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Opera prima de Spielberg: persecución en estado puro

Por Enrique Fernández Lópiz

Esta película, El diablo sobre ruedas (que en el original tiene un título que recuerda al western: “Duel”: Duelo), fue pensada para formato TV, de hecho el telefilme de 16 mm fue emitido por la ABC el 13 de noviembre de 1971. Sin embargo, la brillantez, la intriga, la estética, el tono épico y el pulso narrativo poco visto en TV, catapultaron la obra a la categoría de “buen cine”. Lo cual hizo que este film de un joven Spielberg, una de las mejores óperas primas jamás realizadas, diera el salto a la pantalla grande. En el cine se proyectó en 35 mm en 1973, con la duración ampliada desde 74 hasta 91 minutos. Con el tiempo se ha convertido en un auténtico icono que algunos, entre otros yo, la consideran precursora de la terrorífica cinta Tiburón (1975) del propio Spielberg, que rompió moldes con las películas de terror al uso, y que comentaré a la brevedad en estas páginas. En ambas hay un elemento persecutorio inevadible. En esta que ahora comento es un camión pegajoso y criminal siempre a cola de un pobre conductor de automóvil. En la segunda es un tiburón de enormes proporciones que aparece en el momento más inesperado y con los recursos más insólitos, al modo de un auténtico monstruo rastreador y asesino.

Esta película trata un trepidante relato en el que David Mann (Dennis Weaver), un vendedor de clase media y padre de familia, recorre las largas carreteras del sur norteamericano cerca de la frontera con México, con su coche Plymouth, para reunirse con un cliente importante. En teoría se trata de un trayecto rutinario, tranquilo y sin previsión de incidencias. Pero el bueno de Mann encuentra en su camino, una carretera de doble dirección, un enorme, viejo y oxidado camión cisterna peterbilt 281, que parece llevar algún producto inflamable. Al adelantar Mann el camión, el chófer de éste parece sentirse fastidiado y vuelve a adelantar al automóvil de Mann. De vuelta a adelantar al camión, el misterioso conductor no permitirle rebasarlo, lo cual casi provoca en el automovilista un accidente con un vehículo que viene de frente. Tras varias tomas y daca con este “diablo sobre ruedas”, para su pasmo toma conciencia de que está siendo literalmente perseguido por el monumental artefacto. Esto le hace sentir una fuerte carga de angustia. Su vida está en riesgo. David emprende una atormentada huida y pasa los peores momentos de su vida, pues no hay forma de quitarse de encima al camión que no ceja en su empeño de no perderlo de vista. En un acelerón se estrella cerca de un café, lo cual hace pensar a los presentes que Mann no está en sus cabales. Finalmente, camión y protagonista, al límite de la cordura éste último, se ven enfrentados en una carretera cerrada ante unos acantilados. El desenlace es sorprendente.

Un detalle muy acertado del film es el de no mostrar en ningún momento el rostro del conductor del camión (Cary Loftin), algo que hace aumentar la intriga y la congoja a medida que avanza la cinta. Además, el camión infernal suscita más terror que cualquiera de las modernas criaturas actuales hechas por ordenador que podemos ver en las películas de ciencia ficción.

Estamos frente a una terrorífica “road movie”, basada en una historia de Richard Matheson, que surge a partir de una experiencia personal del famoso escritor y guionista, con un camionero que le persiguió y atosigó hasta que llegó a su casa, un día que volvía de un partido de golf. Richard Matheson es uno de los más importantes escritores de ciencia ficción y de terror, amén de guionista, con un amplio recorrido en el cine.

