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Need For Speed: Pinkman

Por Javier Fernández López

Nueva adaptación de un videojuego a la gran pantalla, esta vez le toca el turno a la popular franquicia de conducción arcade Need For Speed, cuya película homónima viene apadrinada por uno de los protagonistas de una de las mejores series de la historia, Breaking Bad. Hablamos, en este caso, de Aaron Paul (La última casa a la izquierda), quien después de acabar la serie está aceptando diversos proyectos bastante curiosos, aunque el caso de la cinta Need For Speed no lo sea tanto por él mismo, sino por lo increíble que puede resultar adaptar un videojuego que, en su mayoría, carecía de una historia que pudiese tener la suficiente “potencia” como para ser llevada al cine.

Los guionistas George Gatins, John Gatins y George Nolfi se las han ingeniado para crear una historia simple cuya mayor virtud está en que, intentando ser lo más fiel posible al concepto de la franquicia, el mayor tiempo de la película la acción transcurre dentro de un coche; algunos de estos vehículos son incluso viejos conocidos de la saga. La policía incluso funciona como un elemento similar, un obstáculo que los corredores deben ir esquivando.

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Más allá de eso, no hay mucho más que decir. Aaron Paul no puede dar más de sí, porque no se puede sacar más. El personaje que interpreta Michael Keaton (Robocop) confirma su pobre racha en el cine, casi desaparecido y sin papeles de importancia. Imogen Poots, que tuvo un pequeño papel en V de Vendetta, le sacará a más de unos de sus casillas con esos primeros planos y esos diálogos sacados de una teleserie de tarde de muy bajo presupuesto, mientras que Dominic Cooper (Capitán América: El primer vengador) no deja claro su lugar en la película pese a ser el villano de la misma. El que se puede llevar todos los elogios es el actor y cantante Scott Mescudi, papel “facilón” pero que tiene la suficiente garra como para divertir al espectador y entretenerlo para que tanta carrera no resulte demasiado monótona.

La fotografía no llama demasiado la atención, los planos están muy vistos y la banda sonora tampoco ayuda a que la película logre marcarse algún tanto. Sin embargo, su mayor virtud más allá del número de carreras y de acción al volante es que logra diferenciarse lo suficiente de películas como A todo gas o RPM, a costa, claro, de una historia simplona y prácticamente vacía.

En conclusión, si son amantes de los vehículos y las carreras pueden disfrutar de la película. Que sea una adaptación de un videojuego no significa que los amantes del videojuego vayan a disfrutarla, ojo. Pero pueden pasar un rato, como máximo, entretenido. Saludos y disfruten.

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