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Pain “3 tontos muy tontos” Gain

Por Áralan Aidir

Michael Bay. Dos palabras y un nombre que causan multitud de gestos, muecas, resoplidos y reacciones variopintas tanto en un sentido como en otro. Director reconocible por filmar películas de acción cargadas de efectos digitales, por batir el récord de apariciones de la bandera estadounidense a lo largo del metraje, por poner tías buenas sacadas de la mansión de Playboy (modelitos incluidos) innecesariamente en cada encuadre genérico y panorámico y por padecer de Parkinson ”camarográfico”, pues raro es ver un plano que dure más de cinco segundos a excepción de sus cámaras lentas, las cuales no vienen a cuento muchas de las veces; Michael Bay, como digo, ha filmado Pain and Gain. Y lo que es peor: se la han distribuido. Y peor aún: se la han proyectado.

Vaya por delante que de este director me gustaron bastante más que mucho los que considero sus dos mejores trabajos: La roca y Armaggedon, me parecieron normales Dos policías rebeldes (I y II), TransformersLa isla y Pearl Harbor y tirando a aburridas y tontorronas Transformers II y III.

Para hablar de Pain and Gain (“el que no sufre, no gana”, que viene a decir) he tenido que pensar dos veces qué diablos he visto. Sabiendo que está basada en un suceso verídico, ¿ésta obra es una comedia negra, una de acción o un drama humano ‘’crítico’’ con el sueño americano si en verdad los tres ejecutores en la vida real eran tan pazguatos, crueles y chapuzas como los muestran? Porque una cosa es que fueran unos fanáticos culturistas paradigmáticos de mucho músculo y poco seso (y sexo, pues los esteroides y la impotencia casi es un leiv motiv aquí para uno de sus protagonistas) en busca del American Way of life y otra cosa es que se lanzaran a hacer las barrabasadas que Bay nos muestra por las razones y el camino que nos muestra. Por supuesto, seguro que la historia y el perfil de los personajes no se desarrollaron así (por más que un subtítulo multimedia nos recuerde en el tercio final de la película It’s still a true story”) y que el apartado cómico de Bay (a la altura de un niño de diez años) haya hecho bastante para idiotizarlos aún más. No lo dudo. Pero hombre… es que los diálogos son sonrojantes muchos de ellos, la coherencia narrativa y del personaje dan pena y el apartado femenino es casi igual de estúpido que el masculino. Seguro que todos eran muy tontos. Pero, ¿tanto?

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Con todo esto, la historia me dejó de interesar al cabo de 20 segundos y retomó el interés cuando apareció Ed Harris. Pero ni el inmenso Ed, ni la sobresaliente actuación de Mark Wahlberg, la notable de La Roca (que aquí ha echado los restos para lo que suelen ser sus registros) o la historia en sí, que podía haber dado mucho más de sí, puede con los ataques de Parkinson de Bay que se cargan, para mí, la narración. Entiendo que este director venga del mundo de los videoclips, que esté especializado en películas de acción y que en ellas borde las persecuciones y la parte adrenalítica; pero hombre, para narrar esta peli no necesitamos estas tomas de cámara subjetiva, ni los travellings mil veces repetidos y plagiados de sí mismo, ni esos picados ni contrapicados, ni que los cambios de plano sean todo, todo, todo el rato cortes secos; ni la épica innecesaria ni una puesta en escena anabolizada como sus protagonistas… y suma y sigue.

Wahlberg ha hecho lo que ha podido y su expresividad es fantástica, reforzando él solo lo que Michael Bay quizá quería hacer pero no hizo porque Bay es mucho Bay, supongo, y tiene que dejar impronta de su estilo, le pegue o no a la historia que está contando.

En fin, una película que seguramente enfurecerá a los culturistas, que hará afilar los colmillos y las garras críticas a los detractores de este director y del actor (que a mí, particularmente, me parece muy solvente), de la que el sindicato de guionistas no querrá hacerse responsable y que, acabo de decidir ahora mismo, me la voy a tomar como una comedia negra (negrísima) que me ha hecho gracia tres minutos de las interminables dos horas y diez minutos que dura, porque es que si no…

Espero que vosotros sepáis encontrarle la gracia y, al menos, os entretenga.

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