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Película agradable para una tarde de verano

Enrique Fernández Lópiz

Trata este drama-romance-musical de una pareja de novios unidos desde la adolescencia por la música. Ella, Gretta (Keira Knightley), es una muchacha británica que compone bonitas canciones. Junto con su novio Dav (Adam Levine), viajan hasta Nueva York buscando terreno abonado para su música. Todo va bien, pero cuando Dav alcanza el éxito y la fama, abandona a Gretta y se va con otra cantante de fama igualmente, quedando ella desolada y pasando por una gran crisis. Cuando todo parece negro para Gretta, se tropieza con un viejo amigo cantante y guitarrero en la calle, el cual la lleva a su casa y luego a un Pub, donde la invita a cantar ante el público asistente. Es entonces cuando un productor de discos (Mark Ruffalo) al que acaban de despedir, la ve actuar y la escucha de en el bar de Manhattan, donde Gretta canta una de sus agraciadas y sugerentes canciones, y queda absorto por el talento y la belleza de la canción y de la joven. A partir de aquí promocionará a Gretta y la historia se desarrollará por los derroteros de un amable y agradable musical, con un fin imprevisto.

Esta es la primera película en EE.UU. del director de Once, película que catapultó a la carrera cinematográfica al ex-bajista del grupo The Frames, y director del film: el irlandés John Carney. Carney construye una obra bonita y amable basándose en un guión de su propia autoría. Gregg Alexander crea una bonita música, eje del film, y acompaña una fotografía nítida y que a veces se pierde en la noche neoyorkina, de Yaron Orbach.

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En cuanto a la interpretación, he de decir que hay dos puntales principales: Keira Knightley y Mark Ruffalo, y lo primero que señalo es que hay química entre ambos, sintonía actoral. Son dos actores buenos pero no para tirar cohetes. Por supuesto el guión no introduce supuestos ni indicios de relación amorosa entre ambos protagonistas, entre otras por la diferencia de edad y el estilo de la película en sí que no toma esos decrroteros en ningún momento. En algunas escenas, Keira me trajo a la memoria a la estupendísima, fina y elegante Audrey Hepburn, pero aunque la Knightley es muy mona y fina, su calidad interpretativa deja que desear, pues sobreactúa; por lo tanto, no deja de ser una hipérbole de la Hepburn. El resto de actores cumple sin alharacas, así: Hailee Steinfeld, Adam Levine, James Corden, CeeLo Green o Catherine Keener; todos interpretan con profesionalidad sus roles.

Yo diría que esta película tiene como principales ingredientes dos: el primero el de ser una película amable y digestiva para este verano lleno de “transformers” y otras lindezas para quien las quiera ver. Y el segundo es que la obra introduce elementos nuevos en el musical tradicional. Como apunta Costa, Carney revela en esta película la singularidad de “un creador capaz de hacerse preguntas constantes sobre la esencia de un género (el musical) que, en los últimos años, parecía condenado a trasladar aparatosas producciones de Broadway y el West End con discutible inventiva cinematográfica y que, sin embargo, revive en sus manos de forma desnuda y purísima. En Begin again, Carney echa mano de un molde dramático convencional -el camino a la redención de un veterano de mil batallas imantado por el talento de una principiante- sobre la base de una de las más añejas tradiciones del musical”. Y además, todo ello con buen gusto, sin exabruptos ni atravesar líneas rojas o elementos indeseables en el plano sexual y menos aún, de la violencia. Película, pues, dócil y bonita en el mejor sentido, sin pecar de obra ñoña.

Además, el film refleja y da testimonio de la actual fase de cambios en la industria musical, quizá con un exceso de certidumbre y de optimismo sobre una visión de ideal acuerdo entre la libertad del artista y el compromiso con un consumidor que se supone comprará el producto por las ondas de Internet y sin intermediarios: ¡ojala!

En resumen, se trata de una película fresca, natural, alegre, atractiva, con “buen rollito” –como se dice ahora- y bien estructurada. Como apunta Fausto Fernández, película optimista, amable, luminosa y mágicamente tocada por el sentido de la maravilla sentimental fábula humanista sobre las segundas oportunidades (…) la película de John Carney es de las que te hacen salir del cine con un subidón de buen rollo.”

Amigo, si quiere ver una cinta agradable, guapa, con lindas canciones, si quiere disfrutar de una tardecita de cine en verano, véala, se la recomiendo antes que tantas como hay de guerras, destrozos o sexo sin sentido.

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