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Otra entrega cansina de un Allen agotado

Por Enrique Fernández Lópiz

En Magia a la luz de la luna nos situamos en la Francia de los felices años veinte, la época del jazz y también de los espectáculos de todo tipo en los teatros, donde no faltaba la magia. Un mago británico (Colin Firth) causa furor con sus impactantes trucos en importantes teatros de todo el mundo. Es un tipo agrio y descarado, absolutamente racionalista y un gran experto en magia. A él recurre un amigo, también mago, para que viaje a la Toscana francesa, donde hace su “agosto” una afamada médium (Emma Stone) entre la gente rica del lugar, a fin de desenmascararla. Pero la bonita joven, con sus vibraciones y aciertos inopinados, hace sacudir la vida del cínico mago, y en general de los protagonistas que circulan por el escenario de tan singular mujer.

Algunos dicen que esta película pasa fácilmente, otros advierten que se trata de otra entrega más del ocurrente Allen, el de más allá la califica de una obra menor, y el de más acá de “chuchería agradable” pero olvidable. Todos tienen razón. Veamos.

En primer lugar, el film es de Woody Allen, y por lo tanto tiene garantizada una correcta dirección, un guión bueno de propio Allen por supuesto, y también una excelente fotografía luminosa de Darío Khondji.

También, con Allen, casi que uno se garantiza un reparto de excelencia como efectivamente ocurre con todos sus protagonistas. Sobre todo destaco la gran labor actoral de Emma Stone, Colin Firth, Marcia Gay, Jacki Weaver, Eilen Atkins y otros actores y actrices del coro interpretativo que hacen las delicias de los que hemos visto esta película.

Sin embargo, para mí hay poco más. Ya sé que no es poco lo que he dicho, pero el film me ha producido cierta sensación de hartazgo.

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A veces, el que comenta una película, tiene que buscar entre sus sensaciones. Y para mí, sobre todo transcurrida la primera media hora, la sensación es soporífera. O sea, que me dio sueño. Veamos.

Por más que tiene su punto de humor y diversión, por más que sea una comedia aceptable, y por unos cuantos calificativos más que podría hacer positivos, lo que a mí personalmente se me hace insufrible son los eternos gags de Allen sobre temas como el racionalismo versus espiritualidad, el cinismo versus el romance, el psicoanálisis, la magia, etc. Creo que cuando se tiene una edad muy respetable como la de Woody Allen, hay que dejar pasar un tiempo para que aparezca alguna idea nueva, y no las ya manidas, a fin de aportar algo de novedad. No todo el mundo puede ser como Picasso, ni ha de pretenderlo. Oí decir una vez a un egregio poeta contemporáneo nuestro, que la calidad de un poeta se mide más por lo que tira a la papelera que por lo que publica. Claro, esto del arte no hay que tomarlo como trabajo a destajo, hay que saber esperar y separar la paja del trigo.

El escepticismo, el ateísmo o el agnosticismo, mayormente visiones de nuestra época (en otros tiempos nadie se calificaba como tal), son ya ideas muy repetidas, tan repetidas como absurdas, pues sobre las cuestiones de fe nadie puede decir la última. Recurrir a Nietzsche, al calificativo de imbécil para el prójimo que cree, incluso a la idiotez del que cree por amor (a la chica), para mí son asuntos no ya archivistos, sino fuera de lugar. Por supuesto que la mayoría de la gente racional e inteligente, más allá de su credo religioso, no cree en videntes o mediadores espirituales entre vivos y muertos, ni cree en meigas, ni en fantasmas, pero de ahí a por esas razones insistir en sentar doctrina contra la espiritualidad resulta según mi parecer tan reiterado como aburrido.

Y el tema de la magia o la sobrenaturalidad ya la hemos visto mucho en Allen, es un tema recurrente en él. No sé, tal vez otro director de cine aportaría cosas nuevas, otros argumentos sobre el tema, pero en Woody Allen ya está visto, dicho y en tantas ocasiones que resulta de su parte insistente incidir en los mismos tópicos. Como señala Costa: “Para Allen, lo sobrenatural es una mentira necesaria, un placebo para paliar ese silencio de Dios que su cine nunca ha contemplado de manera trágica. Lo sobrenatural es sólo el espejismo que anticipa aquella fuerza de la irracionalidad que es, en definitiva, lo único que puede convertir toda vida en algo imprevisible, único e inolvidable: el amor”.

