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Para inquietarse un tanto

Por Enrique Fernández Lópiz

En Ex machina, un demiurgo multimillonario brillante, singular, perverso y bebedor, recibe a un joven programador de nombre Caleb. Caleb trabaja en la compañía de Internet más grande del mundo, y ha ganado una competición. Como premio ha conseguido la posibilidad de pasar una semana en el retiro de montaña perteneciente a Nathan (Oscar Isaac). Su destino resulta ser una remota, lujosa y original mansión. En ella debe someterse al llamado test de Turing, esto es, debe evaluar manteniendo una conversación con la máquina, si con quien está hablando es un robot o una persona; es decir, poder afirmar si un artificio es realmente un modelo de inteligencia artificial autónoma. En la película debe demostrar que el ser creado por Natham ha conseguido desarrollar conciencia de sí mismo. La máquina involucrada en el test es la última creación de la casa: un robot dotado de inteligencia artificial con un bello cuerpo femenino. Él, como experto en informática, debe mantener varias vis a vis con la computadora y reunirse con Natham para contarle sus impresiones.

La película está dirigida con maestría por Alex Garland, con un gran guión escrito por él mismo. Pero apunto que Murray Shanahan, profesor de robótica cognitiva, ayudó con el guión. Es la ópera prima de Garland y creo que hay que felicitarle y felicitarnos por su brillante incursión en el mundo del cine, un cine intimista y turbador. La música de Geoff Barrow y Ben Salisbury es muy buena y da más intriga si cabe al film; y es brillante la fotografía de Rob Hardy. No deja de ser curiosa la vinculación de este film con el recientemente realizado por Morten Tyidium, The Imitation Game (Descifrando Enigma) de 2014, la película basada en la vida de Alan Turing, padre de la inteligencia artificial. Fue Turing quien ideó esta prueba para distinguir una máquina de un ser humano.

Las interpretaciones las considero de primer orden en un reparto breve donde destacan Alicia Vikander, que está excelente en su papel, conmovedor y aterrador, de robot enjaulado; Domhnall Gleeson empático y creíble como el ilusionado e ingenuo Caleb; Oscar Isaac, magnífico como Natham, el científico millonario y macabro padre de la criatura (el Mozart de la computación); y acompañan muy bien en roles menores artistas como Corey Johnson, Deborah Rosan, Evie Wray, Chelsea Li, Sonoya Mizuno, Elina Alminas y Ramzan Miah.

Esta película es un intenso thriller psicológico que se desarrolla dentro de una mansión tipo búnker de corte frankensteiniano, en el cual parece se quiere dar a entender que se ha producido un nuevo paso evolutivo en la humanidad. Caleb, a su llegada queda sombrado de la magnífica casa en medio de quién sabe dónde, y es informado por su anfitrión de que deberá participar en un experimento extraño y fascinante a la vez. Como decía, debe comunicarse separados sólo por un cristal blindado, con la primera y auténtica inteligencia artificial del mundo, que habita en un hermoso cuerpo femenino.

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El guión de Garland es realmente cautivador, brillante y que daría lugar a reflexiones científicas, literarias, artísticas o filosóficas que nos podrían llevar muy lejos. Pero además del guión, impresiona la puesta en escena por su efectividad, desde los espacios abiertos hasta la artificiosa claustrofobia del lugar en el que se desarrolla la mayor parte del film; un lugar diáfano cuajado de cámaras y espejos en el que nada es lo que parece ser. Y donde además se prodigan los diálogos. Como escribe Suso Aira: No hay nada, por raro que parezca, que le siente mejor a la ciencia ficción que los espacios cerrados, que la claustrofobia. Y no hay nada que distinga más y mejor al género que su condición de diálogo entre el ser humano del hoy con su contraimagen futura… ineludiblemente semejante a la actual.

Efectos especiales los justos, elegantes, que consiguen un acabado natural y creíble; escenario minimalista y un escaso presupuesto dinerario, según parece de 11 millones de dólares, sin duda bien administrados.

La sexualidad juega un papel sustancial en la historia, pues el androide tiene la forma de una atractiva mujer cuyo nombre para más Inri es AVA, nombre que fácilmente se asocia a Eva, la primera mujer en el relato bíblico del Génesis. Además AVA es un robot tan perfecto que puede sentir placer en el acto sexual. E incluso el robot parece tener identidad de género, lo cual es tan evidente que hasta llega a seducir al joven Caleb, proponiéndole escapar juntos, como si de una fuga de novios se tratara. Es aquí donde lo sexual y lo romántico devienen centrales en el film. Ex machina envuelve con muy mala idea al chico, y acaban hablando de los problemas con las mujeres. En realidad, un sentido del film está en que se puede considerar un cuento futurista. Pero este extremo no voy a desvelarlo ahora, por supuesto.

La cuestión de la historia es responder qué es lo que nos hace humanos realmente. El joven Caleb llega a insinuarle a Natham como que fuera Dios. Y ahí también cabe la pregunta de si romper la barrera de la creación nos convertiría en Creadores. E incluso si con el tiempo, sería plausible crear un ser mecánico y electrónico y dotarle de la capacidad de razonar y de ser consciente de sí mismo.

La parte final del film es inquietante, pues los acontecimientos se suceden de forma inesperada. Tanto es así, que la película abre muchos debates e interrogantes. No es una película de disparos o rayos láser con androides y todo eso. De hecho, quien vaya buscando acción y robots destrozados por las bombas, se equivoca de película. En esta obra hay que estar muy atento a los diálogos y, cada cual, seguro que se planteará una reflexión sobre la inteligencia artificial del futuro más o menos inmediato. Y más reflexiones también. Por lo tanto, a mí me parece que es muy recomendable visionar este film, que de seguro será un título imprescindibles del género de ciencia ficción, y aunque improbable, quién sabe si con el tiempo no se parecerá más a la ciencia que a la ficción.

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