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Nunca lo explícito había transmitido tanto

Por Manuel G. Mata

Soy muy fan del cine francés, lo considero un cine valiente, que no se arruga, que es capaz de contar historias que a veces pecan de explícitas, pero que pecan con bastante elegancia y con un estilo que ningún cine del mundo es capaz de expresar. La vie d’Adèle – Chapitre 1 & 2 es un claro ejemplo de ello.

El realizador Abdellatif Kechiche consigue hacer de esta cinta uno de los ejercicios cinematográficos más impactantes, viscerales y hermosos de los últimos años, su título no tiene nada que despreciarle a cintas francesas muy aclamadas tales como Un profeta o The Artist, por citar sólo a algunas de ellas.

Pese a su larga duración, lo cierto es que la producción nunca se viene abajo, ya que tiene una fuerza muy atractiva desde que comienza hasta que termina. La película nos narra el camino en el que se aventura Adèle, una chica casi entrada en los 18 años que comienza a descubrir su sexualidad, buscando su verdadera identidad, lo que no sabemos -y lo que no sabe tampoco nuestra joven e inocente protagonista- es que el camino está lleno de cosas hermosas, pero tan hermosas que a veces pueden doler.

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El peso de la cinta lo carga a sus espaldas la sorprendente y jovencísima Adèle Exarchopoulos, que con apenas 20 años recién cumplidos nos brinda una interpretación digna de ser recordada durante años; probablemente la mejor interpretación femenina del año a nivel internacional, interpretación a la que sólo le puede hacer sombra su compañera de reparto Léa Seydoux. Ambas consiguen crear una atmósfera sorprendente, consiguen que captemos sin tapujos la química que surge entre sus personajes. La cinta cuenta con varias escenas explícitas, subidas de tono, que no sólo alcanzan el súmmum del erotismo, sino que llegan a traspasarlo, en estas escenas se mezclan de una manera muy veraz todas las sensaciones que siente un ser humano cuando tiene relaciones sexuales, por una parte nuestro lado más humano busca el respeto y el amor en la persona con la que está compartiendo un momento tan íntimo pero, por el otro, nuestra parte más instintiva, la que busca el deseo, la pasión y la lujuria; consigue a veces medirse en un duelo muy muy igualado, que las dos actrices consiguen transmitir a la perfección. Este pulso entre amor y sexo está muy presente en todas las escenas, mención especial a la escena de la cafetería, un claro ejemplo de cómo a veces el sexo es capaz de derrumbar las barreras que crea el amor, de cómo a veces nuestro instinto de deseo es capaz de vencer a la razón.

Pese al rechazo que puede suponer por una gran parte de la audiencia la película, tanto por la temática como por las escenas en las que los senos, la saliva y los fluidos invaden la pantalla, lo cierto es que La vida de Adèle está contada con mucha elegancia, si conseguimos ver más allá, si leemos entre líneas, si nos centramos en lo que nos aporta la pareja protagonista, podremos ver una historia de amor muy completa -con sus subidones y sus bajones-, una historia en la que reina la ilusión y el amor, pero en la que también reina la soledad, las dudas y la sensación de andar perdido; y esta historia tiene un carácter tan universal que es imposible no verse reflejado en alguno de los personajes, pues el amor no entiende de sexos.

En definitiva, La vida de Adèle es un gran ejercicio cinematográfico, que cuenta con un muy buen reparto (el equipo secundario, pese a su escasa aportación, consigue mantener el ritmo cuando entra en cuadro) y, sobre todo, con una historia con mucha fuerza, el guión rebosa momentazos y muchos guiños culturales que a más de uno le gustarán. Que no os eche para atrás ni la temática ni la duración del metraje, merece la pena verla. Muy buena película y, sobre todo, una interpretación de la joven perla francesa descomunal.

