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Ocho apellidos vascos

Por Enrique Fernández Lópiz

Hacía un día gris, lloviznoso y unos cuantos nubarrones negros flotando en mi ánimo y me dije: ¡Ocho apellidos vascos! ¡Eso me apetece! A ver si la comedia está buena y me río. Esto cuento por un lado.

Por otro lado cuento que estudié en una Universidad donde había una altísima proporción de alumnado vasco; unos más asequibles y otros más de la vascongada profunda; unido todo esto a que mi madre es de apellido Galarraga, de Éibar. Y le uno mis viajes a Vascongadas y, pues, me precio de conocer un poco a los paisanos del norte. De otro lado soy andaluz, de lo más andaluz que hay, y además viví una temporada larga en Sevilla, lo cual que me puedo identificar con el personaje de la peli, a la sazón sevillano.

Y expuestos estos precedentes, paso a comentar esta divertidísima, para mí, comedia española. O si se quiere, comedia romántica, pues tiene de risa y de amores.

La historia trata sobre una especie de señoritingo andaluz de nombre Rafa (Dani Rovira) que siempre vivió en Sevilla y al que le gusta la juerguecita con vino fino, las chicas y, eso sí, ir guapetón y con su pelo engominado a lo pijales. ¡Ah! Y por supuesto, su Real Betis. En una de estas y en una especie de azar confuso pues a la joven aquello no le iba nada de nada, aparece en uno de esos saraos Amaia (Clara Lago), una chica vasca que se resiste a los encantos de nuestro niño bonito y tropieza frontalmente con él en cuanto a su cultura y maneras cómicas. Como quiera que en su precipitada marcha de Sevilla Amaia se haya dejado algunas pertenencias, Rafa decide largarse al País Vasco a conquistar a la linda chica, con el pretexto de devolverle su bolso. Para ello se hace pasar por vasco: imita el acento vasco, toma el nombre de Antxon, se mete a kaleborroco poco menos y a preguntas de otro personaje, que es el padre el de la muchacha (Karra Elejalde), dice tener en su curriculum vascongado ¡ocho apellidos vascos!: Arguiñano, Igartiburu, Erentxun, Gabilondo, Urdangarín, Otegi, Zubizarreta y… Clemente ¡Ay! Clemente no es vasco, le dice el suegro: ¡horror! Y todo ello, acompañado por una genial extremeña que allí habita, viuda de un guardia civil nada menos, interpretada con absoluta inspiración por Carmen Machi.

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Lo primero que digo es que la dirección de Emilio Martínez-Lázaro es genial, sabe narrar con total comicidad el también genial guión escrito por Borja Cobeaga y Diego San José, a lo que hay que añadir una preciosa y muy cuidada fotografía de de Gonzalo F. Berridi, Juan Molina, y la bien elegida música de Fernando Velázquez. El soporte técnico y artístico es, pues, de excelencia. Y voy ahora a las interpretaciones.

Los protagonistas Clara Lago y Dani Rovira hacen un dúo con química, dos personajes dispares, disímiles, de diferentes culturas y que, empero, hacen creíble, ambos, la naturaleza romántica de su idilio. Creo que son dos excelentes actores que aunque ya tienen su historial, seguro que habrá que seguir contando con ellos en nuestro panorama cinematográfico hispano. Ambos hacen sus papeles con maestría y buen tino para la comedia. Además, los guionistas han tenido a bien evitar escenas de sexo explícito o diálogos burdos o groseros. El padre-suegro (Karra Elejalde) está que ni piripintado en su papel de vasco genuino y un tanto brusco; y junto a todos, Carmen Machi que interpreta el papel de viuda extremeña simpática y alegre, que sabe dar aun más frescura al film con una interpretación muy meritoria. Finalmente no olvidamos el “puntito” cómico y saleroso del famoso dúo andaluz formado por Alfonso Sánchez y Alberto López, con un humor muy particular y efectivo. ¿Quién no recuerda la genial película por ellos interpretada El mundo es nuestro (Alfonso Sánchez, 2012), que fue también un punto de nuestra comedia reciente, esta vez en la Sevilla de la Semana Santa en pleno atraco? ¡Geniales el ‘Cabesa’ y el ‘Culebra’!

La película muestra de manera simpática y sin exabrupto alguno, que el diálogo intercultural es más que posible. Dos personajes tópicos cada uno de idiosincrasia vasca y andaluza logran sintonizar entre ellos, y no sólo eso, sino que la misma película ha tenido, como luego referiré, una inusitada aceptación nacional, y en particular en Andalucía y el País Vasco. Y esto se logra con humor, con un humor que tiene chistes afortunados, ingeniosas réplicas, una historia plausible con un nivel medio de comicidad muy por encima del común de la cinematografía española, algo de agradecer. Y como decíamos antes, está como elemento sustancial el guión de Cobeaga y San José (que ya coincidieron en la serie de TV Vaya semanita, 2003, donde tratan igualmente sobre la vida en el País Vasco). Se trata de un guión basado en el chiste con relación a los prejuicios y estereotipos culturales, lo cual conduce la historia a base de equívocos, situaciones tronchantes, escenarios inesperados, capaz todo ello de hacernos reír a carcajadas o como poco, sonreír. Ingenio puede ser la palabra; ya sé que hay quienes critican el ingenio anteponiendo el genio a éste, pero a esos sesudos señores yo les digo que es muy difícil hacer una comedia decente y encima reírte y salir de la sala con un buen sabor de boca.

En el Diario Vasco de 30 de Marzo se puede leer con relación a esta película: «Es ya todo un fenómeno de público, en el País Vasco y en el conjunto de España. Y su onda expansiva resulta impredecible, porque sigue creciendo: el pasado fin de semana la película Ocho apellidos vascos ha logrado un 56% más de espectadores que en el fin de semana anterior, cuando se estrenó. El ‘boom’ sobre esta comedia en torno a las relaciones entre vascos y andaluces aumenta [...] La cinta, que lleva un acumulado de 8,9 millones de euros y más de 1,4 millones de espectadores, ha logrado convertirse en el mejor estreno del año con un promedio de 9.697 euros en las 455 pantallas en las que se exhibe [...]´Es un fenómeno único´, explica Coro Odriozola, gerente de la empresa Sade». «En otros lugares de España se está comparando con lo que ocurrió con el estreno de ‘Lo imposible’, el último gran taquillazo de cine de producción española. Pero la diferencia es que aquí el número de espectadores va ‘in crescendo’ tras el primer golpe inicial. Está funcionando sobre todo el ‘boca a oreja’. La gente se lo pasa bien, aplaude en las salas y anima a sus amigos a que vayan a ver la película».”

En resolución, yo la aconsejo. Sé que no es un film de grandes profundidades intelectuales o motivo de sesudas reflexiones, pero a cambio es fresco, alegre, cómico, efervescente en su tratamiento y desarrollo, con diálogos inspirados, buena dirección, gran guión y un reparto que funciona a pleno rendimiento. Y algo muy importante que apunta el crítico Carlos Marañón: «Ocho apellidos vascos hace más por la convivencia entre gentes que comparten DNI que todos los partidos políticos del Estado en las últimas cuatro o cinco legislaturas.»

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