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Omar: una película para quien quiera ver lo que pasa en Palestina

Por Enrique Fernández Lópiz

Esta película trata la figura de un joven panadero palestino de nombre Omar (Adam Bakri), que acostumbra a visitar a su novia secreta, Nadia (Leem Lubani), esquivando balas y escalando el muro vergonzante del territorio ocupado por los hebreos, un muro que divide a pueblos, familias y a personas de una forma que me recuerda, no ya al conocido muro de Berlín, sino a la aleatoriedad y el onirismo del conocido Kafka. Pues bien, ese amor secreto de Omar precisa de sus visitas para mantenerse vivo, para lograr la aceptación de la muchacha y también el acuerdo entre las familias, sobre todo de su amigo y compinche Tarek (Eyad Hourani), hermano de la novia. Sin embargo, como se cuenta en esta dura película, la felicidad es escurridiza y poco a poco se va yendo como un camino –que decía Neruda-. Como apunta Cuellar: “No hay nada más dramático, cruel y arrasador que rozar la felicidad, tocarla con la yema de los dedos y que se te escape, y no de golpe, sino poco a poco, como la arena entre las manos, sin que puedas hacer nada. Ves la vida que pudiste tener y la acabas perdiendo.

Además de esta tragedia, estamos ante una película que nos introduce de pleno en el eterno conflicto palestino-israelí, una cinta, que nos mete en el interior de la geografía y las vidas de los territorios ocupados sin escrúpulo, con valentía y crudeza.

Esta película me ha traído al pensamiento otras como La sal de este mar (2008), de Annemarie Jacir; Inch’allah (2012), del canadiense Anaïs Barbeau-Lavalette (ambas con temas palestinos); o West Beirut (1998) de Ziad Doueiri –aunque en este caso el desarrollo es en Líbano (Beirut)-, y poco más. Apenas conozco el cine palestino, y me parece incluso un imposible metafísico que en las duras condiciones que se viven en la zona, Palestina dé algún avezado cineasta con el suficiente resuello y presupuesto como para hacer una película de principio a fin. Y sin embargo esta obra de Hany Abu-Assad, con un guión de su propia autoría, logra una obra de gran calidad y, cómo no, de enorme actualidad. Buena fotografía del propio Abu-Assad y hay algo curioso: esta película carece de música, lo que da una mayor sensación de angustia y desazón. Así pues, este drama se centra en un joven normal, de la calle, lo que hace que el estilo de vida del personaje Omar, también el de sus amigos, que viven una existencia claustrofóbica, nos resulten próxima, o sea, que empaticemos con ellos, incluidas sus penurias finales teñidas de un evidente y terrible pánico y desesperación.

El reparto se compone de actores desconocidos como Adam Bakri, Leem Lubani, Eyad Hourani, Samer Bisharat o Waleed F. Zuaiter. Son actores aficionados, que hacen gala de una gran seguridad y llenan pantalla en los primeros planos donde se pone de manifiesto su cualidad humana, amén de la representación metafórica del archiconocido conflicto. O sea, el amateurismo de sus protagonistas no es óbice para que llenen de pasión una obra muy meritoria con sólo algunas lagunas sin importancia.

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El currículo de esta película en 2013 es así: Nominada al Oscar a mejor película de habla no inglesa. Festival de Cannes: Premio del Jurado (Sección “Un Certain Regard”); Seminci de Valladolid: Sección oficial a concurso. O sea, tiene sus reconocimientos.

Estamos ante una película desgarradora y fascinante a la vez, cuando seguimos palmo a palmo lo que ocurre dentro de los muros, o cuando Omar está fuera de esa cárcel ignominiosa, de esa prisión complicada incluso en sus fronteras físicas que es Gaza.

Tras sus visitas a su novia, Omar también se encuentra con sus jóvenes amigos, y en una de esas, desde la oscuridad, uno de ellos, Amjad (Samer Bisharat) mata a un soldado israelí. La represalia, como es habitual, no se hace esperar y conllevará la tortura física y psicológica, una tortura tal que sus víctimas acaban rotas, sin voluntad, eliminada su solidez como personas, un castigo al que probablemente nadie puede resistirse. Como protagonista principal en las torturas y en la cárcel está el ladino agente judío Rami (Waleed F. Zuaiter).

Empero, no es un film de buenos y malos, no es propagandístico ni panfletario sino que, como escribe Boyero: “Describe la fragilidad de la voluntad humana ante el chantaje, la traición hacia su propia gente motivada por la necesidad de sobrevivir, el terror o los privilegios que aporta venderse al enemigo. No simplifica las cosas salvando o condenando a los personajes. Es realista y amargo. Hace creíble la interpretación de actores que no parecen profesionales. Te contagian el malestar, el desasosiego y la incertidumbre de los personajes. La realidad debe de ser muy parecida a lo que describe este interesante director.

