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Oda a la locura

Por Jorge Valle

¿Hasta qué punto es importante la propaganda y el marketing que necesita una película para triunfar, tanto en la taquilla como en los premios, independientemente de su calidad? La exitosa campaña de los hermanos Weinstein para llevar a El lado bueno de las cosas a lo más alto de los Óscar creó una aureola de altísimas expectativas entorno a ella que pueden haber arruinado el efecto de una cinta que podría haberse convertido en la sorpresa cinematográficadel año y ha acabado siendo una de las decepciones más sonadas para la crítica.

Presentada desde su estreno en el festival de Toronto como la mejor película del año y una de las grandes favoritas de cara a la temporada de premios, la nueva película de David O. Russell traslada a la gran pantalla la novela de Matthew Quick protagonizada por Pat, un hombre que regresa a casa de sus padres tras pasar ocho meses en un psiquiátrico. Sus brotes de agresividad tras pillar a su mujer con otro hombre le llevaron allí. Su vida dará un giro cuando conozca a Tiffany, una bipolar ninfómana que quedó bastante tocada por la inesperada muerte de su marido. Ella se ofrecerá a ayudarle a recuperar a su mujer si él participa con ella en una competición de baile.

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Aunque muchos la hayan definido como una comedia romántica, El lado bueno de las cosas no cumple casi ninguno de los tópicos que suelen abundar en el género -exceptuando su final feliz y bastante previsible-. Y eso la hace una película muy especial. Aquí no hay violines ni rosas, sino un mundo que se tambalea alrededor de los dos protagonistas. El paso de David O. Russell a la comedia sigue las mismas claves que le hicieron triunfar hace dos años con la notable The Fighter: una dirección cuidada y alejada de lo convencional -excepcional la escena final del baile-, un guión repleto de diálogos rebosantes de originalidad y unas interpretaciones que demuestran que Russell es, ante todo, un excelente director de actores. Y es precisamente este aspecto el que hace que sus títulos destaquen por encima de la media, a pesar de que los mismos no resulten del todo deslumbrantes.

Aunque la atención se centre en dos personajes al borde de la locura, la película muestra a un gran abanico de personajes secundarios supuestamente cuerdos, que son claves para la moraleja que encierra El lado bueno de las cosas. Porque todos ellos parecen estar igual o más locos que Pat o Tiffany, comenzando por los padres del protagonista. Robert de Niro interpreta a un padre maníaco y compulsivo que intenta hacerse rico con las apuestas en el fútbol americano, mientras que Jacki Weaver encarna a una madre sobreprotectora. Si no supiéramos que Pat está enfermo, nos decantaríamos por decir que son ellos los que están realmente locos, al igual que Danny -un estupendo Chris Tucker-, el mejor amigo y su esposa,  o incluso el psiquiatra.

Y es que si hay algo que la película nos quiere dejar claro es que todos padecemos un poco de locura, y es precisamente ese falta de cordura lo que nos hace especiales. Y al final sólo hay que encontrar otro loco que sea capaz de aguantar nuestro desequilibrio. Pero, por encima de todo, nos recuerda que, si no estuviéramos locos, vivir en este mundo perdería el sentido. Un sorprendente Bradley Cooper, maravilloso en cada una de sus escenas, y una Jennifer Lawrence que se come la pantalla cada vez que aparece -atención a su duelo interpretativo con el mejor Robert de Niro de los últimos años, del que sale más que airosa- encarnan a la perfección esta oda a la locura. Gracias al apoyo del otro, juntos hallarán la redención por medio del amor.

El resultado es una película notable sostenida por sus magistrales interpretaciones y con una gratificante moraleja final, elevada por sus productores a una categoría superior que la ha permitido obtener multitud de premios pero también generar una ligera decepción tras su visionado, como si uno esperara encontrarse con una obra maestra. Puede que la sensación que produce El lado bueno de las cosas ahora sea la de una película grande con multitud de defectos, pero quién sabe si dentro de unos años no se la recordará como una película pequeña repleta de virtudes. Como una de las más conmovedoras fábulas sobre el ir aprendiendo a bailar la vida junto a la persona que quieres.

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Comentarios

  1. Alberto Gonzalo

    Gran artículo y muy bien escrito pero no comparto tu opinión acerca de las actuaciones de por otra parte buenos actores, están todos sobrevalorados, la película me pareció una comedia menor, de hecho, pienso que en unos años no se acordará nadie de ella y se cuestionará el óscar tan absoluto de Lawrence, Es gracioso porque se ha publicado en Ojo Crítico una historia sobre la misma película y no coincidimos en nada.. bueno a lo mejor en lo de Harvey Weinstein porque todos sabemos que obra milagros…

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