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Obra maestra del género noir de los setenta

Por Enrique Fernández Lópiz

Jack Carter es un prestigioso asesino a sueldo conocido en toda Gran Bretaña. Cuando se entera que su hermano Frank, con quien tiene sus diferencias, acaba de morir, se dirige a su ciudad natal, New Castle, para asistir al funeral, desoyendo las indicaciones de sus jefes en Londres. En el velatorio no hay nadie y la caja permanece sola. Carter tapa el rostro de su hermano en un extraño gesto y finalmente se sucede el sepelio. Aunque las noticias dicen que ha fallecido de muerte natural, Carter no lo cree y piensa que ha sido asesinado. Entonces empieza a investigar quién puede ser el culpable, a fin de vengarse. Lo que constata en su investigación es un entramado de falsedades, cuya pista le habrá de llevar a una auténtica mafia de corrupción de menores, drogas y otros delitos en los que han involucrado a su sobrina adolescente. Tras esta red se encuentra el auténtico asesino de su hermano. Cuando lo encuentra, le declara la guerra sin cuartel a él y a toda la banda de hampones que le rodean.

Asesino implacable es la Ópera Prima de Mike Hodges, un director que desarrolló toda su carrera en Inglaterra, con algunas películas meritorias como Historias peligrosas, 1972, Réquiem por los que van a morir, 1987, Flash Gordon, 1980, o Croupier, 1998. Pues bien, creo que Hodges lleva a cabo una gran dirección en este su primer largometraje, ofreciendo una mirada muy sutil sobre los criminales del film, y en torno a los escenarios en que se desenvuelven. Es una película cargada de naturalismo, que retrata la maldad humana con una austeridad que deviene fría y nihilista. El guión está excelentemente escrito por el propio Hodges, adaptación de la novela del escritor británico de Manchester Ted Lewis, de título Jak´s Return Home (1970), considerada una de las mejores novelas de crimen británicas; tanto que fue reeditada con el nuevo título del film: Get Carter. Lewis fue, uno de los escritores que fundaron el género negro inglés. Pues bien, el guión resultante es excepcional.

Por empezar, esta película significa un cambio con relación al género negro anterior. Lejos del glamour o el lujo de aquellas películas negras de los cuarenta, cincuenta e incluso sesenta, en que los gánsteres vivían opulentamente en mansiones y lugares excelsos, ostentosos y brillantes, eran ingeniosos y ocurrentes, etc., en esta película anti glamurosa, se retrata un contexto y unos personajes más bien toscos, con escasos recursos a todo nivel y pocas luces; a ello se une un ambiente gris y pobre. Esta cinta inicia un cine de crímenes inmerso en una época a principios de los setenta, que fue el momento turbio en que la droga dura asomó por primera vez su faz más horrible, un tiempo decadente, que Hodges retrata muy bien con paisajes donde predomina el hormigón, el asfalto, la mugre, con días neblinosos, los hipódromos en mal estado, casas empapeladas con papeles de flores y horribles rayas, programas televisados violentos, el desempleo como fruto declinante del esplendor industrial, la bebida a toda hora, las calles oscuras, los bares sucios, rostros curtidos, una ciudad costera de embarcaderos cuarteados con el agua negra, y todo, lleno de hampones puramente horteras dedicados al porno y faltos de higiene. Un panorama, el que dibuja Hodges, sórdido y nada halagüeño ni esperanzador, y mucho menos bonito. Además, el guión refleja el gansterismo del momento, las partidas de cartas a cara de perro, miradas de reojo, el recelo en los rostros y el gatillo fácil.

Además, la historia combina magistralmente sutilezas, cosas que se ven pero no se explican, como debe ocurrir en el cine. Amén de violencia explícita, diálogos memorables y metáforas sexuales contundentes que emanan del “bueno” de Carter.

Hay sin embargo algo que no me gusta del guión. Me refiero a que en ocasiones la historia resulta un poco confusa, pues habla de muchos personajes y puedes acabar por no identificarlos y entonces, puedes perder el hilo. Contra este hándicap, lo mejor es como siempre digo, mantener una atención lo más libre y lo más flotante posible, seguir mirando la película y no hacerse problema, pues al fin, lo importante es el fondo, el trasfondo, más que los protagonistas, excepción hecha de Carter, claro.

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La música de Roy Budd es magnífica, mezcla de la oscura psicodelia del movimiento Northen Soul del norte inglés de los setenta, con una hipnótica melodía que suena al principio y al final; y acompaña a la perfección la fotografía oscura de Wolfgang Suschitzky.

