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Para pasar el rato en una limusina

Por Enrique Fernández Lópiz

En Giro inesperado Kevin Stretch (Patrick Wilson) es un aspirante a actor de turbio pasado que ha llegado a Los Angeles para abrirse paso en tan difícil profesión. Para mantenerse, pagar el alquiler y deudas acuciantes, conduce limusinas en Hollywood. Una vez recuperado de una racha de drogas, alcohol y mal de amores, se dispone a comenzar una vida en principio normal. Pero tiene la urgencia por conseguir dinero para pagar una deuda de juego, recomprada por los chinos, que le obliga a saldarla en menos de veinticuatro horas. La telefonista de la empresa está atenta para darle las carreras que mayores ganancias pueden reportarle, algo que es perentorio para Strecht. Así, hace una serie de servicios a un excéntrico millonario que quizá le pague los seis mil dólares que precisa ya, sí o sí. Pero ignora que el tal sujeto está siendo investigado por el FBI. Y en cualquier caso, las excentricidades de su cliente le llevarán a una noche loca de aventuras, sexo y peligros que le llevan a imaginar cuán difícil le va a resultar devolver el dinero que debe, e incluso acabar indemne.

El director Joe Carnahan sabe conducir una especie de chifladura enrevesada con diferentes frikies, con el Macguffin de un maletín a tope de información sensible, que se pasea entre diversos personajes muy pintorescos en una larga noche de incidentes. Con un meritorio guión del propio Carnahan, este film, salvando las diferencias me ha recordado a la genial ¡Jo, qué noche! (1985) de Martin Scorsese. En el libreto se cuenta una buena historia entre entretenida, divertida, trepidante y alocada, con excelentes diálogos (el monologo interior de Strech es espléndido) y una tensión suficiente como para verla del tirón sin apenas pestañear. Ya sé que Carnahan no es un gran director, pero en este film cumple bien e incluso nos regala con un final curioso y sorprendente. Muy bien la banda sonora de Ludwig Göransson, una música elaborada e interesante; y también meritoria la fotografía de Yasu Tanida.

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En cuanto al reparto, Patrick Wilson como protagonista principal se mueve con gran soltura y excelentes registros en su papel; desde la sobriedad, Wilson interpreta un personaje anodino pero con los pies en la tierra, que intenta sobrevivir a una retahíla de surrealistas desventuras en una noche conduciendo una limusina. Ed Helms tiene un personaje muy agradecido, como especie de fantasma o espectro que guía al protagonista. Chris Pine es el más atrevido, el millonario empresario, un trabajo muy rico en matices y realmente sorprendente, que Pine hace muy bien. Acompaña un elenco de artistas todos estupendos, incluyendo al gran Ray Liotta, junto a Brooklyn Decker (bien como la novia que en la película tan solo tiene tres o cuatro escenas contadas), James Badge Dale, Jessica Alba, Matthew Willing, Mindy Robinson, David Hasselhoff (sus cameos y su interesante humor parodiándose a sí mismo), Randy Couture, Shaun Toub, Keth Jardine y Norman Reedus, una cohorte de actores sobreactuados que funcionan de maravilla.

La película cuenta una historia poco común pero que se da en este mundo que vivimos. Un hombre joven, desorientado en la vida, un desahuciado en el amor al que su novia le ha dado un palo de primera magnitud, entrampado por su condición de ludópata, económicamente bajo mínimos, mentalmente agotado, individuo propiamente en un fangal, renqueante en todo sentido y que está en el trabajo menos propicio como chofer de limusina, con clientes muchos de ellos estrambóticos que lo vapulean a cada momento, casi sin límite y de manera desproporcionada. En la cinta, una voz en off de fondo nos guía por el martirio que experimenta el protagonista y también nos introduce en su propósito de enmienda, justo el día que narra el film, su afán por comenzar el primer día de una renovada existencia. No es la película definitiva, pero es una tragicomedia de acción muy distraída, con momentos memorables, incluido un desenlace de los que te dejan una buena onda en el cuerpo.

Película recomendable si se sabe lo que se va a ver, no es una cinta de diez, pero tampoco una película de segunda; es una obra irregular pero ofrece lo que promete y lo hace bien. Como escribe Drew Taylor: “Una de esas películas en las que la noche parece extenderse hasta el infinito encapsulada no por un esquema típico en tres actos, sino por una serie de cómicas desventuras”. Particularmente, para quien desee pasar un buen rato sin pensar demasiado o está aburrido, es muy recomendable, esta es su película.

Tráiler: https://www.youtube.com/watch?v=RFMFk5m_jS0.

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