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Película atrevida y perturbadora

Por Enrique Fernández Lópiz

Piedra de escándalo en su momento, El sacerdote sembró la polémica allá en 1978 cuando fue estrenada. Habla sobre la represión que aún existía en aquel tiempo de transición de la dictadura a la democracia. Esta película es la puerta de entrada a la fase más celebrada de Eloy de la Iglesia que fue el “cine quinqui”. Atrás quedaba su etapa vinculada al “cine giallo” (subgénero cinematográfico de origen italiano, derivado del thriller y del cine de terror), como lo fue su film El techo de cristal, obra que ya he comentado en estas páginas.

El padre Miguel es un atractivo y timorato sacerdote de treinta y seis años. Está atravesando una crisis de conciencia, a lo que se une la presencia insistente en su confesionario de Irene, una bella mujer casada, que a la vez que religiosa y piadosa, es también apasionada. Su fe va menguando y con ello, sus convicciones religiosas.

El director Eloy de la Iglesia, con un excelente guión de Enrique Barreiro, dan a luz una película muy provocativa para su época (aunque hoy puede hacer saltar chispas igualmente). Como el mismo director manifiesta, lo que había pretendido hacer es una especie de esperpento irónico. Y tal cual funciona, con las escenas oníricas que interrumpen la narración y que son delirantes en toda su extensión, escenas esquinadas que rompen el relato y que se mueven en un raro equilibrio entre la comedia y algo más tortuoso. Eloy de la Iglesia estaba dibujando un retrato, no de lo que la sociedad pretendía o creía ser, sino lo de lo que era realmente. Este es el motivo de que le cueste tanto asir bien las riendas de este metraje, pues la España del 1978 era un país que ya quería verse en Europa, en la senda de la modernización, y este film echa el freno a tanto optimismo, anhelo y aspiraciones, pues la realidad no era esta con mucho.

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Si se echa la mirada atrás, la sociedad y también la Iglesia de esa época continuaban siendo atrasadas y convencionales, por eso en el film nadie sale bien parado: ni el cura progresista que deja de creer en Dios para creer en los hombres (magníficamente ridiculizado en una buena interpretación de Emilio Gutiérrez Caba); ni el cura defensor a ultranza de la cruzada. Ambos son estereotipos que son manejados cruelmente por Eloy de la Iglesia. Y el personaje central del film es el cura Miguel, interpretado magistralmente por Simón Andreu, un sacerdote que acaba explotando cercado por tanta represión, aunque de lo que habla en realidad la cinta es del “poder como institución de la Iglesia”, como apunta Martínez, y no lo hace para bien. En este contexto Andreu hace un trabajo muy complejo y complicado, que debe manejar todos los registros que el director le impone y con la crudeza que igualmente le indica: cómico, trágico, reprimido; un trabajo actoral físico e interior a la vez, que lleva a buen término con una pericia increíble el cerebral Andreu. Muy bien y bonita Esperanza Roy, y buen acompañamiento de África Pratt, Fabián Conde y José Franco.

Está bien la música de Carmelo Bernaola y es meritoria la fotografía de Magi Torruella, con planos preciosos y llenos de contenido en los que la profundidad de campo, el desenfoque y el fuerte contraste entre primer plano y fondo cuentan mucho más de lo que parece a primera vista. Es meritoria asimismo la puesta en escena y el montaje.

Hay escenas rodadas con extrema crudeza que llaman la atención porque hoy día habría problemas para rodarlas, paradójicamente. Ahora no se podrían rodar por esa “corrección política” y ese puritanismo rampante en aspectos puntuales, por los que no digerimos bien determinadas imágenes. Hay una escena de zoofilia impensable hoy y otras cuya acrimonia tendrá que valorar quien desee visionar este interesante film.

Película, en fin, atrevida política, socialmente y como elemento de crítica a la iglesia tardo-franquista. Una obra que contiene algunas de las escenas más perturbadoras de la filmografía de Eloy de la Iglesia, y uno de los ataques más furibundos a la vetusta sociedad de finales de los años setenta en nuestro país.

También, la película es como un muestrario de lo que había por entonces en la Iglesia: el facineroso que cree a pies juntillas en la conjura mundial contra España; el cura mayor y anticuado que, no obstante, es un hombre bueno; el progre de izquierdas que acaba perdiendo su fe; el ingenuo que se enamora; y principalmente el protagonista, un sacerdote nacido en un pueblo y que lucha contra el deseo que le suscita una provocativa feligresa que le lleva a replantearse todo lo que ha sido su vida.

Película de interés para cinéfilos o para quienes quieran saber quiénes éramos en los finales de los setenta y a dónde hemos llegado hoy, ya bien metidos en el siglo XXI.

Trailer: https://www.youtube.com/watch?v=CG2djtfTyNA.

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