En el año 2000 se hizo un remake con Stallone como protagonista, dirigida por Stephen T. Kay, película que no hay que confundir con esta que ahora comento, pues la de Kay es horrorosa, tanto que cuenta en su haber con dos nominaciones a los Premios Razzie: peor actor (Stallone) y peor remake.

En esta película el reparto se personifica por encima del resto de actores en el ya mítico Michael Caine, que interpreta al personaje de Jack Carter, un individuo atractivo y odioso a partes iguales, además de elegante, dotado de un negro sentido del humor y extremadamente cruel y despiadado. Su semblante hierático alberga un potencial de peligro que Caine sabe transmitir. Justamente este perfil ilustra el giro cínico y ultrarrealista que dieron las películas de gánsteres a finales de los años sesenta y principios de los setenta. Y Caine lo hace a la perfección, contenido hasta el punto que parece importarle un bledo cuanto ocurre a su alrededor, permaneciendo ajeno a cualquier emoción, salvo cuando emerge con fuerza la ferocidad del personaje. Al lado de Caine destaca un magnífico Ian Hendri como sicario escondido tras sus gafas oscuras; en 1971, en los Premios BAFTA, Hendri fue nominado a mejor actor secundario. Y el resto del extenso reparto tiene las siempre buenas trazas de las interpretaciones propias del mundo anglosajón con artistas como Britt Ekland, John Osborne, Tony Beckley, George Sewell, Geraldine Moffat, Dorothy White, Rosemarie Dunham, Petra Markham, Alum Armstrong, Bryan Mosley, Glynn Edwards, Bernard Hepton, Terence Rigby, John Hussey, Ben Aris, Kitty Atwood, Denea Wilde, Geraldine Sherman, Joy Merlyn, Yvonne Michaels, Alan Hockey y Karl Howard. Buena conjunción y acierto en el casting.

Como escribiera Marinero: “Brillante, a fuerza de sombrío, debut de Mike Hodges, con imágenes sorprendentes“. Pues sí, a mí me ha gustado mucho esta sórdida película que tiene un Carter-Caine de lujo, que aparece con una fachada inicial sofisticada, de gentleman londinense, modales finos, educado, incluso afectado, con trajes de esmerado corte que, empero, con el transcurrir de la cinta va dejando traslucir el lado terrible de su genuino ser lascivo, su instinto asesino, sus modales groseros; un sujeto de naturaleza violenta cuya sed de venganza y lujuria va in crescendo, con mujeres zafias y vulgares e incluso repugnantes, como la dueña de la pensión donde se alberga.

Podría decirse que es una cinta muy cool, desde el punto de vista más etimológico del término: la frialdad del personaje. Cartes es la encarnación viva del concepto de antihéroe, pues el personaje nada tiene de tal; no alberga en nada sentimientos bondadosos como los genuinos héroes. Jack Carter está motivado meramente por la violencia de su propia naturaleza. No tiene familia ni lazos de amor con las mujeres a las que meramente utiliza y tira; ni siquiera tenía lazos afectuosos con su hermano, salvo la única forma de amor fraternal de la que es capaz: matar a sus asesinos. Si acaso su sobrina sí le merece alguna consideración –de hecho ella precipita en gran medida los acontecimientos-, aunque el único detalle que tiene con la joven es ofrecerle unos billetes, la única manifestación de cariño que conoce. Estamos ante una película brutal y amoral, una masterpiece, una obra maestra del género en su momento… y aun hoy.

Al final, dentro de este encuadre ignominioso, duro y mórbido lo que va a ocurrir es lo que ya se anticipa: una explosión de violencia donde los personajes caen uno tras otro, lo cual que parecía inevitable que pasase. Finalmente, el film cierra de forma sobria, desoladora y gélida como la propia muerte.

La recomiendo sin dudar. Si te gusta el cine, y si lo que te gusta es el cine negro, este film es imperdible para ti.

Tráiler aquí: https://www.youtube.com/watch?v=kV4XrUDBlfM.

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Comentarios

  1. Cinepata

    Excelente crítica de una película que me encanta. Un film con toques de naturalismo muy realista y violenta. El director de fotografía Wolfgang Suschitzky lleva a cabo una excelente labor utilizando solamente fuentes naturales para iluminar todo el film para añadir peso a la sensación de realismo absoluto presente durante todo el filme.

  2. Enrique Fernández Lópiz

    Me alegra te guste la crítica y la peli. Un abrazo

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