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Patinazo de Jason Reitman

Por Jorge Valle

Jason Reitman es uno de los directores jóvenes –tan solo cuenta con 36 años- que mejor carrera ha sabido labrarse en Hollywood en los últimos años. Sorprendió con la notable Juno (2007), para después ofrecernos la maravillosa Up in the Air (2009) y la reivindicable Young Adult (2011). Tras dos años apartado del mundo del cine, el canadiense retoma las cámaras para adaptar a la gran pantalla la novela de Joyce Maynard Labor Day, que cuenta la historia de Adèle (Kate Winslet), una mujer depresiva que, tras su divorcio, vive sola con su único hijo Henry (Gattlin Griffith). Su monótona y aburrida rutina se verá interrumpida con la llegada a sus vidas de Frank (Josh Brolin), un preso fugado que decide esconderse en su casa hasta que pase la policía para después huir. Pero da la casualidad de que los tres persiguen el mismo sueño: formar una familia. Henry echa de menos una figura paterna, papel que incluso ha tenido que asumir él en algunas ocasiones ante la situación de su madre que, como asegura su hijo al principio de la cinta, no perdió la confianza en su ex-marido, sino en el amor. Y Frank, un buen hombre atormentado por un terrible crimen que cometió en su juventud, ansía dejar atrás su pasado y empezar una nueva vida. Así, surgirá un fuerte vínculo entre los tres que les hará replantearse hasta qué punto merece la pena mantener el rumbo que han seguido sus vidas hasta ese momento.

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Acostumbrados a la peripecia visual y narrativa que Reitman mostró en sus trabajos anteriores, Una vida en tres días supone el primer tropiezo de este director y guionista que nunca consigue atrapar al espectador en la supuesta espiral emocional en la que se mueven los protagonistas de una historia que, en ocasiones, llega a rozar el ridículo por la inverosimilitud de los sentimientos y las situaciones que se plantean. No obstante, la película nunca cae en el tedio, y el sensiblero y lacrimógeno final consigue emocionar, aunque sea por la propia condición de la historia y no por mérito del director. La interpretación de Kate Winslet, perfecta como una mujer depresiva y temblorosa que ha perdido todas sus ganas de vivir, es lo único memorable de una cinta de la que se esperaba mucho más de lo que finalmente ha terminado dando. Esperemos que Jason Reitman recupere la senda de sus anteriores obras, la misma que le llevó a conseguir dos nominaciones a los Óscar como mejor director y a levantar el aplauso unánime de crítica y público.

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