinos y heterodoxos, no sólo no consigues que la empresa prescinda de ti, sino que te valora más, como que tus jerigonzas fueran toda una señal de creatividad, iniciativa y un valor al fin, para el puesto que desempeñas, lo cual que incluso te ascienden. Creo que la peli es un sarcasmo dirigido a la línea de flotación de la la realidad de muchas de las PYMES en nuestra órbita nacional, europea y norteamericana (que es donde se desarrolla esta historia). Y con eso ya es casi suficiente. Pero no es totalmente suficiente, pues un film debe tener un sentido artístico, una calidad artística. Y aquí eso falla.

Por ello, fuera de esos ratitos de carcajada que siempre se agradecen, incluso de su sátira contra el mundo empresarial y los contratos basura, con personajes que animan la humorada hasta hacer que tus músculos del estómago se resientan, el resto del film es bastante flojito. Blando, el ritmo tiene demasiados bajones, la historia de amor con la Aniston es forzada y anodina, la arquitectura del guión la convierte en una especie de peli C para pasar el rato pero sin mayor reflexión sobre un tema tan peliagudo como el trabajo basura que explota a los jóvenes por cuatro euros, y, en fin, que la película con los minutos deviene tópica y meramente entretenida, con alguna secuencia memorable, como cuando arremeten contra la traidora impresora. Aquí puedes ver el tráiler del film.

Estimado amigo, si quieres pasar un rato de algazara y risotada, con una pizca de pimienta y un poco de adobe romanticón con la bonita Aniston, amén de un final aceptable, pues vela. Puede que, sobre todo si eres joven, no te arrepientas.

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