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No se reparó en gastos

Por Javier Fernández López

Con motivo del reestreno de Jurassic Park este mismo verano, me animo a escribir este artículo para expresar todo mi aprecio a esta película. Ha llegado en 3D después de pasar por el mismo proceso que Titanic. No se puede exigir el mismo resultado que vimos en Avatar puesto que se trata de postproducción y la película se filmó pensando en el tradicional 2D. Aun así, el simple hecho de ver de nuevo esta obra de arte en la gran pantalla es motivo de sobra para pagar una costosa entrada en 3D. Porque un servidor no ha ido por curiosear cómo es el film en tres dimensiones, ha ido al cine porque por entonces, en 1993, no tuvo la oportunidad de verla como merece ser vista: en la pantalla grande.

Steven Spielberg es un genio, eso lo sabemos todos. Pese a que cuenta en su filmografía con algún estropicio, es mundialmente conocido por ser el director que todo lo convierte en oro. Él convirtió esta película en un fenómeno de masas. De Jurassic Park vino toda esa “dinofiebre”. Incluso se encargó de producir, junto a Robert Zemeckis, una joya del cine de animación: En busca del valle encantado. También cabe mencionar otra película de animación de 1993, también producida por él: Rex, un dinosaurio en Nueva York. Había dinosaurios por todas partes.

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«Lo ha logrado… ese loco hijo de puta lo ha logrado.» ¿En qué género se encuentra Jurassic Park? Lo cierto es que difícilmente se encuadrará en un solo género. Hay aventura, hay terror, hay ciencia-ficción, hay suspense,… La película se mueve por terrenos infantiles, quiere agradar a todo el público, por lo que no hay exceso de sangre ni escenas demasiados fuertes. Los niños disfrutan esta película. El público más adulto, por su parte, verá una historia de ambición. El hombre juega a ser Dios intentando devolver a la vida unas criaturas majestuosas. De ellas sólo sabíamos por los huesos fosilizados encontrados en las rocas. Un grupo de hombres, liderados por un ambicioso millonario, hará uso de la auténtica magia, la ciencia, y devolverán a la vida unos animales con la misión de devorar nuestros ojos y hacer que estemos pegados al asiento.

Así, Spielberg presenta una de sus obras maestras. Porque sólo él nos puede regalar un plano tan magnífico como ver a un Tiranosaurio-Rex soltando su característico grito mientras cae una cinta con la magnífica frase «cuando los dinosaurios dominaban la tierra». Todo acompañado de una maravillosa y bella banda sonora compuesta por el maestro John Williams, fiel a trabajar con Spielberg en sus películas.

Luego, una gran parte de la película es su toque científico. Aunque pueda estar llena de incoherencias, lo cierto es que despierta en el espectador las ganas de aprender, saber más sobre temas de biología, paleontología y otros temas de ámbito científico. Y esto se debe a una presentación con un ritmo excelente y con unos diálogos bien construidos, tanto que hasta los más pequeños cazarán muchas de las ideas de la película, como el hecho de que usan ADN de rana para completar los huecos en la secuencia de ADN de dinosaurio.

Seguidamente, es el turno de las clases de filosofía. Ian Malcolm no está de acuerdo con lo que está viendo, y no cree que toda esa parafernalia pueda llevarse como Hammond y sus científicos pretenden: “La vida se abre camino”.

Después, la cinta añade un elemento más: dos niños, nietos de John Hammond, que acompañarán a nuestros protagonistas durante la visita al parque. Este par de personajes tienen en la cinta las dos escenas más tensas, Spielberg sabe que un par de niños en una situación límite toca el corazón, así que los pone en las circunstancias más adversas posibles. La escena del ataque del Tiranosaurio-Rex y la escena de la cocina con la pareja de velociraptores son pura adrenalina.

Dos horas de metraje, al final obtuvo tres Óscar, aunque quizá fue algo insultante que John Williams no se llevara la estatuilla por su trabajo. La cinta merece más de un visionado, aunque haya una parte de los cinéfilos que la vean como un título simple. Sin embargo, esto es puro cine, una muestra de que entretenimiento y arte pueden ir de la mano para ofrecer una estupenda película que no aburre. En cualquier maratón de ciencia-ficción debe estar incluida Jurassic Park, incluso su secuela, que no es tan mala como cierto público afirma.