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Comentarios

  1. Delatte

    Pues sinceramente, para que se hagan películas lésbicas como ésta prefiero que no se haga ninguna… Mucho decir que visibilizan y normalizan pero parece que nadie ve que en realidad estamos en lo de siempre: las relaciones entre mujeres se convierten en objetos de morbo masculino y en escenitas degradantes de tetas y coños antes que en cualquier otra cosa, y eso es más un retroceso que un avance. Las propias lesbianas somos tan críticas con esta película precisamente porque nos vemos reducidas a una fantasía absurda de un hombre heterosexual, posturas ridículas y una actitud como de “vosotras tocaos hasta la extenuación que yo filmo”. Teniendo una historia tan maravillosa como la que tenía, con un temazo a desarrollar, un punto de partida estupendo en la obra original para trabajarlo y unas actrices entregadas y convincentes para darle vida, Kechiche ha malgastado sus 180 minutos de película en tijeras cunnilingus. A “La Vida de Adèle” le falta verdad y le sobran erecciones. En su cómic, Julie Maroh quiere dar visibilidad a las dificultades con las que se encuentra un adolescente durante el proceso de aceptación de su diversidad sexual, además de presentar una historia de amor excelente, bien cuidada, respetuosa, estética. Pero la prioridad de Abdellatif Kechiche ha sido ejercer de dictador. Él quería sostener la lupa como un voyeur dándose el lujo de exigir todas sus fantasías desde el lugar más privilegiado. No nos extrañe pues que Maroh haya denominado a esta película “pornografía para mentes masculinas”.
    Y conste que en ningún momento se discute sobre no mostrar sexo en la película, de hecho es necesario y está justificado que se muestre, pero no ASÍ. El problema no es con el sexo explícito siempre que esté justificado y bien presentado, como por ejemplo sucede en el cómic. El problema es cuando se ha decidido mostrar una escena sexual larguísima con el único propósito de crear morbo gratuito y polémica. Podía haber sido una escena de sexo rodada con respeto, buen gusto, erotismo y sensibilidad y no quedarse en el puro morbo de un director tiránico que parece regodearse en las tijeras y el cunnilingus mientras filma para después querer tomar al espectador por tonto, hacerse el ingenuo y pretender venderlo como otra cosa. Eso es lo indignante. Más que una relación sincera y realista entre dos mujeres parece una fantasía pornográfica bastante tópica (e incluso ridícula por determinadas posturas) de un hombre heterosexual y obsesivo.
    Por ejemplo, una película como Nymphomaniac es bastante más honesta que ésta en cuanto a propósitos y objetivos, ya que no miente al presentarse a sí misma: “FORGET LOVE” es su frase de presentación y en ningún momento reniega de sus escenas pornográficas o de sexo explícito. Pero Kechiche hace todo lo contrario, muy hipócritamente: rueda escenas claramente pornográficas y de bastante mal gusto y nos las quiere hacer tragar no sólo como necesarias sino como demostración de la pasión más auténtica. Pues por eso yo no paso, lo siento mucho, no quiero que se me tome por idiota. Lo que ha rodado este hombre es porno, se ha recreado en él y en las actrices y ha querido hacerlo así para llenar más salas, crear más audiencia y alimentar más morbo (sobre todo el masculino).
    Si habéis leído el cómic (que os recomiendo para que veais por vosotras mismas la diferencia), comprobaréis que las escenas de sexo no tienen nada que ver. Son explícitas, sí, pero no se recrean injustificadamente ni ofrecen morbo gratuito no resultan tópicas o insultantes. Son naturales, sugerentes y estéticas. En la película no veo más que tetas bamboleantes y posturas ridículas propias de un vídeo de Youporn.
    Creo que estas escenas causan tanta indignación porque en ellas el director está lejos de ser ingenuo o esteta al haberlas rodado, sino morboso. Ni las lesbianas practicamos tan frecuentemente las tijeras (de hecho es una postura poco común y que está más presente en las fantasías heteros que en nuestras prácticas reales) ni desde luego tampoco follamos así la primera vez, como dos actrices porno que ya lo supieran hacer todo. No seamos inocentes, por favor: nuestra indignación radica en el hecho de que la mirada de este director es bastante hipócrita, porque nos quiere vender unas escenas sexuales supuestamente filmadas con realismo, belleza y sensibilidad cuando lo que vemos es pura recreación pornográfica con fines comerciales. El sexo lésbico vende, y eso el director lo sabía y por eso lo ha explotado, por eso todas las justificaciones de estas escenas nos parecen cuentos y engaños bastante perversos. De ahí nuestra indignación. Aunque quizá es difícil de comprender por el colectivo ajeno a las lesbianas… es como si hubieran cogido algo importante o valioso para nosotras y lo hubieran pervertido y convertido en algo barato y ofensivo, algo que sirviera para que el público se excitara y se regodeara vulgarmente. Nuestra indignación viene de que se haya manipulado y ninguneado el sexo lésbico por parte de un director heterosexual, y en esto tengo que darle la razón a la autora del cómic: ¿tanto habría costado contar con la opinión de alguna lesbiana durante el rodaje?
    Quizá no haya sido tu caso, no lo pongo en duda, pero creo que muchos tíos han visto la peli sólo buscando las escenas porno, es más, esas escenas ya aparecen insertadas desgraciadamente en muchas páginas porno de internet o incluso el vídeo entero de 10 minutos se puede encontrar fácilmente si se quiere ver porno lésbico. Es triste vernos reducidas en esas escenas a lo de siempre: meros objetos sexuales para el placer masculino, y más triste aún es que un director de cine, sabiéndolo, se haya aprovechado de ello para sacarle partido, y encima luego lo niegue y diga que no, que su película va más allá del porno y que era necesario mostrar tijeras y todo tipo de posturas para justificar la pasión. A mí me indigna mucho este argumento. Y también el de muchos críticos que intentan justificarlo y defenderlo. Yo veo puro y gratuito morbo, en lo lo demás la historia no destaca por nada, no cuenta nada especial. Si sustituimos a una de las chicas por un chico, la película habría pasado completamente desapercibida. ¿Por qué se supone que la interpretación que hace Adéle “Echopolvos” es tan “increíble” y luego se quiere defender que no es una historia de amor entre dos mujeres sino una historia de amor universal? Es contradictorio, porque hay muchas películas de amor con interpretaciones que no tienen por qué ser increíbles, y se supone que la de esta chica sólo lo es por hacer de lesbiana… ¿no se supone que es una historia de amor como las heterosexuales? Os contradecís los que la defendéis. Yo no veo que esta película fomente la igualdad, más bien todo lo contrario: hace las relaciones entre mujeres objetos de morbo. Precisamente se ha hablado tanto de ella por ser dos mujeres, probad a cambiar a una de ellas por un chico a ver con qué os quedáis… pues con una historia de lo más normal y corriente, nada de amor extraordinario. Han puesto a dos chicas para dar morbo y punto. Y para ver el ascenso y degradación de una pareja me quedo antes con películas como “Blue valentine” o “Revolutionary Road”, que son mucho más profundas y las interpretaciones de sus protagonistas muchísimo más ricas en matices. De modo que no nos hagamos los suecos. Cuando una película se estrena, el principal reclamo es necesariamente el director, los actores, la calidad de la misma o la recaudación obtenida en otros países. Nada de eso concurre en el caso de esta película, puesto que todos sabemos muy bien cuál ha sido el reclamo: la temática lésbica y las escenas de sexo, y así lo han aireado en todos los periódicos, artículos y críticas. Afirmar que la importancia o el éxito de “La vida de Adèle” se debe a otros motivos es cuando menos de hipócritas.

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