La película no es, como decía, panfletaria, no hace este filme apología de casi nada, por supuesto no es belicista ni pacifista, sino que se limita a reflejar una cruda realidad. El mismo director Abu-Assad dice que para él es más importante reflejar credibilidad, que la propia realidad de una Palestina ocupada. A mí, el escenario del film, me ha recordado ese término tan ilustrativo de “entornos psicotóxicos”, o sea, lugares cerrados, como Gaza y Cisjordania, espacios donde conviven facciones árabes diversas, pero donde también la policía hebrea intoxica con sus mensajes y engaños, todo lo cual da como resultado una sociedad asfixiante donde nadie se fía de nadie, donde cualquier palestino puede ser acusado de traidor por otras facciones, donde la policía y los servicios de inteligencia israelíes controlan y compran voluntades con chantajes que giran sobre la vida privada: el amor, la amistad o la confianza; donde cualquier persona puede ser dudosa o potencialmente peligrosa. Me han gustado mucho las palabras de Nando Salvá cuando escribe: “Mientras se mueve con gran pericia entre una tierna historia de amor condenado y una intriga capaz de clavarnos las uñas a la espuma de la butaca, en ningún momento pontifica sobre la moralidad o la utilidad del derramamiento de sangre, presentado en cambio casi como una consecuencia natural de una situación corrosiva que envenena a todo aquel que entra en contacto con ella, árabe o israelí, y que se autoperpetúa a través de motivaciones políticas que degeneran en odio ciego, de mentiras y traiciones que destruyen vínculos férreos, y de rabia que animaliza.”

Creo que de entre la complejidad del film cabe destacar dos aspectos muy humanos: el amor y la confianza. Hablemos de ellos.

El director de la cinta Abu-Assad dice, refiriéndose al lado romántico de la película, que existen “dos clases de historias de amor, la trágica y la cómica, y siempre hay dos obstáculos, el interior y el exterior. En la mayoría de historias de amor trágico, los amantes son capaces de vencer los obstáculos exteriores, pero no el interior, la verdadera confianza entre los dos. Cuando se trata de una comedia romántica, los amantes superan todos los obstáculos y acaban juntos. Por desgracia, la realidad del amor suele ser más trágica que la trama de una comedia romántica. En mi historia, Omar cree profundamente en el amor ideal y en la posibilidad de un final al estilo de las comedias románticas, y por eso la película es doblemente trágica.” Y así es efectivamente, pero no desvelaremos nada más, claro, para eso hay que verla.

El otro tema central es la confianza y su importancia en las relaciones humanas. La confianza está en la base del amor, la amistad y la lealtad. Es intangible, puede ser muy fuerte o muy frágil a la vez. En esta película, y en un entorno psicotóxico –como ya he referido- y de mucho recelo, el director de la obra intenta desenmarañar esta experiencia humana de la confianza, sus complejidades e incluso su carácter de espejismo supremo en la existencia del hombre, más aun en el complejo encuadre de los territorios palestinos ocupados.

En fin, estamos ante una película de envergadura, importante en el plano humano y que ilustra lo que vemos en TV y leemos en prensa cada día sobre el conflicto Palestina “versus” Israel. Esta obra nos pone frente a frente con un conflicto de décadas y sin visos de solución, sin aparente solución. Y cómo, además, hay algo implícito en este conflicto, que lo supera y que tiene que ver con esas alianzas e intereses existentes entre potencias en el panorama geopolítico, que nos puede arrastrar a todos a una inopinada escalada de violencia de consecuencias imprevisibles. A Gaza, a Cisjordania y a Israel tendrían que ir un pelotón, más que de soldados o inspectores de la ONU, de psiquiatras y psicólogos sociales, pues estamos ante unas sociedades enfermas y enfermantes psicológicamente hablando.

En resolución, una gran película que no merece las ¡¡DOS!! únicas personas que estábamos en la sala anoche, como si fuera un pase privado. Señores: ¡¡pongan oído, vean y escuchen lo que ocurre en ese lado del mundo donde tanto se juega la humanidad, y no se droguen más de la cuenta con el sexo o la violencia de plástico de Hollywood!! Amén.

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Comentarios

  1. Alberto

    Magnífica película que vi hace unos meses e inmediatamente empecé a recomendar como un poseso.
    No es por encumbrar esos premios pero, para mi gusto, fueron cuatro peliculones los nominados a mejor película extranjera, Omar, La gran belleza, La caza y Alabama Monroe. Y me falta por ver la quinta, The missing picture.
    Buen artículo y mejor recomendación Enrique. Saludos

  2. Pablo

    Hola, me puedes decir donde puedo encontrar esa película?..

  3. grace balaban

    Vi la peli por tv y me cautivo, el desarrollo es mjuy bueno, la fotografia hermosa, y hace bello un espacio fisico asficciante ,en todo momento.
    El final me sorprendio, pero bueno es Ficcion!!!!!!

    • Enrique Fdez. Lópiz

      Bueno, no creo que sea tanta ficción. Saludos

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