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El Steven Spielberg de juventud construye una película sin lugar a duda extraordinaria, en torno al recurrente tema del individuo manso perseguido por una fuerza o ser superior peligroso. En psiquiatría se habla de “delirios persecutorios”, cuando un esquizofrénico paranoico siente irracionalmente que es acosado y atenazado por la policía, la CIA, los extraterrestres o cualquier otra ocurrencia o interpretación fantástica de la realidad. Pero no sólo en los cuadros patológicos se da este fenómeno. En ocasiones, ciertas tendencias paranoides más o menos normales disparan en muchas personas esa sensación de ser hostigadas, cuando por ejemplo en la noche caminan por un sendero arbolado en que las sombras se confunden con una persona amenazante, o similares. Y de manera universal ¿quién no ha soñado que es perseguido por un animal, máquina o persona y no puede escapar porque el miedo lo paraliza? De estos sueños, una afamada psicoanalista llamada Melenia Klein decía que en esas pesadillas el que sueña es el perseguido y a la vez el propio perseguidor. Pues ¿quién no se ha sentido perseguido interiormente por pesadumbres, sentimientos de culpa u otras emociones ingratas? Quiero decir, que el film está construido no sólo como una historia rara o una ficción, sino también como una posibilidad psíquica que nos puede ocurrir a cualquiera de nosotros, por eso la película es tan turbadora y tan increíble a nuestro parecer racional, pero a la vez tan sugerente: porque toca la fibra sensible de prácticamente todos nosotros, pero con una iconografía que la hace irreconocible.

El guión es, como antes apunté, de Richard Matheson, basado como ya he dicho en una experiencia real del propio escritor. Es un libreto sencillo, brillante, prácticamente perfecto, y se puede decir que nada sobra ni falta, siendo que en este film sólo hay un coche rojo y un camión oxidado que le persigue toda la película; el resto lo completamos nosotros con nuestros miedos más profundos, porque siempre asusta más lo que no se ve, lo que se sugiere, que lo que se ve. Sus 91 minutos están sembrados de un pánico sordo que atraviesa toda la película. Apenas hay diálogos, apenas hay voz en off, recurso éste tan sólo utilizado puntualmente cuando se hace necesario verbalizar los pensamientos del protagonista, pues por lo demás, todas las sensaciones del protagonista se manifiestan a partir de imágenes, lo cual Spielberg consigue muy acertadamente. La película, con apenas diálogos se centra en la trama, en la continua caza a que se ve sometido David Mann, vertebrado por un libreto escrito y planificado de forma maestra.

Es notable la música cargada de consternación y suspense del compositor neoyorkino Billy Goldenberg que puedes escuchar aquí. Es genial con el añadido de excelente, la fotografía de Jack Marta, con la utilización de hasta siete cámaras en los distintos planos; está la secuencia del bar por el descanso en la que se utiliza el zoom y algunos encuadres realmente geniales. Cinco montadores, montaje casi perfecto, montaje trepidante que provoca que el espectador que se quede casi sin aliento. No hay que olvidar la belleza de los exteriores.

En el reparto, un tanto difuminado pues lo que resalta es la terrorífica historia, todos cumplen perfectamente. Pero conviene resaltar que Dennis Weaver hace un papel brillante como conductor-vendedor indefenso, crispado y a punto de estallar en una crisis de pánico; el segundo protagonista estrella es el camión que Spielberg mueve ágilmente por las carreteras con sus cámaras. Y cumplen perfectamente con sus roles los secundarios Tim Herbert, Lou Frizzell, Jacqueline Scott, Eddie Firestone, Lucille Benson y Gene Dynarski. Todos de forma armónica y que transmiten veracidad a sus roles.

Entre 1971 y 1972 (y otro en 2005) obtuvo los siguientes premios y nominaciones. 1971: Globo de Oro: Nominada a Mejor telefilm. 1972: Premios Emmy: Mejor Edición de sonido; nominada a Mejor fotografía. Premio Saturno en 2005 al mejor lanzamiento en DVD. Habría merecido más.

Esta película es pura carretera, páramo, gasolina, acorralamiento y mucha presión para el corazón; estos únicos ingredientes constituyen un brutal cóctel molotov. Sin digitalizaciones y sin parafernalia. Estos son los elementos de este zozobrante pastel angustioso y aterrador. No tiene giros en el argumento que es monotemático, no hay efectos especiales, un film lineal pero espectacular. Se hizo en poco más de diez días, escaso presupuesto y humildad, pero humildad con grandeza.

De cómo, algo tan aparentemente pequeño, llega a ser tan grande al mismo tiempo. Donde se demuestra que el talento tiene más importancia que los medios. Muy recomendable.

Tráiler aquí: https://www.youtube.com/watch?v=SutDTIhbQ2g.

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