Dicho todo esto, ¿por qué es tan buena Jurassic Park? Con unos primeros minutos inquietantes, Spielberg nos presenta el nivel de tensión que va a tener la película. Comienzo fuerte y dramático, únicamente nos muestra pequeños detalles de una de las criaturas. Porque la clave es hacernos esperar un poco más. Richard Attenborough interpreta al multimillonario John Hammond, quien quiere llevar a unos científicos a una isla, en la que les tiene preparada una sorpresa inolvidable. Sam Neil, Laura Dern y Jeff Goldblum interpretan a los tres científicos que se encargarán de avalar el ambicioso proyecto de Hammond. Se van presentando los personajes y ya nos va cayendo bien más de uno, sobre todo el personaje de Goldblum: Ian Malcolm. Científico especialista en la teoría del caos, será el encargado de aportarle al film el toque filosófico e irónico que hará a la obra aún más grande. Llegados al parque y montados en los coches, llegan finalmente a su destino. Sam Neil mira con estupefacción, asombro, miedo, algo que aún no podemos ver. Entonces, después de hacer que se levante Laura Dern al estar ésta entretenida, miran ambos a la grandeza misma: un dinosaurio. Concretamente, un brachiosaurus que hará que nuestro corazón se estremezca de la misma manera que lo hace el suelo que pisa la criatura. Magnífico, sublime.

Sí, es cierto, científicamente la película ha sido criticada varias veces. Recientemente, se ha demostrado que la premisa de la película es totalmente falsa. Joe Conlon, un entomólogo, ha afirmado que jamás podría darse el argumento de la película en la vida real, no porque no se puedan clonar dinosaurios a través de la sangre de un mosquito, sino porque precisamente, y es lo gracioso, el mosquito utilizado en la película es de los pocos mosquitos que no se alimentan de sangre. ¿No es irónico? De todos los mosquitos que hay en el mundo, escogieron el menos acertado. También se ha dicho en más de una ocasión que es prácticamente imposible obtener el ADN de una especie completamente habiendo pasado tanto tiempo, concretamente más de 60 millones de años.

Otro tema que creó controversia es uno de los grandes protagonistas de la película: el velociraptor. Carnívoro, cazador, de unos dos metros de altura… Las cosas claras, Spielberg quería algo parecido al xenomorfo de la saga Alien. Una criatura capaz de crear miedo en el espectador, fría, calculadora y lo que es peor, con capacidad de aprendizaje. La escena de la cocina es una genialidad, mantiene el nivel idóneo de comicidad y tensión. En serio, si dos bichejos así están en la misma habitación que vosotros y no veis salida alguna, ¿en qué estado estaría vuestro corazón? Por supuesto, todo esto se consigue gracias a una impecable forma de filmar. Cada plano es una delicia, la cámara está bien posicionada. Está demostrado que el velociraptor como tal no era así, era de un tamaño más pequeño, alrededor de un metro, y con plumaje en ciertas partes del cuerpo, mientras que Spielberg diseñó una criatura escamosa, recta e imponente. Pero esto es cine amigos, y nuestro querido director tuvo la idea de colocar a un enemigo visceral y mortífero, cómico incluso, y ello requiere de un aspecto, de una estética que va más allá de la realidad.

Sucede lo mismo con el propio título de la película. Jurassic Park no es “jurassic”, sino “cretacic”. Los dinosaurios que aparecen en la película son del periodo cretácico, no del jurásico, pero seamos sinceros, ¿qué título impone más? Al final, todos esos “errores” quedan en nada. La magia de la película reside en creerte lo que te están contando, sin necesidad de irte a los libros. El cine no necesita de fuentes académicas para contar historias.

En definitiva, una joya de la ciencia-ficción. Personalmente, hubiese añadido alguna que otra escena más dura y con algo de sangre de por medio, pero Spielberg quería agradar a todos y ya sabemos que el afamado director prefiere más lo simpático que la crudeza, aunque no por ello deja de ser un maestro del drama. Una magnífica película, una hermosa banda sonora y dinosaurios. ¿Qué más se puede pedir?

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