Yo, cuando se habla de todo esto echo en falta un discurso serio, no tan frívolo, pues con toda la supuesta carga intelectual de Allen, sin embargo, no parece existir Don Miguel de Unamuno y su “sentido trágico de la vida”, tampoco por supuesto Søren Aabye Kierkegaard y su angustia religiosa que retomarían luego Martin Heidegger o Jean Paul Sarte; ni siquiera en un pensamiento mínimamente adulto o serio (sin pretender el dramatismo). Tampoco la teología o la mística de esta contemporaneidad como la de los “ojos abiertos” de un humano que no puede perder la pasión por la justicia en un mundo de tantas desigualdades, algo de lo que tan acertadamente hablan teólogos y pensadores como Karl Rahner o el profesor Castillo nada menos; o Juan Bautista Metz, que invita a una mirada realista al entorno, una mirada de compasión hacia las necesidades del prójimo, de intentar unir dos elementos clásicos: mística y solidaridad, contemplación y acción.

Para mí entonces, la historieta no puede ser más el romancillo hacia una mujer. Eso ya me aburre, sobre todo en mundo crítico como el que vivimos, con tanta precariedad y tanta desigualdad y pobreza. Tampoco se puede ser más freudiano que Freud –asunto que también de nuevo aflora en el film. Además, Sigmund Freud, en su visión sobre la religión, escribió obras importantes, obras de peso como Totem y tabú, 1912; El porvenir de una ilusión, 1927; o Moisés y la religión monoteísta, 1938. La idea subyacente de que le religión no es sino una especie de neurosis en la humanidad, y otros ideas afines, le costaron caro al padre del psicoanálisis; incluso la última de las obras mencionadas, Totem y tabú no se publicaría íntegra salvo después de su muerte ¿Y Woody, que arriesga con sus trivialidades sobre el tema? No es que sugiera que vuelva la inquisición, pero no creo que se deba hablar alegremente sobre asuntos sustanciales en la historia del hombre.

Tampoco pretendo que Woody Allen se ponga las pilas de la fe, de alguna fe, me da igual, pero esta película me recuerda a quienes no creyendo supuestamente en nada, pretenden anestesiar la profundidad del ser humano, a una cuasi hormonal enfermedad. Eso tal vez esté bien para él, para su núcleo pequeño burgués neoyorkino. Pero para quienes le hemos reído ya bastante su chistografía, los mismos argumentos de hace veinte o treinta años, las mismas bromitas, y ya nosotros con una edad, todo esto nos cansa.

¡Espabila Woody! Es ya otro tiempo, y tal vez tú hayas agotado la reserva de tus gracias antaño ocurrentes y hoy cansadoras. Amén.

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Comentarios

  1. Miguel Ávalos

    Iba a verla, pero las críticas negativas hacia la misma me frenaron en seco. Es la primera vez en muchos años que falto a la cita cinematográfica Made in Woody Allen, pero si, tal como afirmas en tu artículo Enrique, Allen ha tropezado y se ha dado de bruces, pues entonces creo que por una vez he hecho bien.

    Totalmente de acuerdo contigo en que Allen ya ha tocado ciertos temas demasiadas veces y creo que su próxima película debería ser un film tronchante y desternillante al más puro estilo homenaje a Los Hermanos Marx. Un film de comedia en estado puro.

    No obstante parece ser que esta vez Woody Allen ha decepcionado de verdad. Lástima sin duda. Supongo que todo gran cineasta tiene su tropiezo y Woody Allen no iba a ser la excepción.

    Firmado: Un gran fan del cine Made in Woody Allen

    Un abrazo Enrique!!

    • Enrique Fdez. Lópiz

      No querría desalentar que la vieras. Quién sabe. Igual te gusta. No es desde luego un bodrio porque de Allen no salen esos productos, pero un tanto repetitiva sí. Pero el material: intérpretes, fotografía, etc., son buenos. Y lo de hacer una peli tipo Hermanos Marx tendría que volver a la ingenuidad de su época juvenir, a su ópera prima TOMA EL DINERO Y CORRE (1969) (http://www.ojocritico.com/criticas/opera-prima-deslavazada-naif-y-genial/) Un abrazo amigo.

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