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Otro padre en apuros

Por Jon San José Beitia

Secuela tardía de Otro padre en apuros, aquella producción familiar protagonizada por el musculado, Arnold Schwarzenegger, detrás de un muñeco famoso, rivalizando con otro padre desesperado por contentar y hacer realidad los caprichos de su hijo.

Este segundo episodio de Otro padre en apuros, llega demasiado tarde y ya no cuenta con intérpretes de renombre como el de Arnold, presentando una copia insulsa y muy floja de aquella primera versión, con resultados irregulares y decepcionantes, confirmando el dicho de que segundas partes nunca fueron buenas.

El argumento es excesivamente simple y previsible, haciendo que todo lo que se va presentando a lo largo de su corta duración no sorprenda a nadie, llegando a ser soporífero. Un producto familiar que no logrará hacer pasar un buen rato a ninguno de sus miembros. Demasiado sencillo para los adultos y poco divertido para los más jóvenes. Una pérdida de tiempo total que no se salva bajo ningún concepto.

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El papel protagonista recae en un intérprete desconocido para el público español, pero que goza del respaldo del público americano, Larry the Cable Guy, que no logra ofrecer el carisma y la simpatía necesaria para congeniar con el espectador, con su personaje, no con las situaciones que vivirá. Su personaje es una especie de Homer Simpson alocado y fracasado que intenta hacer feliz a su hija pequeña desde la sencillez y el sentido del humor. En muchas situaciones peca de tener un comportamiento excesivamente estúpido, haciendo que pierda gracia puesto que queda evidente que los responsables de la película fuerzan las situaciones cómicas, obteniendo un resultado contrario, ya que no tiene gracia se mire por donde se mire.

Durante su visionado, la película se hace pesada e incluso eterna, lo cual deja patente lo floja e insulsa que resulta en todos sus aspectos. No ofrece grandes interpretaciones, todo resulta muy manido, dando como resultado un producto lleno de buenas intenciones, cuyo camino es directo al olvido inminente.

No tiene gracia, no resulta entretenida y no logra emocionar. El mensaje que intenta trasmitir es demasiado evidente y deja una sensación muy pobre del conjunto del producto.

Los productores de la película, deberían haberse planteado en primer lugar, si era necesario hacer una segunda parte de Un padre en apuros, porque después de tantos años, al término del visionado de Otro padre en apuros, se llega a la conclusión de que se lo podrían haber ahorrado al espectador y a ellos mismos.

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